El alumno y el escritor

Agosto 06, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez / Especial para Gaceta
El alumno y el escritor

La relación entre un maestro y su alumno es explorada en esta película francesa aclamada y premiada por la crítica internacional.

Crítica. ‘En la casa’ es una película francesa que narra la historia de un profesor que alienta a uno de sus alumnos a escribir una novela. Basada en el texto teatral ‘El chico de la última fila’, la película se plantea como sencilla, entretenida y sorprendente por su trucaje narrativo y su estructura.

La vida rutinaria de un profesor de secundaria cambia de repente cuando descubre que entre uno de sus alumnos hay uno al que se le da eso de escribir. La película que lleva por nombre ‘En la casa’ (‘Dans la maison’) no podía ser más fiel a su nombre. Basada en un relato escrito por el dramaturgo español Juan Mayorga y que lleva por nombre ‘El chico de la última fila’, el relato se centra en mostrarnos la relación de un profesor que proyecta su frustración de escritor en un alumno en quien reconoce talento innato.Lo que empieza siendo un simple ejercicio de clase se transforma en una relación dependiente que transforma la vida del estudiante y el profesor que ansioso por calmar su apetito de lector, lo incita a que le de más y más páginas. En su deseo profundo no solo de satisfacer a su maestro sino de ejercer cierto poder de autor, el alumno aprovecha cada instante y situación para conseguir más y lo logra. Poco a poco hechiza con sus páginas a un maestro que no duda en llegar a las últimas consecuencias para evitar que la pluma del muchacho se detenga. Con el paso de los días y las visitas recurrentes a la casa, la película adquiere una doble dimensión. Por una parte observamos la vida cotidiana del profesor que pasa sus días entre el aula y su casa, entre los alumnos y su esposa, sin perder la obsesión por saber más y más de aquella historia que lee por capítulos. La historia que el alumno teje, ocurre en la casa de otro de sus compañeros (de ahí el nombre de la película), un hogar ‘aparentemente ideal’. De esta manera nos adentramos en la intimidad de esta familia, una típica familia de clase media y extrañamente funcional. Sin embargo el idealismo pronto empieza a diluirse, la belleza se destiñe y desde adentro nada es lo que parece.Guardando las proporciones resulta casi inevitable que esta mirada francesa a la dinámica familiar nos remita de alguna manera a ‘Belleza americana’ de Sam Mendes (1999). Siempre resulta ver mucho más de lo que la apariencia muestra. El espectador se convierte en el cómplice de este alumno ‘vogeur’ que usa la excusa de enseñarle matemáticas a su amigo, para acercarse al material primigenio de su creación literaria. Los paseos por las habitaciones, los detalles del clóset, de la cocina y de las dinámicas familiares, empiezan a resultarnos afines si bien no a las nuestras, si a las del muchacho que las describe con gran interés y admiración. Esto acrecienta el grado de interés del espectador que se convierte en testigo de aquella historia íntima que involucra a los miembros de la familia. Y de la misma manera en que nos adentramos en aquel hogar, también conocemos la vida de aquel maestro al que la vida empieza a cambiarle a medida que crecen las páginas. Este universo íntimo contrasta con el medio escolar en el que los estudiantes son inclementes y manipuladores, lentos pero seguros en sus venganzas. Y es que pronto nos damos cuenta que aquel juego ingenuo del creador no lo es tanto y la película se transforma en un sutil thriller en el que el observante pasa a observado y la víctima a victimario. El mundo literario se pone en contacto con el real y extiende puentes que a veces no permite diferenciar el uno del otro. ‘En la casa’ es una película protagonizada por Fabrice Luchini, a quien vimos hace poco en ‘Las mujeres del sexto piso’ en el papel del maestro, acompañado por Ernst Umhauer (en el papel del alumno) y a Kristin Scott Tomas (‘Bel Ami’ y ‘El paciente inglés’, entre otras), como la esposa del maestro. Un juego de mundos paralelos y literarios se despliega frente a nuestros ojos a través de una apuesta visual pausada y natural. Su director Francois Ozono, no demuestra prisas y se deleita en darle vida a las descripciones largas en las que la progresión dramática no es la más vertiginosa. Aquí no hay grandes transformaciones de sus protagonistas y todo parece ocurrir casi como un efecto residual, pero no por esto dejamos de sorprendernos. Al punto que ni siquiera debería extrañarnos que al finalizar la historia, todo pueda resultar confuso, desconcertante. ¿Quién mira a quién?, ¿Qué paso en la realidad? ¿Qué tanto fue ficción?, podrán ser preguntas que queden en el aire y que sazonen de más el encanto de esta película que ha tenido gran recepción por parte de la crítica que le ha otorgado varios premios en diferentes festivales. Al verla no debería resultarnos extraño porque nos resulte tan interesante. ¿Será aquello de ver la vida ajena lo que nos seduce? ¿O será acaso el sentirnos parte de ese juego manipulador del autor que nos transforma también en objetos?

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