'El gran Gatsby', entre el ruido y el susurro

'El gran Gatsby', entre el ruido y el susurro

Mayo 28, 2013 - 12:00 a.m. Por:

Tras abrir el Festival de Cannes, ‘El gran Gatsby’ ha recibido, en la misma intensidad, el ataque de la crítica que no le perdona a Lurhmann la insolencia de asumir un clásico como mejor le viene y el apoyo de un público menos purista que sabe divertirse.

La libertad creativa con la que un director asuma su obra siempre podrá ser puesta en entredicho cuando de explorar un texto clásico se trate. Cuando pruebe y en su aventura, se proponga combinar estilos, épocas y tendencias. Cuando intente ser consecuente con él mismo y se arriesgue a hacer lo que en realidad quiere sin pensar mucho en lo que dirá la crítica. Por eso es libre, porque crea y se divierte sin importar en los demás y por eso mismo es que resulta incómoda para los demás que ante la valentía no pueden evitar sentirse agredidos y molestos por tamaña insolencia. Algo así puede sucederle a Baz Lurhmann, un director australiano que sabe tomarse con libertad y audacia su oficio de hacer películas adaptadas. Él, que en 1996 se propuso realizar una versión de Romeo y Julieta, encontrando en México DF a su Verona y en el rock, las coreografías y las pandillas motorizadas en carros convertibles su mejor manera. La cinta, que tuvo por nombre ‘Romeo + Julieta’, combinaba ciertas excentricidades estéticas, más parecidas a la mafia italiana, con los versos originales de Shakespeare y tenía a un Leonardo DiCaprio joven en el papel de Romeo. La obra, por supuesto, encontró de inmediato la aceptación de algunos, quienes vieron en tanta osadía la propuesta de un director que hacía algo que le venía bastante bien. No fue sin embargo la reacción de todos. Algunos no pudieron perdonar tanto exceso creativo y empezaron desde entonces a señalar que si le gustaban tanto los bailes y los cantos, Lurhmann debería dedicarse más bien a los musicales. El australiano les tomó la palabra, no porque pensara que tuvieran razón sino más bien por darse el gusto de hacerlos como ninguno otro. En 2001, vino ‘Moulin Rouge’ protagonizada por Nicole Kidmann y Ewan Mcgregor como protagonistas. La película ganó sus dos Oscar, el reglamentario de mejor musical y el de mejor actriz. Esto, sin embargo, no bastó para que sus viejos detractores dejaran de mantenerlo entre ojos. Pero qué mas da...Han pasado quince años desde aquel ‘Romeo + Julieta’ y Leonardo DiCaprio se ha convertido en un actor probado y moldeado por la mano de diferentes directores como Martin Scorsese con quien hizo ‘Pandillas de New York’, ‘El Aviador’, ‘Infiltrados’ y ‘La isla Siniestra’, Sam Mendes en ‘Revolutionary Road’ y Christopher Nolan en ‘El origen’, por solo mencionar algunos. Quince años en los que ha empezado a convertirse también en productor y que le dan el privilegio de escoger, entre muchos, el proyecto al que quiere dedicarse. Entonces Lurhmann se cruzó de nuevo en su camino para ofrecerle el papel del personaje, que según el mismo DiCaprio, ha sido el más importante de su vida. La adaptación de la novela escrita por F. Scott Fitzgerard fue asumida por el australiano y otro guionista y se convirtió en un verdadero reto. Sobre todo considerando que en 1974 la misma ya se había convertido en un éxito escrito por Francis Ford Coppola y teniendo a Robert Redford y Mia Farrow. Era pues una apuesta alta la que se hacía Lurhmann al traer de nuevo a la vida a uno de los personajes más complejos y emblemáticos de cine clásico. Pero si ya lo había hecho con Shakespeare y con Moulin Rouge… ¡Qué tanto era!. Así que se arriesgó, sabiendo, eso sí, que estaría entre los ojos de la crítica que bien podrían darle sus palmas o sus abucheos. Sucedió lo segundo aunque la taquilla diga otra cosaAl ver esta nueva versión de ‘El gran Gatsby’ nos encontramos con una propuesta que, de lejos, tiene la firma de un director al que le vienen bien los musicales y las grandes puestas en escena. Partiendo desde la escritura del guión, Luhrmann vuela libre sobre las páginas del best seller y construye un relato en la que se esgrimen personajes y tramas que captan la atención del espectador desde sus primeras secuencias. No deja de molestar, sin embargo, la presencia de Tobey Maguire en el papel de Nick Carraway, el amigo de Gatsby, que nos introduce en su mundo y nos narra la historia. Al parecer Maguire no ha logrado desprenderse de su asustadísima cara de Spiderman, una extraña mezcla entre bobo, desubicado, tibio e insípido. Y ahora recluido en un hospital psiquiátrico, tal vez por accidente porque cara de loco no tiene, desde donde narra el mejor momento de su vida. Esto y la escogencia de los textos, así como la introducción de su voz en off a lo largo de la película, no son los mejores. Tampoco termina de ser muy acertada la aparición de frases y palabras flotantes en la pantalla que intentan reforzar más las ideas. Como contrapunto al insipiente Maguire encontramos a los grandes Dicaprio y a Carey Mulligan en el papel de Daisy Buchanan que protagonizan un romance apasionado y contenido, inasible. Donde el enamorado es solo uno y en su amor se consume, frente a los ojos de una sociedad a la que le resulta ajeno y anónimo, misterioso y señalado. Entonces por ratos ‘El gran Gastby’ empieza a perder ritmo y se torna pesada, espesa. Un poco más de dolor no hubiera estado de más… Asumir con la misma pasión la tristeza y la desolación de un hombre que lo tuvo todo menos al amor de su vida.Es allí, en esos momentos íntimos en que Luhrmann luce un tanto tímido por no decir incómodo. Él parece moverse a la perfección entre el ruido, la música y los excesos… el silencio sin embargo parece resultarle ajeno. La poca exploración interna de los personajes se siente y anhela porque la serpentina y la pirotecnia no pueden sostenerlo todo.

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