“Cuando se acaben los narcos dejaré de hacer literatura sobre narcos”: Élmer Mendoza

Enero 26, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Catalina Villa | Editora de Gaceta
“Cuando se acaben los narcos dejaré de hacer literatura sobre narcos”: Élmer Mendoza

A sus 64 años, Élmer Mendoza es uno de los escritores mexicanos más leídos. Muchos critican sus temáticas, que reflejan la violencia de su país. Aún así, en 2012 fue invitado a ser miembro de la Academia de la Lengua de México.

Principal exponente de la llamada narcoliteratura en México, el escritor Élmer Mendoza ha retratado, en los últimos 15 años, ese mundo oscuro y vertiginoso de capos y mafias en Culiacán, Sinaloa. Estará en el Hay Festival de Cartagena.

Édgar ‘el Zurdo’ Mendieta no es un personaje de la vida real pero parece que lo fuera. Tiene club de fans y cuenta en Facebook y le llegan regalos cada cierto tiempo. Le envían café, dulces, aguardiente y declaraciones amorosas. ¿Qué hay de ‘el Zurdo’? le preguntan a su ‘dueño’. Y el dueño sonríe. Quien lo cuenta, el dueño, es un hombre de 64 años que arrastra las palabras con ese acento tan mexicano que suelen tener los norteños. Su nombre es Élmer Mendoza, oriundo de Culiacán, en el estado de Sinaloa, quien luego de un aterrizaje tardío al mundo de las letras —primero fue ingeniero— conquistó, casi sin proponérselo, un nicho que se debate entre la admiración y la crítica: la llamada narcoliteratura. No es la primera vez que viene a Colombia. Y está feliz de volverlo hacer, esta vez invitado por el Hay Festival. Es que sabe que Colombia y México comparten muchas cosas, entre ellas esa forma desalmada de hacer uso de la fuerza, la maldita violencia. Sobre sus libros, sobre su infancia, sobre lo que ha sido crecer en uno de los estados más violentos de México hablamos con Élmer Mendoza. Sí, el dueño, o mejor el padre, de ese detective llamado Édgar Mendieta. Élmer, en los últimos años todos hemos oído hablar de Sinaloa, infortunadamente por hechos violentos que han sucedido allí a raíz del recrudecimiento del narcotráfico. Pero, para usted, ¿qué significó crecer allí?Eso es difícil, usted me pone a recordar cosas que pasaron hace 64 años... (risas). Pero podría darle un ejemplo que de alguna forma explica lo que sucede hoy en día con la violencia. Hay algo que no puedo olvidar y es que, siendo un niño, mi abuelo decía que si tú querías que te compusieran un corrido tenías que matar a alguien. Era una especie de advertencia en la que quedaba claro que quienes sobresalían eran los hombres que no tenían miedo. Y en general era así, los hombres más admirados eran los buenos para los caballos, primero, y más adelante, cuando aparecieron las camionetas, pues los que eran buenas manejándolas, los tipos que se metían en el lodo, los machos. Esa era, desde ya, la ética que se vivía en Culiacán cuando yo era niño.Es decir, la supervivencia de los más fuertes. Entonces, ¿cómo es que usted se atreve a estudiar literatura en ese ambiente? La verdad es que estudié ingeniería. En realidad quería estudiar física, pero un profesor me desanimó, me dijo que me iba a aburrir. Así que opté por la ingeniería.¿Y el amor por las letras cuándo comienza? Siempre me había llamado la atención. Yo era lector, y una de las definiciones básicas para una persona que puede ser escritor es que lea desde niño. Eso significa que mientras los demás jugaban al fútbol o al bésibol, yo prefería leer una buena historia o incluso un cómic. Al ser diferente de los niños de mi cuadra sufrí un poco de ‘bullying’, que en la época nosotros le decíamos ‘carrilla’, pero igual sobreviví. ¿Qué historias podía leer un niño en Culiacán?Leía novelas policíacas, sobre todo a los franceses. Leía a Dumas, leía muchos cómics de vaqueros. Por esa época leía una novela mexicana que se llamaba ‘Los bandidos de Río Frío’, un libro gordo. Y leí por esos años ‘La Vorágine’, que aún me encanta. En aquel tiempo leía lo que podía conseguir. Igual había obras de Hemingway a la mano, ‘El viejo y el mar’, ‘Por quién doblan las campanas’, que recuerdo que me impresionaron bastante. Y así...Entonces se gradúa de ingeniero. ¿Cómo decide estudiar letras?Resulta que yo tengo una característica y es que me levanto muy temprano desde niño. Y por la misma razón me acuesto muy temprano. Pero, un día, compré un cuaderno como de cien páginas y empecé a escribir, y duré toda la noche escribiendo cosas. En esas me sorprendió la luz del sol. Yo estaba completamente aterrado de lo que había pasado. ¿Qué es esto? me decía. Pues nada, sentí en ese momento la necesidad de ser escritor. Para ese tiempo yo ya había leído a Rulfo, a Cortázar, y por esos días específicamente había leído una novela de Mario Benedetti, entonces me pregunté qué necesito para ser buen escritor y fui a dar a la facultad de letras. Y usted empieza con sus novelas muy particulares. Sin embargo, es ’Asesino solitario’, que aparece en 1999, la que atrapa la atención del público y de la crítica. ¿Cómo decide usted retratar ese mundo oscuro de las mafias en Sinaloa? Esa no fue una decisión, fue algo que hice casi sin pensarlo, no sé cómo explicarlo. Yo hacía muchos esfuerzos por descubrir un ritmo narrativo que me hiciera vibrar a la hora de escribir. Intenté con unas cuatro novelas antes y no me salía, eran novelas que se parecían a otras. Hasta que un día sentí que ya la tenía y salió el ‘Asesino solitario’. Y fue muy emocionante escribirla porque sentía la adrenalina, estaba muy motivado, porque eso era lo que yo estaba buscando. Ahora, el tema del narcotráfico me eligió a mí, creo. Por esos años en México no se hablaba de otra cosa que no fuera el asesinato del candidato a la presidencia. Era tema en las casas, en los bares. Entonces lo que yo hice fue tomar cosas que escuchaba de la gente y armar mi discurso narrativo. Y fue mágico. Gracias a los personajes y al lenguaje logré que la novela tomara su propio rumbo. Este año la novela está cumpliendo 15 años y ahora mismo están preparando una edición especial, con tapa dura, conmemorativa.El lenguaje que usted menciona, sin duda fue uno de los aciertos. Haber tomado prestado esa jerga callejera de los sicarios, del mundo del hampa, del narcotráfico...Eso tampoco fue una decisión. Yo pertenezco al grupo de narradores que no somos inteligentes (risas), sino instintivos. De pronto utilizamos recursos narrativos sin pensarlo mucho, sin decidirlo. Simplemente te sientes bien cuando los utilizas, entonces fluye, porque los utilizas con fineza y gracias a ello puedes conseguir cosas. ¿No temió que ese lenguaje limitara la comprensión de la lectura en otros países?Yo no pensé en nada. Yo descubrí un tono y un ritmo narrativos y eso me fascinó; lo demás no me importó. Y te confieso que no me sigue importando. Soy un narrador ‘atrabancado’, eso quiere decir que no temo utilizar ningún recurso que esté a la mano, soy sumamente cuidadoso de que todos esos recursos funcionen como una buena sinfonía, que tengan exactamente las palabras que tienen que tener, como dirían los roqueros, muy bien aceitadita. Pero nada más.En ‘Balas de plata’, una de sus novelas más leídas, aparece Édgar Mendieta, tremendo personaje. Un detective que ha sido abandonado por su amante, que ha sido abusado en la infancia, una suerte de fracasado. ¿Cómo fue la construcción de ese personaje que a la postre ha tenido tanto éxito, tanta fanaticada? Todos decían que yo escribía novelas policíacas, pero eso no era cierto. Pero tanto lo decían que un día dije, pues bien, voy a escribir una policíaca. Así que retomé una historia que tenía en la cabeza dándome vueltas hace más de 12 años. Pero ya con la experiencia de haber escrito ‘Efecto tequila’ arranqué. Y allí surgió Mendieta, cuya historia no tiene nada de romántico. Simplemente lo define su oficio de detective y lo que hice fue afinarlo. Pero es un personaje que tantos idolatran... Desde ‘Asesino solitario’ yo había trabajado un concepto: la entrañabilidad del personaje. Introducir algunos elementos dentro de la novela que sean entrañables a los lectores, aquí decidí crear un personaje que sea entrañable. Además, no me fue difícil darme cuenta que los detectives famosos son muy entrañables, son muy inteligentes, muy listos para resolver sus casos. Y cuando digo entrañabales, me refiero a que comparten cosas con los seres humanos, y creo que se trató de eso; además él es el protagonista de una historia bastante violenta y él depende, también, del perfil de los antagonistas. Así que, no solo lo quieren a él, me quieren a mi, y me llegan regalos y mensajes para ‘el Zurdo’ Mendieta que, para los lectores, es como si existiera.Muchos han criticado sus novelas, diciendo que usted ha sacado provecho del narcotráfico para hacer literatura, narcoliteratura... Yo a ellos les digo que cuando se acaben los narcos dejaré de hacer literatura sobre narcos. Todavía estoy esperando que me avisen cuándo se va a acabar este fenómeno. Por otro lado, creo que hago lo que me toca hacer. Esa fue la realidad que me tocó vivir, y esa es la realidad que reflejo en mis libros.Vea aquí la programación completa del Festival.

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