El amante de García Lorca

El amante de García Lorca

Junio 19, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Catalina Villa | Gaceta - El País
El amante de García Lorca

El poeta español, Federico García Lorca.

El rumor de que un millonario excéntrico haya enterrado el cadáver de Federico García Lorca en Uruguay, hace 48 años, suena absurdo. Al escritor peruano Santigo Roncagliolo, sin embargo, no le pareció tanto. Siguió las pistas, leyó sus cartas, habló con su familia y, al final, no pudo comprobar nada. Descubrió, sí, la historia de su paso fugaz y feliz por el sur... y la de su amante uruguayo.

Federico en un Voisin descapotado blanco; Federico en un titular del diario a cuatro columnas; Federico en el coctel de bienvenida; Federico firmando un autógrafo; Federico tocando el piano. Federico, Federico, Federico…Corría el año de 1934. Comenzaba febrero. Y en la entonces pequeña Montevideo, a orillas del inmenso Río de la Plata, un poeta con estampa de estrella causaba revuelo en pleno verano austral. Era Federico García Lorca, dramaturgo español, autor del célebre ‘Romancero gitano’. Había viajado a América cuatro meses atrás, proveniente de España, y aterrizado en una Argentina que, para entonces, era la séptima economía más grande del mundo, y a la que los europeos, principalmente italianos y españoles- emigraban en busca de un porvenir menos sombrío, y no al revés, como sucedería luego. Allí, en esa atractiva plaza para la cultura, García Lorca estaba llamado a asistir al estreno de ‘Bodas de Sangre’, la tragedia que lo había empezado a catapultar a la fama.Sin embargo, lo que se suponía sería una estadía de seis semanas, se prolongó a cerca de seis meses. No solo ‘Bodas de sangre’ reventó taquilla en el Teatro Avenida, igual sucedió con ‘La zapatera prodigiosa’. Lorca se había convertido en el fenómeno cultural del año. ¿Cómo dejarlo escapar? La actriz Lola Membrives, artífice de su viaje a Buenos Aires, lo convenció de escribir una última obra para presentarla antes de su partida, ‘Yerma’, y lo mandó a Uruguay, lejos del asedio de sus seguidores argentinos, para garantizar que su trabajo llegara a buen término. Allí conoció a Enrique Amorim. Y de eso – de él- se trata esta historia. Es la historia del supuesto amante uruguayo que García Lorca condenaría al olvido. Pero también de su paso fugaz y feliz por Montevideo. Y de un rumor que, para muchos, causa más malestar que esperanza: que el cuerpo de García Lorca -buscado durante tantos años- podría estar enterrado en Salto, un punto equidistante entre Buenos Aires y Montevideo. De nada más. El responsable de la historia es Santiago Roncagliolo, uno de los escritores latinoamericanos que más rápido ha obtenido las credenciales para acceder al mundillo de las letras. La primera de ellas fue el Premio Alfagura ganado en 2006 por su novela ‘Abril rojo’, un thriller narrado en medio de la violencia política de Perú, en los años de Fujimori. Luego vendría ‘Memorias de una dama’, en 2009, la novela que -aunque él no lo admita- surgió del encargo que le hiciera Nelia Filomena Barletta Ricard, heredera de una de las mayores fortunas de República Dominicana, quien lo contactó para que le redactara su biografía. La historia, dicen, cayó tan mal entre los hijos de la ‘dama’, que ellos mismos habrían comprado al escritor el manuscrito. Años después, casi diez, Roncagliolo decidió convertir esa historia real en novela. ‘Memorias de una dama’, publicado por Alfaguara, alcanzó a circular en el 2009. Luego no se vio más. Se dice que en República Dominicana el libro es tan codiciado que se lee en fotocopias. Con ese antecedente, no sorprende que esta nueva historia, la de ‘El amante uruguayo’, tenga también unos cuantos detractores. No todos están de acuerdo en la importancia de este personaje anónimo en la vida de Lorca. Otros más creen que la posibilidad de que el cadáver del poeta estuviese en Salto resulta inverosímil. Es el caso del periodista español Antonio Ramos Espejo, quien ha dedicado décadas a investigar la vida y obra de Lorca. “Cuando leí en la prensa me resultó muy raro, tan raro como para no darle ni la más mínima credibilidad. Eso me sonó a las historias de los que dicen que está enterrado en la Huerta de San Vicente, de Granada; o en Nerja (Málaga)… O como la película de Miguel Hermoso que resucita a Federico, como si fuera un Lázaro de la Guerra Civil española…”, me escribe desde Sevilla.Pero es justamente en esa polémica en la que parece regodearse Roncagliolo. “Ha ido ocurriendo que cuando la gente tiene una historia que sabe que va a meterla en líos me llama a mí. Soy yo el que hace el trabajo sucio”, dice Roncagliolo desde Barcelona, donde vive desde hace doce años. “Soy un sicario de las letras”, dice con desparpajo. Las cosas, sin embargo, no han marchado del todo como él quería. No se oye muy contento, Roncagliolo. Y es que el libro, que fue presentado en Madrid en febrero, aún no ha llegado a América Latina como estaba presupuestado. Le interesaba saber qué reacciones tendría en Uruguay y en Argentina, al fin y al cabo es allí donde se desarrolla la historia. Pero pasaron marzo y abril y mayo y junio. Y nada. El libro, por ahora, solo circula en España. “Las historias reales siempre traen líos. Esta vez, por lo menos, nadie me ha retirado el libro de las librerías ni me ha amenazado de muerte ni me ha querido demandar”.¿Por qué decide aceptar historias como encargo? ¿No es eso prostituir un poco el oficio de escritor?Hago muchas historias por encargo, pero solamente si son historias que me seducen y me fascinan. Y es que si es buena y tengo libertad creativa para contarla, yo acepto los riesgos y lo que haya que hacer con tal de sacar un buen libro. Esta vez me contrataron para encontrar el cadáver de García Lorca.Vinieron unos editores y me dijeron: creemos que tenemos el cadáver de García Lorca, ¿te interesa hacer el libro? Lo primero que pensé es que esa gente estaba loca. Pero acepté. Era un encargo interesante ver quién era este hombre y ver si tenía el cadáver. Pero eso, al final, es lo único que no sé.No lo sabe usted, ni nadie. ¿No le pareció que, después de más de medio siglo, sonaba a disparate que el cadáver estuviera en Uruguay. ¿No era muy arriesgado aventurarse con un tema tan sensible en España? Es cierto que aquí, en España, todo lo relativo a García Lorca es un tema muy gordo. De cierto modo él representa a los desaparecidos de la Guerra Civil y todo el mundo lleva 75 años buscando ese cadáver. No está en ninguna parte y tiene una fuerza simbólica muy grande. Pero era simbólica, también, la idea de que al fin lo hubiésemos encontrado. Así que cuando empecé a investigar y empecé a rasgar en la historia, me di cuenta de que estaban todos los indicios de que allí estaba el cadáver. De que este hombre, Amorim, había dejado todos los indicios de haber guardado el cadáver detrás del monumento de Salto. Y… Bueno, también fui descubriendo que Amorim había regado su vida de indicios falsos. De que todo lo que iba surgiendo eran artimañas, estrategias de marketing, trucos de imagen en los que se involucraba además a buena parte del arte del Siglo XX. Y eso me sedujo más todavía, porque pensé que, así hubiese o no cadáver, había un personaje cuya historia valía la pena contar. Era una especie de camaléon que iba transformando su identidad, pero a la vez era una persona a través de la cual se podía contar la historia del arte y la literatura en ese siglo como nadie te la ha contado: desde la perspectiva del que está en la esquina de la foto.¿Y quién diablos era Amorim? se pregunta uno…Fue un escritor uruguayo que escribió cerca de 40 libros, de los cuales solo uno alcanzó cierto reconocimiento, ‘La carreta’. Era la época en la que los escritores tenían que decidir si eran surrealistas o realistas, pero Amorim -que era muy hábil socialmente- decidió ser los dos. Así que escribió un libro de cuentos muy surrealistas, pero incluyó uno realista sobre unas prostitutas que viajaban por la pampa uruguaya. La crítica destrozó todos los cuentos, menos el de las prostitutas. Fue entonces, con su sentido de la imagen y de los negocios literarios, que reeditó ese cuento en otros libros, y la estrategia le funcionó. Por eso digo que, más que escritor, Amorin fue un hombre millonario, muy guapo por cierto, con una habilidad para la relaciones públicas impresionante. Él fue el inventor del ‘marketing’ literario. Pero además de todo eso, Amorim era un seductor. Amaba a los artistas, a los escritores, a los pintores y actores. Intentó ser amigo de Picasso y lo frecuentó un par de veces. Fungía de amigo de Neruda, aunque en el fondo le tenía celos. Y cuando llegó García Lorca a Argentina se fascinó con él. ¿Cómo se conocen? García Lorca llega a Buenos Aires invitado por una actriz de ascendencia gallega. Montan ‘Bodas de sangre’ con gran éxito. Luego montan ‘La zapatera prodigiosa’, también con gran éxito. Pero luego presentan ‘María la Pineda’, y es un fracaso. Así que la directora le pide que escriba una obra rápido para montarla antes de febrero. Pero la vida social de Lorca en Buenos Aires era tan movida, que decide enviarlo a Montevideo para que se concentre en ‘Yerma’, la obra que estaba escribiendo. Y allí es cuando conoce a Amorim, quien queda fascinado con él. Se lo lleva de fiesta, lo pasea en su coche, le regala una camiseta a rayas y le toma fotos todo el tiempo. Incluso lo filma. La única película que existe de Lorca en Uruguay la hizo Amorim. Estaba empeñado en que todos supieran que eran amigos.Amorim era un hombe casado. ¿Cómo manejaba el tema de la homosexualidad en esa época en que aún era tabú?Amorim empieza a darse cuenta de que, por ejemplo, él puede públicamente vender su imagen de mujeriego en las revistas, y ser homosexual en privado, porque su imagen pública no tiene nada que ver con su imagen en privado. Así que, en el fondo, lo que creo es que él quería documentar esa historia que en ese momento no podía contar, porque podría perjudicar a Lorca. La documentó para que alguien más la contara después.¿Qué tan intensa fue esa relación? ¿Fue importante para Lorca?Yo creo que para Amorim fue más intensa de lo que García Lorca pensó. Pero en la carta que él le escribe a García Lorca sí habla de detalles muy íntimos, por ejemplo, de cómo que le hacía vahos de vapor para la garganta; eso es bastante cercano. Amorim estaba enamorado del poeta y quería creer que García Lorca lo estaba de él. ¿Qué dice al respecto García Lorca en sus cartas?Según gente con la que yo he hablado, hubo cartas ardorosas de García Lorca para Amorim. Esas cartas, según la familia que trabajaba con los Amorim, fueron enviadas a la Fundación García Lorca, pero en la Fundación dicen que no saben dónde están. Es verdad que durante muchos años a la familia de García Lorca este tema no le gustó nada, no lo quería ventilar… Entonces es posible especular que hayan desaparecido, pero yo no puedo comprobar nada. Me limito a decir lo que hay. En todo caso, lo que sí es claro, es que Amorim dedicó el resto de su vida a García Lorca. Y García Lorca no. Tan simple como eso. El mayor indicio según el cual los restos de García Lorca estarían enterrados en Salto, es una ceremonia llevada a cabo en 1953 cuando Amorim, ya viejo, le rinde un homenaje al poeta…Sí. El homenaje consistió en depositar una lápida de 3 por 2 metros con un poema tallado que dice: Labrad amigos / de piedra y sombra en la Alhambra / un túmulo al poeta / sobre una fuente donde llore el agua / y eternamente diga: el crimen fue en Granada / en su Granada.Hasta allí, nada distinto de un homenaje...Sí. Lo extraño es que la propia ceremonia fue más cercana a la de una pompa fúnebre que a la celebración de un monumento. Y más sospechoso aun es el discurso de Amorim aquel día, luego de depositar la caja blanca, del tamaño de un osario.(Roncagliolo transcribe sus palabras en el libro: “Pueblo salteño que hiciste posible sin una sola voz adversa este silencioso y sencillo acto justiciero, gracias. Gracias por lo que intuyes, por lo que adivinas y por lo que sostienes en el ámbito de mi patria… Aquí, en un modesto pliegue del suelo que me tendrá preso para siempre, está Federico…”)¿Por qué nadie se ha atrevido a abrir esa lápida?No lo sé. Ahora, dentro de esa caja puede haber cualquier cosa, un par de calzoncillos y unas medias, puede haber una foto firmada. Lo que sea. Lo divertido de Amorim es que intuyó que por su talento nunca alcanzaría la fama, dejó todas estas pistas para que alguien las encontrara y de esa manera él pudiera pasar a la historia. Y eso, efectivamente, es para lo que me contraron.

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