Del bisturía al pincel, la historia del cirujano Abraham Kestenberg y de su exposición en Cali

Del bisturía al pincel, la historia del cirujano Abraham Kestenberg y de su exposición en Cali

Febrero 13, 2018 - 11:45 p.m. Por:
Aura Lucía Mera y Beatriz López / Especial para El País
Abraham Kestenberg

Abraham Kestenberg desde hace 32 años ejerce su especialización como cirujano colorrectal en la Fundación Valle del Lili. Va al Hospital Universitario un día a la semana, donde opera a personas de bajos ingresos y dicta clases.

Bernardo Peña / El País

Viéndolo caminar por los pasillos de la Fundación Valle de Lili, con su bata blanca, su rostro siempre sereno y serio al terminar una cirugía de alta complejidad o preocupado por la próxima, nadie diría que esas manos que diariamente están en contacto con el dolor y el sufrimiento, pueden ser al mismo tiempo las manos de un artista que plasma emociones, evocaciones, estallidos de color y pinceladas de danza y movimiento que salen del alma.

El abuelo y el padre de Abraham Kestenberg llegaron como polizones a Barranquilla, cuando Polonia estaba a punto de perder la independencia lograda en 1920.

El fantasma de la Segunda Guerra Mundial ya ensombrecía el horizonte y el ejército soviético se aprestaba para apoderarse del país con las nefastas consecuencias que vinieron después en los ghettos y los campos de concentración de Treblinka y Oswiecim.


El papá del médico Kestenberg llegó a Barranquilla para luego pasar a Mompox a la edad de 32 años.

Su mamá, de origen palestino, era aún pequeña cuando le conoció en la Costa. Al contraer matrimonio años después, viajaron a Cali y se establecieron en el barrio San Fernando y después en el centro, en el Edificio Mejía.

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Cuando Abraham se graduó en el Colegio Hebreo no sabía muy bien qué estudiar: agronomía, arquitectura o medicina.

Juventud despreocupada y bohemia: Woodstock, el Che, la píldora anticonceptiva y la aventura. Aplicó en la Universidad del Valle y pasó la admisión en medicina, sin imaginarse que un día se convertiría en el cirujano estrella de la cirugía colorrectal.

‘Bruto’ en matemáticas

Recuerda su niñez: travieso, inquieto, sin interés especial en los estudios. Prefería imitar a su primo que tallaba muebles Luis XV en pastillas de jabón y plastilina, o ayudar a su mamá en la decoración del postre Trifle.
La mamá intuyó que detrás de esas inclinaciones por la belleza y la estética, había algo más. Le consiguió una profesora de pintura, Sonia Gil Torres, que en tres meses le enseñó a pintar al óleo y a manejar los pinceles. Tenía 11 años.

Cuando entró a la Universidad abandonó la pintura, y solo lo hacía muy esporádicamente. El profesor de química, Cornelio Buenaventura, le decía “Vos sos muy bruto, ¿vos qué haces aquí”? Era negado para las matemáticas y temblaba cuando lo sacaba al tablero.

¿Estuvo en las manifestaciones del 67 contra las fundaciones gringas?

“Claro. Yo siempre votaba el paro. Estuve de acuerdo con esas cosas. Mi prima Anita Korman era del bloque socialista, y le toco irse del país. Pero mi vocación de médico me enrutó hacia otros caminos”.

"La Monalisa no me movió la aguja, en cambio las obras de Dalí,
son preciosas.
Me apasiona
la pintura abstracta",
Abraham Kestenberg,
médico cirujano y pintor.

Al terminar medicina, se casó con el amor de su vida, la sicóloga Martha Lucía Buitrago, 4 años de noviazgo y 43 de casados. Tienen dos hijas: Carolina, fisiatra y Viviana, ingeniera civil que vive en Montreal. Al terminar la universidad había recorrido a Nariño una y mil veces por tierra. Vivía fascinado con sus paisajes. Terminó por ir a hacer el año rural a Tumaco, eso sí, acompañado de su muy joven esposa Martha.

Tumaco, abandonado de la mano de Dios y tan violento en esa época como ahora. “También había narcotráfico. Lo que pasa es que hoy está más visibilizado el problema”, afirma. Las pocas veces que llegaba el agua era puro barro. Recorría cientos de kilómetros a pie, a caballo, en volqueta o a dedo, para visitar las veredas.

No trabajaba todavía en el Hospital Central, porque el primer año de medicina rural obligatoria lo hizo en los 5 puestos de salud desparramados por la carretera que va de Tumaco a Pasto.

El chunchullo

Abraham pasó a hacer su especialización como cirujano en la Universidad del Valle, donde conoció a su gran amigo Héctor Raúl Echavarría, quien viajó después a Estados Unidos a especializarse en cirugía gastrointestinal en la Universidad de Utah.

"Mis pinturas nacen de un proceso creativo donde hay mucha exploración",
Abraham Kestenberg,
Médico.

“Cuando Héctor se fue para Estados Unidos me dejó una colección de Scientific American y algún día me dediqué a curiosear técnicas quirúrgicas que me parecieron retadoras y novedosas. Yo quiero hacer esto, pensé. Me fui a la galería, compre un trozo de chunchullo, conseguí agujas y me puse a tratar de hacer lo que mostraba el libro. Ahí quedé convencido en lo que quería especializarme”. Viajó a Estados Unidos a la Universidad de Utah y en 1986 se graduó como cirujano en coloproctología.

Inició su especialización como cirujano colorrectal en la Clínica de Occidente, Remedios, Hospital Universitario y el hospital Mario Correa.
Desde hace 32 años ejerce su especialización en la Fundación Valle de Lili, continúa yendo al Hospital Universitario un día a la semana, donde opera a personas de bajos ingresos y dicta clases a los estudiantes. No ha dejado todavía su cátedra en la Universidad del Valle y, según las cuentas que lleva, realiza más o menos 300 cirugías por año.

Hombre polifacético

Este hombre polifacético, tímido, austero en sus emociones, ha escrito dos libros, pasa las noches pintando o viaja los fines de semana a Tocotá, donde cultiva sus propios jardines.

Lleva año y medio preparando la exposición que se llevará a cabo del 15 de febrero en el Club de Ejecutivos.

¿Qué lo inspira? ¿Qué mensaje quiere dar? ¿Cuál es su referente: Chagall, Picasso, Dalí?

Más importante que el mensaje es la satisfacción, la realización que obtengo cuando logro algo que me parece lindo. Hace muchos años había decidido no hacer nada figurativo como lo hice cuando era niño.

El impresionismo me atraía mucho por la sugerencia de las formas, las figuras y el colorido, pero cuando empiezo a conocer a Juan Gris, Georges Braque, Picasso, es decir, el cubismo, eso me impacta, me parece muy lindo, muy hermoso, genial, entonces empiezo a hacer cosas abstractas, no perdiéndome mucho de la forma. Y cuando ya vuelvo a pintar más en forma, empiezo a atreverme más. Es un proceso creativo donde hay mucha exploración.

Un artista riguroso

¿Se hace autocritica?

¡Ah, sí! Hay cuadros que borro porque me parecen feos. Claro que soy autocrítico y exigente. Todo tiene que estar bonito, limpio y organizado, es como una cirugía, todo en su sitio, en su tiempo. Con el cuadro es lo
mismo.

Sueña a veces con un tema, o ¿no hace nada preconcebido?

No, a veces pienso que podría hacer algo parecido a algún autor. Admiro el estilo y me gusta tomar ideas de un autor franco-canadiense que se llama Pierre Bellemare, porque maneja muy bien el color y la línea. No es difícil imaginarlo poseído por la paleta de temperas que toman las riendas y cubren el lienzo de imágenes en lenguaje sutil, fuerte, melancólico, algunos casi como estallando en un orgasmo cósmico de colores.

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