"El arte es la célula madre de la religión": escritor Javier Sierra

"El arte es la célula madre de la religión": escritor Javier Sierra

Noviembre 17, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés | El País

"La Última Cena de Leonardo es muy rara porque todas las representaciones tenían un tema litúrgico: el Sacramento de la Eucaristía", escritor Javier Sierra.

Javier Sierra, escritor español, acaba de lanzar El Maestro del Prado, una narración trepidante sobre los misterios que encierran las pinturas del museo madrileño. Claves sagradas detrás de óleos y lienzos.

Javier Sierra nació en Teruel, España, hace 42 años. De chico contaba historias y como adulto se le medía a tratar de explicar enigmas científicos. Viajero incansable e investigador insomne, comparte sus descubrimientos a través de la literatura. Varias de sus novelas como El Ángel Perdido, La Dama Azul y La Cena Secreta, han tenido un éxito enorme y han sido publicadas en más de 40 países. Acaba de lanzar en Colombia El Maestro del Prado, una narración trepidante sobre los misterios que encierran las obras del museo madrileño. En ella cuenta que estaba un día absorto frente a La Sagrada Familia de Rafael Sanzio, que Felipe IV llamó La Perla porque era la joya de su colección, cuando un hombre que parecía recién salido de un lienzo de Goya se situó a su lado para concentrarse, sin pestañear, en el mismo cuadro. Después de pasar una hora mirándolo de reojo, incapaz de imaginar qué buscaría un tipo tan singular en esa pintura, Sierra empezó a darle vueltas en su cabeza a las teorías más locas: ¿Querría arrancarlo de la pared y darse a la fuga? ¿Presumir de erudición? ¿Asustarlo? ¿Robarlo? ¿Sería un falsificador? Al cabo de las quinientas entablaron conversación y el enigmático personaje ofreció develar para él -y explicárselos- aquellos códigos ocultos en muchas de las obras maestras atesoradas allí. “Visiones místicas, anuncios proféticos, conspiraciones, herejías y hasta mensajes que parecen llegados del más allá”, habrían inspirado a maestros como Raphael, Tiziano, El Bosco, Boticelli, Brueghel, o El Greco.¿Cree realmente que un museo “desarraiga” las obras que alberga?Esas obras no fueron pintadas para una galería de arte. Algunas estaban destinadas a altares, nichos, palacios o para colgar a una altura determinada, como las de El Greco, e incluso muchos artistas registraban la luz ambiente a la que estaban destinados los cuadros. Esto quiere decir que el museo ha desarraigado las pinturas del lugar para el que fueron elaboradas y eso dificulta su comprensión.¿La visión contemporánea del arte es diferente?Sí, quizá por tratarse de una cultura mucho más materialista, en estos últimos cien años la gente se ha venido acercando a la pintura de una forma muy superficial y no valora el propósito del artista al pintar el cuadro. Y resulta que hay una serie de pinturas que sirvieron -y lo digo literalmente- como puertas, o ventanas, para asomarse al ‘más allá’.¿Significa que albergan claves? ¿Cuál, por ejemplo?El Jardín de las Delicias, del Bosco, que se sale de los cánones pictóricos de su tiempo y termina en manos de Felipe II, Rey de España, obsesionado con ese cuadro. En septiembre de 1598, agonizante, pide que se lo lleven a los pies de su cama en el Monasterio de El Escorial porque cree que esas imágenes guiarán su alma en el viaje final.¿Qué códigos encontró en esa pintura?En la tabla central, El Paraíso, hay un árbol con un agujero por donde se asoma una lechuza, que en la mitología griega que el rey conocía muy bien, es un animal psicopompo, o sea aquellos que conducían las almas de los muertos a ultratumba. Felipe II, sigue la tradición que inaugura su padre, Carlos V, el rey más poderoso de la historia, quien al final de su reinado decide abdicar porque quiere limpiar su alma pecadora, encerrado en el Monasterio de Yuste, y prepararse para la muerte. Se lleva La Gloria, un cuadro que le había encargado a Tiziano, en el que los principales personajes bíblicos y él mismo, con su mujer y su hijo, aparecen pidiendo permiso a la Santísima Trinidad para entrar en el Paraíso, una advertencia de que también a él le llegaría ese momento.¿Era una fe que estaba teñida por el fanatismo heredado de los Reyes Católicos. Creían Carlos y Felipe que esas pinturas hechas para ellos cumplían una misión religiosa? Sí, y es lo que yo desvelo un poco en este libro, porque existía un tipo de arte con un propósito trascendente. Por ejemplo, la pintura se inventa hace 30.000 años en las cuevas rupestres. Son dibujos que no están a la entrada sino al fondo, en la parte más oscura, donde solo podían entrar dos o tres personas portando antorchas con sus llamas temblando y haciendo temblar las pinturas, y convirtiendo ese gesto en una experiencia mística. Así que el arte de alguna manera es la célula madre de la religión y de la trascendencia y esa es la conclusión a la que yo he llegado en mi búsqueda. ¿Qué lleva a El Bosco a plasmar El Jardín de las Delicias, una obra fascinante y al mismo tiempo aterradora?El Bosco es flamenco y vive en los Países Bajos, en el siglo XV, una época de gran cruce de ideas en Centro-Europa. Los cristianos de ese país eran los más proclives a la herejía porque eran al tiempo los más librepensadores. Se introduce la imprenta y los primeros en acceder a los textos son los holandeses. El Bosco tuvo en algún momento una ‘contaminación’ de fe y comenzó a desarrollar ideas propias. Militó en una secta llamada Los Hermanos del Espíritu Libre, que creía que el fin del mundo venía y que la salvación era parecerse a los primeros padres, Adán y Eva, antes del pecado original. En la tabla derecha de El Jardín de las Delicias aparece la cara de El Bosco, o sea que se retrató en el Infierno. En la tabla siguiente, donde aparecen muchas figuras bailando se representa, desde la perspectiva de la secta, el esfuerzo que deben hacer para librarse del pecado. La tercera ya no representa a Adán y a Eva sino al hombre y la mujer del futuro, limpios ya del pecado a través de Cristo.¿Cómo saber que es Cristo y no Dios?En el tríptico cerrado Dios está frente a la Tierra cuando todavía no existía el género humano. Ese Dios es un anciano cansado que va en el tercer día de la Creación. Pero en el sexto día, cuando crea al hombre, ya está representado de pie y joven, no como Dios, sino como Cristo. De este modo encaja con la creencia de los adamitas –Los Hermanos del Espíritu Libre- en que al final de los tiempos surgirían el hombre y la mujer perfectos, guiados por Cristo. O sea que desde esa perspectiva, esta obra es el Manifiesto de una secta perseguida y destruida por la Inquisición. ¿De dónde surge su fascinación con el Museo del Prado?De niño mi madre me llevaba con frecuencia y yo quedaba impactado con las obras, pero salía siempre con la sensación de no haber terminado de comprenderlas. Tras ellas intuía historias que nadie me contaba. En estos años de investigación me pregunté por esas historias y escribí La Cena Secreta, sobre La Última Cena, de Leonardo Da Vinci, que él pinta casi en clave política. Pero me quedó la pregunta de si las técnicas de encriptación de la información usadas por Leonardo habrían sido utilizadas también por otros de sus contemporáneos y si algunos de esos cuadros estarían en el Museo de El Prado, a la vista de todo el mundo.¿Habrá un segundo tomo? Sí, deliberadamente he dejado por fuera a muchos pintores, como Velásquez y Goya porque quiero que el lector se familiarice con pocos cuadros a la vez, pueda analizarlos y, sobre todo, recordarlos.¿Entonces, la gente no sabe ‘ver’ las obras de arte?Hoy los visitantes entran a El Prado a ver todo rápidamente y al final se van con una idea muy vaga de Las Meninas, de La Maja Desnuda, y poco más. Hay una gran injusticia con obras cuya elaboración tarda años y nosotros le dedicamos un minuto de contemplación.¿Por qué escribió novela y no ensayo?Porque hubiera llegado a mucha menos gente y porque quienes lo hubieran leído habrían quedado más o menos asombrados, pero lo habrían olvidado. El cerebro humano está hecho de tal manera que olvida la información en estado puro. El cerebro es un instrumento maravilloso y único para retener lo emotivo dentro de las historias y por eso soy capaz de recordar los cuentos que me contaba mi abuela cuando yo tenía 5 años, pero no recuerdo qué dijo el telediario de ayer. Escribiendo esta novela supe que construía un artefacto que permanecerá.¿Ya no escribe sobre enigmas, se acabó el misterio?No, gracias a Dios, porque el misterio en todos los órdenes de la vida es lo que nos hace avanzar. Yo planteaba enigmas y formulaba preguntas, pero me producían una enorme insatisfacción porque cuando surgía una brizna para resolver un misterio, surgía otro, así que decidí saltar a la ficción. Así puedo resolver los vacíos que se me plantean, de modo que yo soy el fruto de mis circunstancias; he pasado muchos años estudiando los grandes misterios y ahora dedico mi capacidad creativa a tratar de resolverlos en clave literaria.¿Usted ha estudiado el caso de Napoleón en Egipto; es cierto que pasó una noche dentro de la gran pirámide y que emergió de allí desencajado?Sí, Napoleón conquista Egipto, donde permanece un año y al final protagoniza un enigma: decide pasar la noche del 12 al 13 de Agosto de 1799, solo, dentro de la Gran Pirámide, un lugar siniestro en el que nadie en su sano juicio querría pasar la noche. Pero Napoleón estaba influido por los ritos iniciáticos en esa pirámide, donde Alejandro y Julio César, de quienes él era un gran admirador, habían pasado sendas noches en su momento. Pasó la noche en la pirámide y cuando salió al amanecer, estaba pálido y desencajado. “No digo lo que vi porque si os lo contara no lo creeríais”. Ni siquiera lo contó en sus memorias Lo que yo hice fue aprovechar esa laguna para decir lo que pudo haberle ocurrido y por eso decidí pasar una noche en la Gran Pirámide y así lo hice.¿Y qué horror encontró?Aunque os lo contara, no lo ibais a creer! Risa. Comprendí muchas cosas en esa experiencia y espero publicar la novela el año entrante en Colombia.Hay otro tema extraordinario, que es el mapa de Piri Reis, que demuestra que antes de 1492, ya Colón había venido a América... Ese mapa está fechado en 1513 y Piri Reis, que lo dibujó, hizo un trazado exhaustivo que muestra Portugal y España, el Cuerno de África y toda la costa atlántica americana, muy bien cartografiada. Aparecen los Andes, que no se descubren hasta 1533, el río Amazonas cuya existencia tampoco se conocía, el Orinoco que tampoco se había descubierto y las Islas Malvinas, que no se descubren hasta 1592.¿Ideas no originales?¿Por qué Leonardo se autorretrató dándole la espalda a Jesús? Se pinta atendiendo a Judas Tadeo, al que pinta con la cara de Platón, copiada de un mármol florentino. Leonardo oye a Platón y no a Jesús porque ese era el gran debate intelectual de su tiempo: traducidos los textos de Platón, se había descubierto algo terrorífico: que las ideas morales del cristianismo no son originales porque ya las tenía Platón y son adaptación.

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