El fotógrafo caleño que sobrevivió al Estado Islámico

Enero 22, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Yefferson Ospina | Reportero de Gaceta
El fotógrafo caleño que sobrevivió al Estado Islámico

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Su padre, de algún modo, lo salvó. Era abril de 2013 y  él realizaba su tercer viaje enviado por la agencia de prensa francesa AFP a cubrir la guerra civil siria. Había visitado Lataquia, en el oeste de ese país y aquella vez estaba en Azaz, cerca de la frontera turca. Debía permanecer durante dos semanas, atestiguar la guerra, hacer las imágenes, enviarlas y, sobre todo, debía regresar vivo. Sobre todo eso, regresar. Pero en algún lugar desértico en el que se detuvo junto a su intérprete y a su conductor para hacer la foto de un musulmán sobre un Chevrolet de los años 50, dos hombres los detuvieron. Estaban armados, llevaban grandes barbas y usaban unas especies de batas negras hasta los tobillos. 

- ¿Qué pasa, Salem? - le preguntó a su guía mientras era llevado por los dos hombres. 

- Nada. No te preocupes, dicen que es una operación de rutina -le respondió él en inglés.

Entonces fue llevado a un edificio maltrecho, fue despojado de sus cámaras y fue conducido hasta un pequeño salón en el que lo esperaban tres hombres, uno de ellos vestido de blanco, quizá con no más de 45 años, y los otros dos armados con fusiles Kalashnikov. Frente a él, sobre la pared sucia, una bandera negra con inscripciones blancas en árabe. Él la conocía, era la bandera del Estado Islámico. 

[[nid:611451;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2017/01/m_medina_5.jpg;left;{Miguel Medina / Especial para El País}]]

Tuvo miedo. No sabía muy bien qué debía decir, qué debía hacer y la única posibilidad que se le presentaba era la muerte. El hombre de blanco se sentó a su lado y le habló en un francés perfecto, con el acento de quienes viven en el norte de África. Hablaron de Dostoyevski, de Faulkner, de literatura. El hombre también le ofreción un té que bebieron antes de que le  preguntara: 

- ¿Has leído la Biblia?

- Sí. La he leído, no toda, pero he leído cosas...

- ¿Y el Corán?

- No, la verdad es que no lo he leído -respondió. 

- Ese el problema con ustedes, que ustedes leen a los discípulos, pero no al maestro - le dijo.  

El miedo se hizo más fuerte, más feroz. Pero  en medio de la confusión pudo articular la frase:  

- Mira, si tú me matas, matas a dos personas. Me matas a mí y matas a mi padre, porque yo soy lo único que él tiene y él es lo único que yo tengo.

Durante un tiempo el otro se quedó en silencio. En total habrían pasado al menos seis horas antes de que el hombre de blanco le dijera: “Te creo, yo también tengo una hija y es lo único que tengo. Te voy a dejar ir, pero si vuelves a Siria y caes en nuestras manos te vamos a torturar y vamos a pedir dinero por tu rescate y te vamos a matar”.

Fue llevado de nuevo al lugar en el que había sido detenido. Allí encontró a otros hombres armados, tomó el carro y con su conductor y su guía emprendió  camino, sin mirar atrás. 

A más de 3.000 kilómetros de allí, en Cali, Colombia, el padre de ese hombre no sabía que su hijo rozó  las márgenes del infierno y que, sin saberlo, él   lo había salvado. 

***

Se llama Miguel Medina, tiene 46 años, es caleño y  el único fotógrafo latinoamericano que hace parte del staff oficial de la AFP en Europa. Mientras habla piensa en esas horas en las que fue secuestrado por miembros del Daesh (acrónimo árabe del Estado Islámico) en Siria. Que ahora mismo esté hablando es un milagro, no hay duda, sobre todo si se recuerda al fotógrafo estadounidense James Foley, secuestrado en 2012  y decapitado en 2014 por ese grupo, en la que se convirtió la primera ejecución por parte del Estado Islámico de un ciudadano estadounidense. Aquella muerte, además, fue grabada y presentada como una de las piezas más atroces de la propaganda del terror del Daesh. 

- Fue un milagro que no lo asesinaran, sobre todo si uno piensa en Foley... -le digo. 

- Sí, lo fue. Bueno, yo conocí la historia de Foley. A él le pasó algo parecido. Primero lo retuvieron, lo liberaron y le dijeron que no regresara. Y él regresó...

- Y usted  no regresó a Siria. 

- No, no regresé. 

No regresó a Siria, pero sí a la guerra. Luego estuvo en República Centroafricana, en donde desde 2012 se libra una guerra civil entre los rebeldes Selekas y el ejército gubernamental. Antes había estado en Egipto cubriendo la caída de Mubarak y en la frontera con Libia, atestiguando los campos de refugiados y desplazados por el conflicto en ese país. 

[[nid:611455;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2017/01/m_medina_1.jpg;right;{Soldados franceses desplegados en Repùblica Centroafricana. Miguel Medina / Especial para El País}]]

-¿Qué ha sido lo más duro que ha visto en esas guerras?  

Miguel piensa por un momento y luego responde. 

- En Siria, en un hospital, vi morir a un niño baleado que no superaba los 10 años. Fue realmente duro, fue un momento de mucha soledad. El niño estaba sobre una camilla y yo no sabía si debía hacer la foto. De hecho la hice y la borré muchas veces, pero luego pensé que mi trabajo era mostrar eso que estaba ocurriendo, así que la hice de nuevo y la dejé. Fue un momento de mucha desolación, de mucha soledad,  muy traumático. 

- ¿Todavía piensa en esa imagen?

- Sí, todavía, son cosas que siguen en mi cabeza. 

2.

Podría decirse que todo empezó de un modo casi accidental. Miguel había terminado sus estudios de secundaria en el Colegio Alemán de Cali, había vivido en Miami y había viajado a Frankfurt, Alemania, con cien dólares en el bolsillo a estudiar farmacología. 

En uno de sus viajes de visita a Colombia, en 1993, fue con varios amigos al Putumayo y allí se encontraron con un grupo de guerrilleros. “A cada uno le preguntaron a qué se dedicaba. Algunos eran ingenieros, otros arquitectos y yo, que trabajaba en lo que me resultara en Alemania  y llevaba una pequeña cámara, dije que era fotógrafo”. 

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