Cuando llegan los días de 'Gloria', una mirada madura de la realidad

Abril 04, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez* | Especial para Gaceta
Cuando llegan los días de 'Gloria', una mirada madura de la realidad

Protagonizada por Paulina García, 'Gloria', es la más reciente producción audiovisual del cine chileno dirigida por Sebastián Lelio.

Con sus películas, los chilenos han logrado encontrar una voz sostenida entre lo comercial y lo anecdótico, con la que han convertido su cine en una de las propuestas más interesantes de Latinoamérica. ‘Gloria’, dirigida por Sebastián Lelio y protagonizada por Paulina García, ofrece una mirada particular a la cotidianidad de la edad madura.

Con esta mujer podríamos encontrarnos en cualquier esquina, en cualquier ciudad. Aquí se llama ‘Gloria’, pero las nuestras podrían ser Cristina, Elsa o Inés. Son aquellas que están entre el azul y las buenas noches, entre la madurez y la tercera edad, intentando como puedan hacerle frente a los cambios, o bien resistiéndose a ellos. En esta película, dirigida por el chileno Sebastián Lelio, nos adentramos en la vida íntima de una mujer de casi sesenta años, que escapa de la monotonía de sus días asistiendo a un club nocturno en donde repite rutinas. Allí conoce a Roberto, un hombre separado como ella pero, que a diferencia suya, apenas sí ha logrado encontrar una vida propia tras el divorcio. Entre los dos surge un romance que intenta mantenerse a flote a pesar de los resquemores no resueltos de sus pasados. Pero claro, las cosas no son fáciles: a medida que pasan los años, la intolerancia y el hábito no negocian con la incertidumbre y la novedad. Y la historia termina con un final real, con un ligero sabor feminista. Y es allí, en su contenido más que en su forma, donde ‘Gloria’ se ha ganado las palmas de la crítica y el público, quienes alaban, sobre todo, el gran trabajo de la actriz Paulina García, quien resultó ganadora del premio Oso de Plata a la mejor actriz en el último Festival de Cine de Berlín. Pero una gran actuación solo es la cereza del pastel que termina por adornar la construcción de un personaje que nació de la pluma de Lelio, quien hizo este personaje pensando exclusivamente en ella y no en otra actriz. García, quien es una dramaturga reconocida entre los chilenos, aportó mucho de su cosecha como mujer grande, y supo reflejar y proyectar en su personaje los anhelos y frustraciones de otras mujeres de su generación. Estos aportes fueron atinados y consiguieron el efecto esperado, aquello que los productores buscan con tanto esmero, mostrar aquellas situaciones en las que el público logra verse reflejado al punto de decir "eso también me pasó a mí", "eso es verdad". Con razón ‘Gloria’ termina teniendo tanta aceptación en el público femenino, que logra verse a sí mismo en las secuencias de canto solitario al volante y de feminidad latente pero marchita. Un efecto similar al que hace algunos años despertó ‘El diario de Bridget Jones’(2001), en la que muchas nos identificábamos con nuestras obsesiones de querer bajar de peso y de conquistar al hombre que más nos hace sufrir... Bueno, por solo mencionar algunas.Pero ‘Gloria’ no es una película de exposiciones y poca reflexión. Aquí los mensajes van por debajo de la mesa, dejando mucho al espectador, que logra atar cabos y deducir que, a final de cuentas, ésta no es una película feminista, ni tampoco una de reivindicación ni reconciliación con el género. Para nada. Esta es una historia que ocurre en Chile y no en Europa. Una mujer enclavada en una sociedad donde todavía debe esconderse en la noche para mostrar su escénica y mantenerse al margen de la vida de un par de hijos con quienes tiene una comunicación horizontal y madura. Con ‘Gloria’, Sebastián Lelio insiste en su puesta en escena casual y muy dramática, sacando chispa de su talento al dirigir actores. Así cosecha de la experiencia ganada con ‘La sagrada familia’, aquella película que transcurría en una casa de playa y que dejaba ver, entre otras cosas, la rivalidad entre un padre y un hijo. Una película que sorprendió no solo por el tema sino por su cinematografía, flotante y relajada. Por eso en ésta se percibe su trazo de autor, escenas con diálogos largos, algunos vacíos como la mayoría de las conversaciones que se sostienen en el día a día, escenas que no tienen otro propósito que mostrarnos la cotidianidad de esta mujer que es, en definitiva, lo único que importa. En ‘Gloria’, la cámara también es un protagonista más, pero esta vez luce más acorde a la temática que a otra cosa, pues continúa suelta, sí, pero en menor grado: ahora es menos expositiva y caótica, agregando un interesante y muy caprichoso manejo de los encuadres, dejándonos hambrientos sin saber lo que pasa fuera del cuadro. Sin duda esta apuesta estética es uno de los valores agregados con los que nos encontramos en esta producción. Por eso no debe ser vista solo por su contenido sino también por su forma, por su imagen y por su luz. Elementos que han sido una inquietud constante en los directores chilenos de su generación como Pablo Larraín (‘No’, ‘Tony Manero’), con quien además trabaja en casi todos los proyectos, y Joaquín Mora (‘Weekend’). De ahí que los chilenos estén generado una interesante mirada al cine latinoamericano. En cierta forma parecen tener la justa medida entre la anécdota y el país, sin caer en las fórmulas comerciales como han aprendido a hacerlo los argentinos y los mexicanos, ni en agotamientos temáticos circunscrito a un momento histórico como pasa con el colombiano. No, el de ellos es diferente y está marcado por otro ritmo. Es verdad que puede tener guiños incómodos y predecibles, pero esto no le quita lo que es. *Docente de la Universidad Autónoma. Twitter: @kayarojas

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