Diego 'el Cigala', por fin en Cali

Agosto 30, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros | Periodista de Gaceta

Una de las grandes voces flamencas de estos tiempos, Diego El Cigala, pasará por Cali este 11 de septiembre invitado por Ajazzgo. A Gaceta le confesó su devoción por la música de América Latina y su sueño de grabar un álbum homenaje a Héctor Lavoe.

El propio Cigala reconoce, desde un teléfono de su casa en Madrid, que ese día lloró como niño. A pocos pasos suyos, en un estudio de grabación, estaba sentado el gran Bebo Valdés arrebatándoles a las blancas y las negras de su instrumento —en compañía de ‘Cachao’ López y su contrabajo— la melodía de ese bolero inmortal que es ‘Lágrimas negras’.Era la primera vez que el cantante flamenco tenía ante sus ojos a ese negrazo de cabellos nevados que aquella tarde tocaba escoltado por Israel López, su compañero de mil batallas en el jazz afrocubano, junto a quien grabaría ‘El arte del sabor’, ganador de un premio Grammy. El viejo Bebo parecía desafiar con cada nota y cada verso sus casi 80 años de edad. Diego El Cigala, en cambio, apenas si lograba guardar silencio y aguantar el suspiro, sin percatarse de que, a su lado, el director de cine español Fernando Trueba, otro testigo de ese momento, tampoco había encontrado cómo disimular la emoción que ya se le escurría en goterones por las mejillas. Bebo, ajeno, seguía en lo suyo... “Tu me quieres dejar, yo no quiero sufrir, contigo me voy mi santa, aunque me cueste morir”... Había llegado hasta Madrid para hacer parte de la idea romántica que Trueba le propuso en la distancia, en los albores de este nuevo siglo: grabar 'Calle 54', documental que reuniría a leyendas del latin jazz. A Eliane Elias, a Paquito D' Rivera, a Chucho Valdés, a Chano Domínguez, a Aquíles Báez, a Tito Puente, a Jerry González, al Gato Barbieri. Y claro, al Bebo, al gran Bebo Valdés.“Allí, parado en ese estudio y sin poder hablar mientras él tocaba, supe que yo no podía morir sin antes haber grabado con Bebo”, confiesa Diego, que en ese momento se atrevió a desafiar al maestro entonando otro bolero no menos vibrante, ‘Amar y vivir’... “Por qué no han de saber que te amo vida mía; por qué no he de decirlo si fundes tu alma con el alma mía”...La canción terminó en un álbum que ambos bautizaron ‘Corren tiempos de alegría’, producido por Javier Limón. Pero El Cigala, o Ramón Jiménez Salazar, como se llama en realidad, no abandonaba el sueño de poner su quejío flamenco en las notas de ese bolerazo que Miguel Matamoros les regaló a los románticos de La Habana por allá en los años 30.Bebo tampoco, ungido más por la fatalidad de la vejez que pasa por el cuerpo borrándolo todo. Incluso la música. “Tu eres joven, yo no”, se había quejado Bebo ante El Cigala. Trueba entonces sirvió de cómplice y productor, y en 2002 ambos parieron una joya musical que no cesan de escuchar con fervor los oídos de medio mundo: ‘Lágrimas negras’.El álbum se estrenó en el Gusman Theatre de Miami. Al día siguiente, la prensa situaba al pianista como un “clásico vivo de la música cubana” y al cantaor madrileño como el “Sinatra del flamenco”. Detrás de esa descarga llegó un Grammy, tres discos de platino para Diego en España y otros más en Argentina, México y Venezuela. Solo dos años después de su aparición, esas lágrimas negras ya sumaban 700 mil copias vendidas en todo el planeta. Aplausos en Tokio, Barcelona y Nueva York. Y entonces maestro, no es posible entender la música de El Cigala sin antes haber escuchado este trabajo discográfico...‘Lágrimas negras’ es una de las mejores cosas que me han ‘pasao’ en la vida, en todos estos años de carrera. Imagínate, terminar cantando junto al Bebo Valdés y esos 92 años de magia que tiene entre los dedos. Los dos sabíamos que teníamos que grabar ese álbum; él me dijo esa vez que, a la larga, nos resultaría fácil. “Tu sólo tienes que sacar todo lo flamenco que eres, que yo me encargaré de sacar todo lo cubano que soy”.¿Fue ese el comienzo de su romance con la música de América Latina? Porque a usted lo hemos escuchado grabar boleros, hasta tangos... Admiro la riqueza de la música que se hace en toda América, parece inabarcable. Y su gente, su gente es fuego en la piel, es fogosa. Así ha sido, por ejemplo, el público que me ha recibido en Bogotá cuando he ‘cantao’ allá. Bueno, lo de Cuba es capítulo aparte, tiene algo especial para mí porque a pesar de lo fiestera que es en esencia la música cubana, guarda mucha fuerza en sus letras y mucha riqueza en sus melodías, es como si en cada casa viviera un músico nato. Eso es lo que yo llamo música de verdad, hecha sin trampa y sin cartón. ¿Cómo logra llevarla a los terrenos del flamenco sin que el experimento resulte fallido?Es que la música afrocubana y la latina en general, es música como la mía, que tiene mucho de brujo y de duende. Ellas tienen una simbiosis rítmica con el flamenco. Cuando escuché tocar por primera vez a Bebo Valdés en ese estudio de Madrid, cuando la película ‘Calle 54’ no había sido estrenada aún, eso fue como un batazo en la cabeza, fue increíble, me enamoré perdidamente de la música afrocubana y latinoamericana, y desde entonces nunca le he sido infiel. Le creo: Al festival Ajazzgo de Cali llegará para presentar ‘Cigala & Tango’, álbum en el que reivindica otro género de estas tierras y que además ya fue disco de oro en Colombia...Sí. Me anima mucho cantar por primera vez en Cali que, pese la fama mundial que tiene por la acogida hacia géneros tropicales, también ha cultivado una gran afición por el tango, según lo que me han ‘contao’. Allá les llegaré con este trabajo, que grabé el año pasado en Buenos Aires, donde me di licencia para llevar el tango al flamenco. El tango siempre se había cantado de la misma forma, muy lineal y yo lo que quería era hacer tango a mi manera, no a lo Goyeneche y a lo Gardel, que fueron dos grandes del género, pero alejados de lo que yo quería lograr. El tango le permite al intérprete muchos espacios para quejarse, igual que en el flamenco. Pero, de cierta forma, el tango implica una forma de interpretación vocal que se parece a la suya: muy visceral, muy de las entrañas... No le debió quedar entonces tan difícil...No te imaginas lo a gusto que me he ‘sentío’ grabando tangos. Y lo que me sorprende es que los propios argentinos, hasta los más puristas y celosos del género, se han tomado bien el que yo tomara prestados algunos de sus grandes tangos, como ‘Tomo y obligo’, ‘Nostalgias’ y ‘El día que me quieras’, para jugar con ellos, jugar con sus letras, sus tonos y sus tiempos. Lo que hice fue ponerle una pizquita de gracia para llevarlo a mis terrenos musicales, pero sin irrespetar lo que es la esencia del tango. Es que la pena que se evoca al cantar tango, es la misma que evoca el flamenco, no hay diferencias.¿Cómo nace la idea de llevar la voz de El Cigala a los linderos de Gardel?Yo había llegado a Argentina, al teatro Gran Rex de Buenos Aires, a presentar ‘Dos lágrimas’, el álbum que grabé después de ‘Lágrimas negras’. En un momento del show me puse a pensar qué mas cantar y entonces se me ocurrió entonar ‘Garganta con arena’, un clásico de Cacho Castaña. Fue de no creer: más de tres mil personas enloquecieron al escuchar eso. Cuando acabó dije aquí hay un disco. ¿Y cuál es el tango suyo?Lo escucho una y otra vez: ‘Tomo y obligo’, a ese tango no le hace falta nada. Claro, me gusta Gardel, me gusta Goyeneche, me gusta Julio Sosa. Nunca imaginé que el tango y el flamenco pudiesen darse la mano alguna vez. ****¡Ay, el flamenco! Se dice que el cigala es un crustáceo marino, de color claro y caparazón duro, semejante al cangrejo de río. De eso se acordaron seguramente los hermanos Losada, tres guitarristas flamencos que trabajaron con el artista madrileño en sus inicios, quienes le imprimieron con tinta indeleble este apodo, hace más de dos décadas. Casualidad o no, lo cierto es que para los amantes de los sonidos flamencos, Diego, su quejío y su apelativo evocan a una auténtica leyenda del género en España: José Monge Cruz, cantaor flamenco andaluz, de raíces gitanas, a quien siempre —como el propio Diego— le llamaron como a otro crustáceo, ‘Camarón de la isla’. Fue la voz detrás de ‘Soy gitano’, álbum de 1989 que se convirtió en el más vendido de la música flamenca. El Cigala aún no comenzaba su carrera musical en forma —lo haría sólo hasta 1997 con su primer trabajo discográfico— cuando Monge Cruz murió a los 41 años en 1992, arrastrado por los excesos de la droga y el cigarrillo.Desde entonces, hablar de El Cigala es hablar del legado de ese Camarón de la Isla. Diego, lo quiera él o no, ha sido su heredero natural. ¿Pesa mucho el que lo consideren heredero de un grande como Camarón de la Isla?Como un piano. Es que Camarón ha sido el más grande de todos. Alguna vez dije que Camarón fue como un ‘Che’ del flamenco, un revolucionario. Pasarán décadas enteras antes de que vuelva a nacer otro como él.Y esos coqueteos suyos con tantos otros géneros y artistas tan disímiles como Andrés Calamaro no lo han alejado de esas raíces gitanas y flamencas... Para nada. Nunca he dejado de ser flamenco, abandonar las raíces sería un gran error. Me voy y siempre vuelvo. Mira, después de ese éxito que fue ‘Lágrimas negras’ regresé al público flamenco y le regalé ‘Picasso en mis ojos’, un discazo que reunió grandes voces. El buen hijo siempre vuelve...En mi caso, llega un momento en que el cuerpo, después de tanta gira y conciertos, me pide enfrentarme con una guitarra gitana, que no es tan fácil; es como cuando el torero se le para de frente al toro. Es el mismo vértigo. Recuerdo que cuando era niño, solía salir a jugar como todos los niños detrás de una pelota, pero cuando escuchaba el sonido de la guitarra, allá en ese barrio del Rastro, en Madrid, donde crecí, la dejaba a un lado para sentarme a escuchar y cantar. Colombia, debemos confesárselo, no ha sido muy cercana a la música flamenca, ¿de qué nos hemos perdido todos estos años, maestro Diego?Pues de una música que se canta desde las entrañas. Una música que el año pasado, incluso, fue declarada patrimonio inmaterial de la humanidad por parte de la Unesco. Es música de verdad. Esa de Camarón de la Isla, de Antonia Gilabert, ‘La perla de Cádiz’; de Enrique Morente; de mi tío Rafael Sarinas, de quien aprendí muchísimo; todos ellos grandes exponentes del auténtico flamenco. Se han perdido de un género que de cierta forma es caprichoso: el flamenco se puede adaptar a muchas músicas, pero a muchas otras músicas les cuesta mucho trabajo llegar al flamenco. Te diría que se han perdido de su misterio, de su magia y su brujería gitana.Y usted es uno de esos brujos...Bueno, más bien aprendiz de brujo...Y en ese camino suyo de magia y misterio flamenco ha pensado en alguna fusión con un ritmo colombiano...No es decabellado. Me gusta lo que hace Carlos Vives con el vallenato. Lo he escuchado varias veces y la verdad que me ha ‘encantao’. Imagínese una cumbia o un vallenato con esta voz flamenca mía, ¿no suena mal, no?Entiendo que también gusta de artistas salseros y esta Cali a la que usted llegará en septiembre es en esencia salsera...Yo escucho muchos géneros. Hoy puedo amanecer con ganas de música clásica, mañana a María Callas. Pero también le he dado espacio a Rubén Blades, a Gilberto Santa Rosa, a Los Van Van de Cuba. Incluso, te confieso que uno de mis sueños es hacer un disco en homenaje a Héctor Lavoe.¿Y cómo le va bailando?Terrible. No se preocupe, aquí en Cali le enseñaremos...(Risas) ¡Qué va! Me daría vergüenza. Tiene más ritmo una estatua de sal...

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