Dramatizados de canales de televisión son una vergüenza: Luis Sánchez

Abril 02, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Entrevista al alimón por Beatriz López y Aura Lucía Mera
Dramatizados de canales de televisión son una vergüenza: Luis Sánchez

A pesar de recientes enfermedades, Luis Alfredo Sánchez sigue haciendo cine y tiene varios proyectos en mente.

El cineasta palmirano Luis Alfredo Sánchez hace un descarnado análisis del cine y la televisión colombianas. Y desmitifica Caliwood.

En la tarde, en una de las colinas de Bellavista sopla esa brisa que convierte a Cali en la sucursal del cielo. El calor anormal y seco se esfuma. Entramos al apartamento. Lleno de luz y plantas; recuerdos de Rusia, afiches de películas, grabados antiguos, fotografías con Alejandro Obregón. Objetos que pueden narrar la vida de esta pareja: Luis Alfredo Sánchez y Natahsa Iartovsky.Por cosas del corazón y del cine, este palmirano, hijo de liberal y de ultraconservadora, educado bajo férreo catolicismo, se encontró en Moscú con ella, nacida en plena II Guerra Mundial, razón por la cual su madre tuvo que huir de los nazis por el río Volga. Él llegaba a Moscú, después de que lo expulsaran de todos los colegios católicos, porque a los 16 años era revolucionario de izquierda. Al fin terminó en el colegio Gran Colombiano, trabajando en lo que se presentara de día y estudiando de noche.Se radicó en Lima donde escribió para la revista ‘Flash’. Regresó a Bogotá, se vinculó con France-Press y la Organización Internacional de Periodistas. Le otorgaron una beca para estudiar cine en Moscú. Su sueño se convirtió en realidad.Natasha, en español impecable, en el cual no faltan modismos colombianos y palabras de alto calibre, cuenta cómo se conocieron: “Yo trabajaba en el Hotel Musk, adonde una noche llegaron Luis Alfredo y un amigo, un par de latinos divertidos, espontáneos, guapos. Yo no tenía ni idea de que Colombia existía. Me invitó a salir y llegué tarde a la cita. Mis padres se oponía tenazmente a la relación, pues yo estaba saliendo formalmente con el hijo de un patriarca ortodoxo”.Pero se casó con Luis Alfredo y estuvieron casados durante 15 años. Tuvieron a Karina, que hoy vive en Londres. Luego se separaron 12 años y hace seis se reencontraron. Natasha se quedó en Colombia como profesora universitaria de cine e historia, mientras Luis Alfredo seguía produciendo películas. Hasta que el presidente Andrés Pastrana lo envió de agregado cultural a la Embajada de Colombia en Moscú.“Me tomé por asalto la embajada, pues las funciones culturales nadie las asumía. Lo que más me impresionó fue la mala imagen de Colombia en el exterior y la ineficiencia de nuestra Cancillería”, dice.Los asesores del presidente Uribe lo nombraron consejero encargado de funciones consulares durante cinco años, pues era el único que hablaba ruso.Luis Alfredo regresó a Colombia en 2004, se reencontró con Natasha y decidieron volver a vivir juntos. Él sufre de una tromboflebitis que le causó la amputación de su pierna izquierda, pero Natalia, como la llama, está a su lado.Era hora de hablar de cine y empezamos por lo local, por Caliwood, del cual dice: “A mí el ‘wood’ me parece un agregado provinciano. Yo no pertenecí a ese grupo que nació en Cali, pues vivía en Bogotá. Fue un círculo de rebeldes, creativos, inteligentes, amantes de cine y luego directores talentosos. Sus películas fueron importantes en su época, pero hoy, en un contexto internacional, no salvaría ninguna. Sobra decir que las primeras en lanzar al agua serian las mías” (ríe). Y agrega: entre las mejores 25 películas latinoamericanas figuran ‘La estrategia del caracol’ y ‘La vendedora de rosas’, que no son de directores del llamado Caliwood.¿Cómo está el cine colombiano?Salvo contadas excepciones, la violencia de toda clase sigue pesando mucho en la temática de nuestro cine. Los espectadores están saturados de héroes sangrientos, violentos, chicas prepago y tetas al servicio de mafiosos. No solo esa es Colombia: hay otra que falta por mostrar, sin ser complacientes ni intentar tapar la dura realidad. Se han hecho excelentes películas nacionales en estos años, y hablo de las últimas como ‘La Sirga’, en la cual no se ven drogadictos, violentos o mafiosos. ¿Qué le ha hecho falta al cine colombiano para pisar la alfombra roja de los Óscar?Solo dos películas latinoamericanas han ganado Óscar, ambas argentinas, porque ese país tiene industria cinematográfica desde los años 30. Nosotros aún no la tenemos y la mayoría de directores colombianos tenemos una o dos películas. Para competir no solo se requiere talento, se necesita continuidad en la producción.¿Porque nunca hemos pertenecido a las grandes ligas del cine latinoamericano?No tenemos tradición teatral, tan importante en la formación de la dramaturgia. Si bien hay muchas historias para narrar, creo que la gran debilidad de nuestro cine es la falta de guionistas. Los personajes de nuestro cine son esquemáticos y caricaturescos. Nuestro cine es hijo de la televisión, como ésta lo fue de la radio. Ahora aparecen jóvenes directores que respetan la norma sagrada de Billy Wilder que “sin personajes no hay historia y sin historias no hay guiones ni películas”.Además, el Estado dejó de apoyar por varias décadas al cine nacional...El Estado ha sido negligente, avaro y displicente. Solo desde la aparición de Focine en los años 80 y luego con Proimágenes y la Ley de Cine de 2003 se comenzó a ayudar sistemática y formalmente. Por décadas la sociedad colombiana nos veía, como se decía antes de los actores, como ‘cómicos’. Recuerdo que cuando regresé de estudiar cine en Moscú, me preguntaban: “¿Y usted de qué va a vivir?”.Hablemos de televisión: ¿Las dos grandes cadenas nacionales están abusando de los temas sobre mafia y violencia?Es una vergüenza que Caracol y RCN sean las dos únicas cadenas de televisión abiertas y privadas que haya en Colombia. Tanto el anterior gobierno como éste no se han atrevido a abrir la televisión a la libre competencia. Ese duopolio condiciona al espectador con novelas y dramatizados que lo incitan al disfrute de la violencia, el dinero fácil, la exaltación del arribismo social. Y el Estado parece no darse cuenta de la intoxicación que están causando en el subsconciente colectivo.Luis Alfredo y Natasha decidieron radicarse en Cali. Siguen llenos de proyectos, pero llevan una vida sosegada: a ella le gusta la luz de Cali y la brisa del atardecer. Él recuerda su infancia y quiere escribirla. Regresa a sus raíces y tiene más tiempo para sus amigos, para disfrutar al lado de Natashsa una copa de buen vino y para mirar los atardeceres dorados del Valle.

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