"El arte nos permite comprender mejor la violencia de nuestro país"

"El arte nos permite comprender mejor la violencia de nuestro país"

Febrero 23, 2018 - 02:53 p.m. Por:
Yefferson Ospina / Periodista de Gaceta
Obra de Débora Arango

'13 de junio o la salida de Laureano', pintura de la maestra Débora Arango.

Especiales para El País

En medio de todas las formas de violencia que el país vivió durante el siglo XIX y las que vive en el siglo XX, las voces de los artistas se han establecido como una narrativa del conflicto diferente, paralela a los relatos oficiales y periodísticos. Débora Arango, una de las artistas con mayor proyección internacional en el país en el siglo pasado, y también una revolucionaria y transgresora no solo en el arte sino también en la sociedad, es tal vez uno de los paradigmas de las narrativas artísticas sobre el conflicto armado colombiano.

Obras como ‘Retrato de Colombia’, ‘El velorio’, ‘Masacre del 9 de abril’, no son simples representaciones de acontecimientos históricos o figuraciones sobre fenómenos sociales, sino interpretaciones perturbadoras y crudas, de una violencia que atravesó la vida de todo el país y, por tanto, la vida de la propia artista.

Esas obras no ofrecen una narrativa política ni tampoco periodística, sino un acercamiento estético, y por ello profundo y humano, con el sufrimiento derivado de tantos años de confrontación entre bandos.

Pero así como Arango, son muchos los artistas plásticos que hicieron de la violencia en Colombia la materia esencial de sus obras y sus reflexiones, y crearon una visión del conflicto y sus causas y consecuencias que los estudiosos apenas empiezan a examinar.

Uno de esos investigadores es el profesor Jorge Eduardo Urueña López, candidato a doctor de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia, quien desarrolla una investigación sobre las representaciones del conflicto armado en el arte para el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Urueña explica cómo el arte desde los años 80 se convirtió en una visión alterna al conflicto, exenta de objetivos políticos y, por ello mismo, más amplia, justa y sobre todo humanizante.

¿Cómo ha sido la relación entre arte y conflicto armado en el país?
Esa es una historia que se está investigando y que desde la Universidad de Antioquia, con otras universidades en Bogotá, estamos estudiando. Normalmente se ha hablado de los discursos periodísticos y políticos a la hora de discutir sobre el conflicto armado, y se ha olvidado un poco el propio discurso que muchos artistas han desarrollado alrededor de este tema. En ese sentido hemos encontrado que desde los años 80 muchos artistas plásticos han construido una visión del conflicto armado donde las víctimas han sido casi siempre el centro de sus creaciones. Se puede decir que las artes plásticas en Colombia han reivindicado siempre el lugar de la víctima del conflicto. Pero también, el arte ha estado libre de objetivos políticos a la hora de mostrar el conflicto armado, y por eso ha podido mostrar con mayor crudeza la incapacidad que ha tenido el país para darle fin a la guerra.

¿Cuáles son los artistas que más se destacan?
Son muchos. En los años 90, por ejemplo, tenemos el caso de Beatriz González, que en medio de toda la confrontación de los carteles del narcotráfico, estaba hablando de las consecuencias para los ciudadanos que tenía ese conflicto. Es decir, en una época en que las víctimas de la guerra contra el narcotráfico no tenían mucha importancia para el estado, pues al Gobierno solo le interesaba capturar a los capos, González ya estaba hablando de la necesidad de fijarnos en las víctimas de esa guerra. Pero tenemos casos más recientes como por ejemplo Óscar Muñoz, que trabaja la memoria en su obra ‘Desmaterializaciones’.
En esa instalación Muñoz trata de darle un lugar a la víctima en términos de recuerdo y de reconocimiento dentro del conflicto armado. También podemos hablar de María Teresa Hincapié, de Miguel Ángel Rojas, de José Alejandro Restrepo, etc.

¿Cuál es el tópico que aparece con mayor fuerza en las obras de los artistas en relación con el conflicto?
Sin duda es el narcotráfico, que fue un tópico importante para los artistas durante los años 90 y a principios del siglo XX, como en el caso de Fernando Botero, pero que sigue siendo hoy de mucha importancia para la creación artística. Y sigue apareciendo dentro de las creaciones plásticas porque el narcotráfico como ‘modus operandi’ pervive, a pesar de la desarticulación de los grandes carteles, en las bandas criminales que hacen presencia en muchas zonas del país y que continúan con formas de violencia que aparecieron en los 90 con el narcotráfico. Por ejemplo, los desmembramientos que se han presentado tanto en Buenaventura, provienen de una práctica de guerra del narcotráfico durante los años 90. En ese sentido hay un ejemplo muy interesante que el laboratorio ‘Mapa Teatro’ (un laboratorio de artistas dedicado a la creación artística transdisciplinar, con sede en Bogotá desde 1986. Fue fundado en París en 1984 por Heidi, Elizabeth y Rolf Abderhalden, artistas visuales y escénicos colombianos) que tienen una instalación con un teléfono en la cual quien levanta la bocina puede escuchar el discurso que Pablo Escobar tenía elaborado en caso de que llegara a ser presidente de Colombia. Se trata de una forma de mostrar cómo el narcotráfico en el país permeó todas la estructuras del poder.

¿Cuál es la importancia que tienen las expresiones artísticas en un contexto de posconflicto como el que estamos viviendo?
La importancia fundamental es que los artistas tienen un discurso despolitizado en el que, como ya he dicho, el papel de la víctima es siempre preponderante. El proceso de paz en el país ha sido usado políticamente y los artistas lo que han hecho es un contrapeso a esa intención politizante con el deseo de la paz. De algún modo, los artistas han mostrado esas heridas del conflicto que aún no sanan y que no aparecen en las agendas políticas, para darle más complejidad al conflicto y al deseo de la paz y evitar, desde su actividad, que se convierta en un tema meramente político.

La cátedra de historia será de nuevo obligatoria en los colegios del país. ¿Cuál es la importancia de enseñar también historia del arte?
La importancia es que precisamente el arte nos cuenta aquella historia que no se ha contado, o nos da una perspectiva de la historia que no se ha tenido. Las obras de arte no se quedan con el discurso oficial, o académico o periodístico, sino que ofrecen una mirada que permite mayores interpretaciones. El discurso artístico se ha convertido en el contrapeso del discurso político, y allí reside su importancia.





Jorge Urueña

El académico e investigador de arte, Jorge Eduardo Urueña.

Especiales para El País

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