“Deseo que la literatura no se me convierta en una obligación: Jorge Volpi

Noviembre 03, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés
“Deseo que la literatura no se me convierta en una obligación: Jorge Volpi

Jorge Volpi, escritor mexicano.

El escritor mexicano Jorge Volpi habla de la ‘Generación del crack’, de la nueva novela que publicará en febrero, de sus libros más famosos, sus influencias literarias y del capitalismo de Estados Unidos.

El escritor mexicano Jorge Volpi estuvo en Bogotá como invitado especial para entregar los Premios de Periodismo Simón Bolívar, en su XXXVIII versión. En un elocuente discurso describió los peligros que, a través del narcotráfico y la corrupción, acechan la libertad de prensa en América Latina y crean secuelas que, como la autocensura, lesionan la credibilidad del periodista. El autor de La Trilogía del Siglo XX, compuesta por las novelas En Busca de Klingsor, El fin de la Locura y No será la Tierra, se pregunta por qué revelaciones como las de Wikileaks o de Edward Snowden hoy nos resultan “a duras penas inquietantes”. Destaca el papel de las redes sociales donde “desastres naturales, magnicidios, atentados terroristas, justas deportivas y hasta revoluciones son cubiertas por reporteros espontáneos que capturan la información en vivo, mucho más rápido que cualquier sistema de noticias”. Critica el desmantelamiento de las redacciones, la disminución de sueldos y de prestaciones y la nueva “modalidad” de los periodistas “toderos”, aquellos que, “por el mismo sueldo, deben aparecer en radio y televisión y, de paso, escribir una columna diaria. Periodistas todo terreno, sin tiempo –ni recursos- para cumplir la parte fundamental de su trabajo: investigar, confrontar, entrevistar, interpretar”. Y se pregunta “qué acto de magia se necesitará para que los periodistas dispongan del tiempo y los recursos necesarios para consagrarse a su labor, ahuyentando el obsceno fantasma de la crisis”. Para Volpi, Colombia es, desde 1999, el país de Latinoamérica que más le gusta visitar. Aquí tiene muchos amigos porque en estos casi quince años ha conocido varias generaciones de buenos escritores. Nicho especial para Santiago Gamboa, Juan Gabriel Vásquez, Jorge Franco, Pilar Quintana… su lista es larga.¿Cómo concibió En Busca de Klingsor, su novela más premiada?Yo quería hacer una novela de ideas que fuera a la vez una novela policíaca para plasmar la época apasionante, comprendida entre las Guerras Mundiales. Contar la historia fascinante del descubrimiento de la Física Cuántica, el proyecto atómico alemán y cómo cambió por completo nuestra noción de lo que era la verdad. En esa época pensábamos que las verdades eran absolutas, pero allí se inicia un proceso de destrucción de las certidumbres que venían del siglo XIX y descubrimos que vivíamos una época incierta. Entendemos que la propia ciencia no posee verdades absolutas y que, si no las tiene la ciencia, mucho menos las tiene la sociedad en que vivimos.¿En ese caso, cuál es el papel del escritor?Tratar de encontrar y describir las contradicciones y los conflictos de esa época a través de personajes históricos y ficticios, para determinar hasta qué punto siguen siendo importantes para nosotros. ¿Por qué a la suya se la llama ‘Generación del crack’? Éramos inicialmente cinco escritores mexicanos jóvenes que tratábamos de mostrar, en 1996, con el ‘Manifiesto crack’ que había otros caminos más allá del realismo mágico y más allá de nuestra admiración profunda por García Márquez, porque veíamos que estábamos inmersos en una especie de repetición incesante de lo que él había hecho. Decidimos volver más bien al origen del ‘boom’ con novelas amplias, ambiciosas, polifónicas, con muchas voces narrativas. Luego el Crack se convirtió en un grupo literario de amigos escritores con afinidades estéticas. ¿Quiénes eran? Ignacio Padilla con Si Volviesen sus Majestades, Eloy Urroz con Las Rémoras, Pedro Ángel Palou con Memoria de los Días, Ricardo Chávez con La Conspiración Idiota, y yo, con El Temperamento Melancólico. Después se sumaron otros, como Vicente Herrasti.¿Qué le aporta su generación a la literatura? Con escritores de otros países suramericanos y sobre todo con la Generación de McOndo en Chile, aportamos la idea de que la literatura latinoamericana era mucho más que realismo mágico y exotismo y que nuestra realidad era mucho más compleja y variada. También era absolutamente natural que un escritor escribiera sobre cualquier tema en cualquier lugar del mundo y no necesaria y estrictamente sobre lo que pasaba en su propio país.¿Qué escribe ahora? Publicaré en febrero una novela llamada Memorial del Engaño, sobre la crisis del capitalismo. Transcurre en los EE.UU. e Involucra diferentes tipos de crisis, en especial la económica. Está centrada en la del 2008. Allí trato de demostrar cómo fue diseñado y cómo funciona el sistema capitalista en el que estamos inmersos y sus contradicciones.¿Discrepa del sistema de libre mercado?Sí. Repasando la historia podemos ver que hay muchísimas fallas y errores en esta idea del capitalismo desregulado y de que se puede tener un mercado libre sin cortapisas, absoluto, sin unos necesarios controles estatales que impidan que pase lo que pasó. Ha vivido en Francia, España, Italia, Estados Unidos, ¿cuál lo jala más?Todos tienen su interés, pero el que más me gustó fue Italia, porque tengo origen italiano y me gusta todo: la comida, el arte, la historia, la literatura. ¿Cómo se hizo tan buen lector?Por mi padre. En mi casa siempre hubo libros pero yo empecé a leer por gusto a los 12 años. Me fascinaban los cuentos de Edgar Allan Poe, que todavía tengo muy frescos y libros de divulgación científica. Yo he sido muy aficionado a la ciencia pero como no soy científico de formación siempre debo hacer investigaciones previas que me consumen mucho tiempo, pero que me producen un gran placer. Es usted también ensayista...Sí, soy lector y escritor de ensayos, tanto como de novelas y, realmente, soy un apasionado del género y de cómo se puede mezclar con la narrativa. Me interesa todo: el ensayo político, el científico, el cultural y literario en general y el histórico.¿Quién lo impulsó a escribir?Esa vocación se la debo mucho a uno de mis grandes amigos, también escritor, Eloy Urroz, porque él fue quien me determinó a escribir cuando yo tenía unos 16 años. También estudié derecho, lo que considero un error histórico, pero en esa época había que pensar en una profesión práctica que me dejara para vivir. En realidad yo siempre he querido vivir de cosas diferentes a mis libros y por eso hay temporadas en las que me dedico única y exclusivamente a escribir, y otras en las que busco otro tipo de trabajos para que la literatura no se me convierta en una obligación, sino que continúe siendo un gran placer.¿Qué otro tipo de trabajos ha hecho?Muchos a lo largo de mi vida. Empecé trabajando en una escuela de música, como abogado en la Procuraduría General y en la del Distrito Federal, o en la Suprema Corte de Justicia. Fui agregado cultural en París, dirigí el Canal 22 de la televisión cultural pública, y recientemente fui director del Festival Cervantino, un festival fantástico, al que este año le incorporamos una parte social muy importante, llevando artistas a comunidades marginales, asilos, escuelas y hospitales. México, que tiene este gran festival, quizá el más importante del mundo, sigue siendo un país con mucha inequidad y quise que el arte también llegara a estos sectores desfavorecidos. El centro del Festival es música, danza y teatro, pero también hay cine, literatura, exposiciones depintura y fotografía.Es gran admirador de los escritores del llamado ‘boom’ latinoamericano. ¿Qué explica esa explosión de talento en un lapso relativamente corto?Es realmente sorprendente que tantos y tan buenos escritores estuvieran actuando juntos al mismo tiempo, que fuesen amigos y a veces rivales. Un momento fascinante de la literatura latinoamericana. Es estupendo saber que algunos como Vargas Llosa y García Márquez están vivos todavía, lo cual es muy impresionante, como si en Inglaterra estuviera vivo Shakespeare o Goethe en Alemania. En el Fin de la Locura están el Mayo francés del 68 y toda la aventura ideológica del comunismo y de la revolución cubana que terminan en un gran fracaso. ¿El fin de las utopías? Otro momento muy interesante del siglo XX, en que las grandes utopías intentan cambiar el mundo sea por la vía violenta o por la vía pacífica, pero denunciando que la sociedad capitalista es esencialmente injusta. Hemos visto como casi todos esos casos terminaron en grandes fracasos, pero la voluntad de cambiar el mundo permanece para hacer de él un lugar mejor y más justo para todos. Al que muchas veces olvidamos en medio de esta democracia liberal triunfante. ¿Influencias literarias importantes?Yo empecé a escribir gracias a los clásicos vivos en esos momentos: Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, a los que llamamos ‘La Generación del Medio Siglo’, Sergio Pitol, Juan García Ponce, Salvador Elizondo, Inés Arredondo. Alguien ha dicho que sus obras están dirigidas a un lector culto, ¿lo cree así? No, creo que más bien están dirigidas a un lector curioso. ¿Qué le interesa lograr con su escritura?Interesar, conmover, estremecer, asombrar. A usted lo marcó la historia de la matanza de los estudiantes en la Plaza de Tlatelolco, en Octubre del 68. ¿Impacta sus libros?Sí, dos de ellos al menos. Yo nací en ese mismo año. Siempre fue un momento como mítico en mi infancia del que no se podía hablar y luego escribí un ensayo que se llama La Imaginación y el Poder, para tratar de entender cómo se comportaron los intelectuales mexicanos frente a ese episodio, los que apoyaron a Díaz Ordaz, los que apoyaron a los estudiantes y los que estaban en una posición un poco más intermedia. También asoma en El Fin de la Locura.¿Cuál fue su conclusión?Que fue sobre todo una revuelta contra un poder autoritario y arbitrario que terminó cambiando el rostro de México. ¿A qué lo asimila?Sobre todo al Mayo francés del cual era una consecuencia, una especie de contaminación de la época, como son ahora muchos movimientos jóvenes que están en contra, precisamente, de la forma cómo se han venido repartiendo el poder y el dinero a lo largo de los últimos decenios. ¿Qué espacio ocupa el tema del amor en su obra?Una parte fundamental porque por más que se trate de novelas históricas o políticas, en ellas la parte íntima y personal es esencial.

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