"El arte no es para dar respuestas, es para generar preguntas": Diego Fernando Montoya

Agosto 20, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de GACETA

Diego Fernando Montoya, director de El Teatro del Presagio.

Entrevista. El director de El Teatro del Presagio habló con GACETA sobre la obra ‘Negro’, escrita y dirigida por él, que se estrenará próximamente. El fenómeno del desplazamiento es el eje de esta pieza que está inspirada en un hecho noticioso.

¿Cómo surgió la obra?La pieza hace parte de una trilogía que escribo desde 2004 cuando estuve con el grupo de gira por Dublín y Londres. La integran ‘Negro’, ‘Blanco’ y ‘Azul’. No sé si fue por la distancia y la nostalgia por el país que el tema del sentimiento del desplazamiento afloró, pero fue allí cuando empecé a escribir.En el caso de ‘Negro’, ¿cuál es la idea que detonó su escritura?Parte de una noticia que se convirtió en hito en los medios, cuando en Cali hace unos años un desplazado se tomó la sede de la Red de Solidaridad. En su desespero por no recibir ayuda del Gobierno, el hombre se tomó por asalto el lugar utilizando un cuchillo. La respuesta que recibió fue un impresionante operativo policial que culminó con la captura de un hombre muerto de hambre, acusado de terrorista. Me impactó tanto esa noticia que, apenas supe de ella, entendí que había que escribir sobre ese hecho. Pero el proyecto se quedó en suspenso, hasta este año que lo retomé y se lo llevé al grupo. Todos quedaron entusiasmados con la historia y decidimos que era momento de contarla. ¿Cómo está estructurada?El eje es la historia de una pareja de campesinos que llegan desplazados a la ciudad con sus ocho hijos y la abuela. Las duras condiciones de la familia llevan al esposo a realizar el acto desesperado. El hombre, tras ser apresado, es visitado por su mujer en la celda. La trama está atravesada por tres monólogos; el de un hombre que lleva secuestrado dos años y está amarrado al tronco de un árbol y hace días que sus captores murieron en un operativo y nadie viene a rescatarlo. El otro es el monólogo de un hombre que es torturado e interrogado sobre un asunto del que no sabe nada, y el tercero hace un monólogo sobre hechos de orden público.¿Cómo se abordó la puesta en escena?Nos hemos centrado en el actor, en su trabajo corporal y de la voz, más que en cualquier otro artificio de la escenografía, iluminación o sonido. Una obra de este tipo amerita que el foco principal sea la enorme violencia del que son objeto las personas en situación de desplazamiento. ¿Esta obra de teatro tiene un carácter documental?No, el punto de partida es el hecho pero no pretendemos hacer algo testimonial ni una crónica periodística. Nos sirve de excusa para hablar de un tema que toca nuestra sociedad: el desplazamiento y sus víctimas. Además, el arte no es el espacio para dar respuestas, es el espacio para generar preguntas. Mal haríamos creyendo que la solución a tan complejos problemas va a venir del arte.Pero, ¿cómo seducir al público con una temática social tan dura?Es una obra dolorosa, que no quisiéramos hacer, pero que se convierte en un teatro para generar reflexión. No pretendemos caer en el panfleto ni hacer teatro político sino que a partir de los textos y la puesta en escena hay una elaboración poética de la realidad. Creemos que nuestra sociedad no tiene espacios para reflexionar. Para que no sea pesimista, la obra está trazada por la poesía y el humor pues si no hay metáfora ni trasfondo poético en el lenguaje, se convierte en un discurso que no tiene razón de ser en el teatro.¿Hacen falta más propuestas de ese tipo en la escena local?Siento que este es un trabajo que estremece al público. Es una manera de recuperar el espacio de discusión de temas políticos e ideológicos que se hacían en los 70. Tal vez por esa carga política que tuvo, después no se quiso saber del tema y nos fuimos para el otro extremo: trabajar temas del absurdo y lo abstracto. Está surgiendo una nueva generación que retoma estos intereses pero que entiende el fenómeno con una complejidad distinta. Entonces es interesante llevar esta propuesta al espectador y que le sirva para reflexionar, sin que eso signifique que no sea también un espacio para el disfrute. Esta no es una obra para sufrir.¿Cómo va el proyecto de tener sede propia?Veo con tristeza que en Cali la realidad teatral es abominable, casi patética. En ciudades como Medellín nacen cada año nuevos espacios para el arte a través de mecanismos como el comodato, donde la ciudad cede a los grupos espacios de su propiedad. Pero aquí ha sido imposible. He intentado que nos atiendan en las Secretarías de Cultura de Cali y el Valle y ha sido imposible.

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