Eduardo Sacheri, un escritor de película

Eduardo Sacheri, un escritor de película

Marzo 08, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Daniel Molina Durango l Periodista de El País
Eduardo Sacheri, un escritor de película

El año pasado otra de sus novelas, ‘Papeles en el viento’, también fue adaptada. Y el lanzamiento del filme en Argentina, en enero pasado, fue todo un acontecimiento.

Después del éxito de ‘El secreto de sus ojos’, película inspirada en una de sus novelas, el escritor argentino enfrentó de nuevo la adaptación de otra de sus obras, ‘Papeles en el viento’, que también ha tenido el aplauso de la taquilla de su país. Con GACETA, el autor conversó sobre ese largo matrimonio entre literatura y cine y por qué le resulta tan inevitable ambientar sus historias en el fútbol.

Tener una conversación con Eduardo Sacheri es similar a leer alguno de sus relatos. El autor argentino es pausado, pero cada palabra que pronuncia, o escribe, tiene una calidez que engancha. El autor de la novela ‘La pregunta de sus ojos’, adaptada a la estupenda película ganadora de premio Óscar ‘El Secreto de sus ojos’, tiene un estilo particular para contarle a la gente historias a través de personajes entrañables, con un increíble aire de cotidianidad. El año pasado otra de sus novelas, ‘Papeles en el viento’, también fue adaptada. Y el lanzamiento del filme en Argentina, en enero pasado, fue todo un acontecimiento. En esa historia futbolera, Fernando, Mauricio y el ‘Ruso’, tienen la difícil tarea de vender a como dé lugar a un delantero que no hace goles, cuyo pase pertenece al ‘Mono’, hermano fallecido de Fernando que invirtió una gran cantidad de dinero en ese futbolista antes de morir de cáncer. Este grupo de amigos, hinchas furibundos de Independiente de Avellaneda —al igual que el autor—, buscan como sea recuperar el dinero perdido del ‘Mono’ para que a Guadalupe, la hija que dejó, no le haga falta nada. Aún embriagado por la felicidad del éxito que ha tenido esta nueva adaptación, Sacheri dialogó con GACETA sobre cómo utiliza su pasión por el fútbol para narrar historias tan buenas como un gol de chilena en el minuto 90.

Bueno, la verdad es que estoy muy contento y aliviado al mismo tiempo. Contento porque a la película en Argentina le fue muy bien. Y aliviado en el sentido de que a mí me gusta cuando quieren adaptar una de mis novelas al cine. Pero me genera algo de preocupación, porque espero que le vaya bien y que no resulte una mala versión o que la gente no acompañe a esas personas que confiaron en la historia. Lo que quiero decir es que cuando uno escribe un libro, es uno solo el que corre el riesgo. Con una película es mucha gente la que invierte su tiempo, su trabajo, su dinero. Que salga bien es algo que me produce un gran alivio.

Sí, me sorprendió, siempre me sorprende. Cuando Juan José Campanella me propuso hacer ‘El Secreto de sus ojos’, a raíz de mi novela, me sorprendió y me volvió a ocurrir ahora. Es como cuando un lector me dice que le ha gustado una novela escrita por mí, ahí es más profunda la sorpresa porque involucra que la historia tenga como una segunda vida, una nueva etapa. Y vuelven a nacer los personajes y algo que uno pensaba como una historia cerrada deja de serlo.

Tal vez sea que pensé la historia como libro y no como película, entonces no se me pasó por la cabeza que pudiera dar lugar a otra cosa. O también puede ser cierta modestia en los alcances de lo que uno escribe o en los horizontes que uno le asigna. En general todas las cosas buenas que pasan con mis libros me sorprenden, y me gusta que suceda eso porque si uno se guarda un lugar para las sorpresas disfruta más cuando suceden las cosas buenas.

El tema del amor por Independiente sin duda es un gesto muy autobiográfico, también lo es el hecho de que los personajes vivan en Castelar, pueblo cercano a Buenos Aires, pero que no deja de ser un pueblo. Ahí me crié y ahora se crían mis hijos. Además, que uno de los personajes sea profesor de escuela secundaria es un gesto de mi propia vida. Lo otro es que está esa preocupación por lo que pasa cuando nos toca la muerte de alguien que queremos. Es algo que muchos tenemos y esa experiencia empieza a ser frecuente después de los 40. Por todos lados están esas marcas.

Mirá, los personajes son una mezcla de gente que conozco y de rasgos míos. Ni el ‘Ruso’ ni Fernando ni Mauricio ni el ‘Mono’ están inspirados en una persona en particular aunque tienen los cinismos de unos amigos, la inocencia de otros, el pésimo olfato para los negocios de alguno más y cosas así.

En esta nueva película también. La adaptación al cine te exige un trabajo de síntesis fuerte pues suele haber cosas que suceden en la novela que no hay modo de que entren en pantalla. Tenés que empezar a elegir qué queda y qué no, qué entra y qué sale. En una película se puede apreciar lo que los personajes dicen, pero no lo que piensan. Entonces hay que seleccionar esas pocas frases y gestos que puedan dar noticia de las emociones y los pensamientos de los personajes.

Mirá no hubo algún desplazamiento tan fuerte de un personaje en ese sentido de alivianarlo o volverlo más importante, me parece que no hizo falta. Pero sí se tuvieron que dejar afuera muchas cosas. En la novela no solo tenés la peripecia de cómo ellos buscan vender a un jugador de fútbol que juega tan mal, sino que está lo que les va pasando a los amigos a lo largo de los años tras la muerte del ‘Mono’ y los flashback de cada uno cuando él estaba vivo. La película se tuvo que ir por una de esas tres líneas, que es la odisea de vender al jugador, las otras ramas quedaron reducidas a ciertas escenas que soportan toda la historia.

Es doloroso, sí, es un duelo. Uno lo asume si piensa que está bien y que el resultado puede ser satisfactorio. Si lo incorporaste al libro es porque sentías que importaba, entonces sacarlo siempre implica una pérdida.

Sin duda yo creo que son los personajes que a mí me interesan, pero es porque me interesa la gente. La gente me genera curiosidad, empatía y deseo de entender sus vidas, porque creo que es una manera de entender la mía. A partir de ese deseo viene el hecho de ponerte a escuchar, a mirar y a centrarte como autor menos en uno y más en la historia que querés contar.

Fue algo que surgió con el propio impulso de escribir. Yo empecé a hacerlo no con la voluntad de publicar libros ni de vivir como escritor ni de hacer películas, fue como un modo de entender mejor mi propio mundo y mi vida, y así como utilizo geografías que me son conocidas y personajes que transitan ese mundo, bueno, el fútbol también hace parte de ese mundo conocido. Entonces, si en mi propia vida el fútbol es algo en lo que me permito depositar cosas mucho más importantes que el propio juego, encontré que lo mismo puede suceder en los relatos. Puedo ponerme a contar una historia de fútbol y si hago las cosas relativamente bien, el lector y yo podemos encontrar otras cosas mucho más importantes que el fútbol, que nos quedará solamente como un telón de fondo para eso. Creo que me funcionó y me quedó un terreno favorable para hablar de otras cosas que me interesan bajo ese telón.

Creo que los juegos —y el fútbol es un muy bello juego— son una reproducción de la vida en pequeña escala, entonces cuestiones como la victoria y la derrota enmascaran valores y vivencias más importantes como la solidaridad, el dolor, la muerte, la amistad, la traición, el esfuerzo... me parece que son incontables las cosas que se pueden narrar desde ahí.

En la vida en general nos toca perder muchas más veces de las que ganamos. Y considero que lo más importante termina siendo qué personas conseguimos acercar a nuestras vidas. Y a la inversa, las derrotas tienen que ver con la gente que perdemos por cosas como el egoísmo. La biografía de cualquiera de nosotros se reduce básicamente a la gente que puebla nuestra vida.

Cuando uno tiene un trabajo como es el de escribir esa duda es muy válida. Uno puede estar seguro de que escribió, pero no si trascenderá. Es algo legítimo en cualquier trabajo que tengamos. Lucas es un tipo al que su trabajo le funciona pero eso no significa que lo haga feliz.

Que la felicidad son esos momentos que están dispersos en tu vida, en los que no necesitas nada más de lo que ya tenés. Que tu deseo está dormido, no porque no desees sino porque encuentras un momento de placidez, aunque siempre tu deseo se vuelve a activar.

Creo que sí, aunque no sé si sea una conclusión final. El mundo que nos rodea está lleno de cosas, situaciones y momentos extraordinarios que pueden ser contados.

Estoy iniciando una nueva novela, que probablemente tenga un cierto perfume policial. No puedo decir más, ya que estoy en esa etapa de trabajo donde uno da palos de ciego buscando hacia dónde puede ir la historia.

Lo primero es escribir sobre un mundo que uno conozca, es un buen punto de partida. Lo segundo es animarse a escribir, aunque uno dude de la calidad de lo que escribe, y lo último es no parar de leer, hay que sacar lo mejor de todo lo que vamos leyendo. Será muy difícil escribir si no haces esas cosas.

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