El catalán Ferrán Adriá, el mejor chef del mundo, llegó a Colombia

El catalán Ferrán Adriá, el mejor chef del mundo, llegó a Colombia

Abril 11, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Juan Andrés Valencia | Reportero de El País
El catalán Ferrán Adriá, el mejor chef del mundo, llegó a Colombia

Para comer en El Bulli, el restaurante de Adriá, había que reservar con meses de anticipación. En un solo año, Adriá y su equipo creativo atendieron hasta 356.000 personas por año.

Llegó a Colombia Ferran Adriá, el mejor chef del mundo. Sin falsa modestia, dice que el fenómeno El Bulli no se repetirá jamás.

Ferran Adriá es un tipo muy sencillo. Cuando no se le ve caminando los 45 minutos diarios que se gasta de su casa a El Bulli, está levantando polvo en alguna de las carreteras despavimentadas del municipio catalán de Rosas, a bordo de su viejo y destartalado Seat, que ni aire acondicionado tiene. A él el calor no le molesta en lo más mínimo, como sí le molesta el pimentón, verdura que no le gusta y que no puede resistir tener al frente. Y aunque eso explique, en buena medida, por qué sus platos jamás han incluido a ese vegetal dentro de sus deconstrucciones gastronómicas, sí refleja que es un tipo simple, como cualquier otro, casi del común. Cada vez que viaja a un nuevo país, por ejemplo, se aproxima a su cocina local como cualquier turista: yendo a restaurantes lujosos y a comedores populares; buscando ingredientes y encontrando sabores. Cuando está en la intimidad de su hogar, por el contrario, prefiere lo más básico, como intentando huir de las técnicas moleculares: un filete de pescado asado y unas verduras al vapor son suficientes para saciar su hambre. Allí, en su casa, no hay espuma de humo ni espinas comestibles que valgan.En cambio cualquier fruto extraño es capaz de obsesionarlo por completo, como aquella vez que le mostraron un lulo y decidió crear su propia lulada, una especie de martini servido no en una copa sino en su propio fruto. Y es que Adriá tampoco es pretencioso. Él está convencido de que la labor de un chef es de lo más rudimentaria y artesanal que hay: “Si creían que El Bulli dependía de la tecnología para funcionar, están muy equivocados; el nitrógeno líquido se hace con la ayuda de un sifón”.También es un tipo memorioso: recuerda cada fecha con exactitud cronológica. Él sabe que el 20 de noviembre de 2009 supo por primera vez que debía hacer un alto en su camino culinario y que el 30 de julio de 2011 despachó los últimos cuatro platos de El Bulli como restaurante. Pocos meses atrás se había dado cuenta de que la gente ya estaba cansada de su restaurante cuando su madre lo recibió con un periódico bajo el brazo y una frase demoledora: “¿Otra vez tú en el diario?”.Desde que cerró temporalmente el restaurante que lo llevó a ser considerado el mejor chef del mundo, Adriá es otra persona. Sus colaboradores más cercanos dicen que está feliz, y a él se le nota. Cada vez que habla sobre creatividad e innovación, los temas más recurrentes en la gira mundial que hace con el patrocinio de Telefónica, su rostro se enciende. Y no importa que le toque hacerlo inmediatamente después de bajarse un avión tras un viaje de ocho horas sin haber dormido bien. Porque para él, el futuro de El Bulli se está gestando y, según sus cuentas -siempre tan exactas- verá la luz el 15 de marzo de 2015.Ese futuro de este faro de la gastronomía tiene dos espacios: uno físico y otro virtual. El primero, obviamente, será la evolución de su restaurante que, valga la aclaración, jamás volverá a ser restaurante. El Bulli se convertirá en un taller de creación culinaria donde los nuevos talentos de la cocina internacional podrán estudiar becados para buscar esas técnicas y sabores capaces de explotar en el paladar.También habrá una biblioteca con 40.000 documentos que buscan preservar y difundir la memoria de El Bulli y se ofrecerán banquetes una vez cada mes para recoger fondos para causas benéficas.El segundo espacio será la ‘Bullipedia’, un extenso compendio virtual de ingredientes y preparaciones occidentales del gusto de Adriá para que cualquiera pueda preparar sus propios platos mientras él sigue con su nueva obsesión, que es encontrar el genoma de la cocina.“No hay nada ordenado en el mundo de la culinaria. Por eso estoy dedicado a descubrir el ADN de la alta cocina occidental para poder entenderla desde una perspectiva científica”, dice Adriá. Quien bautizó a este inquieto catalán como 'el Alquimista' no pudo estar más acertado.

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