Cuando Jorge Volpi llevó la crisis económica a los terrenos de la novela

Mayo 18, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros | Periodista de GACETA
Cuando Jorge Volpi llevó la crisis económica a los terrenos de la novela

'Memorial del engaño', obra editada por Alfaguara.

El escritor mexicano Jorge Volpi estuvo de visita en Colombia para conversar sobre su novela ‘Memorial del engaño’, recreada en la crisis inmobiliaria de 2008. O fue eso lo que quiso hacernos creer: es en realidad un libro que nos ayuda a entender cómo el engaño se convirtió en una de las marcas de nuestro tiempo.

Antes del 15 de septiembre de 2008, el escritor mexicano Jorge Volpi hacía lo que un ciudadano promedio que compra diariamente el periódico para enterarse cómo gira el mundo más allá de las puertas de su casa: dejar a un lado la sección de economía y leer a placer el resto.Lo fue hasta que los noticieros comenzaron a abrir sus ediciones con una noticia que marcaba varios grados en la escala del escándalo: un grupo de millonarios inversionistas de Wall Street había estafado a centenares de norteamericanos que comenzaron a perder sus casas a un ritmo imparable. El banco Lehman Brothers, uno de los artífices de la debacle, se declaraba en quiebra. Las cifras hablaban de que uno solo de aquellos atildados inversionistas, Bernard Madoff, se había llevado a los bolsillos más de 65 mil millones de dólares. El sistema financiero de Estados Unidos hacía agua. Todos comenzaron a hablar de la crisis inmobiliaria, expresión que aún hoy se escribe en las secciones de economía de los diarios casi siempre enseguida de un término que causa escozor en el mundo capitalista: recesión. Volpi vivía para ese entonces en España, pero sus peores temores se anclaron en México. Tenía razones de sobra: “Yo nací en el 68 y junto a mi familia viví cinco crisis económicas, dos de las cuales fueron realmente muy severas, cambiaron drásticamente el nivel de vida de muchos mexicanos de clase media. Así que, mientras veía la caída estrepitosa de Lehman Brothers, sospechaba que de nuevo mi país pagaría las consecuencias”. No fue así. Los estragos de esa vorágine económica terminó viéndolos en España, donde sus amigos perdían sus casas y sus empleos y donde más del cincuenta por ciento de los jóvenes menores de 25 años no tenían posibilidades de acceder a un puesto de trabajo. “Es espantoso: es como echar a la basura la fuerza productiva de toda una generación”.Entonces eso había que escribirlo. Jorge Volpi sintió que era el tema que tenía la horma de su nueva novela. De ella, ‘Memorial del engaño’ (Alfaguara), habló durante su paso por la reciente Feria del Libro de Bogotá. Jorge, en su visita a Bogotá nos dijo a los colombianos que la gran marca de nuestra época ha sido el engaño. ¿No ha sido así siempre?Lo que siento en que en las últimas generaciones esa capacidad de engaño se ha llevado a su nivel máximo. Y eso nació desde que nos vendieron la idea de que con el modelo neoliberal todos íbamos a ser ricos. O, mejor, que si alguien se hacía rico todos íbamos a ganar porque entonces tendríamos empleo y oportunidades. Pero la historia nos ha ido demostrando lo engañados que hemos estado.J. Volpi, el protagonista de esta historia, dueño de JV Capital Management, es uno de los estafadores de la crisis de 2008 y nos narra esa crisis desde adentro, con mucha precisión. Revela secretos de alcoba de Wall Street, pero con una desfachatez pasmosa: a pesar de estafar a miles de personas no se siente culpable...Es verdad. J. Volpi, que aclaro se parece a mí solo en su gusto por la ópera —los lectores pueden sentirlo quizás como otro engaño—, termina escribiendo unas memorias en las que confiesa que sí, que es un ladrón, un tipo que defraudó a centenares de inversionistas que manejaban fondos de pensiones, universidades, hospitales, fundaciones artísticas y humanitarias, pero que él no era peor que aquellos que sabiendo que esa burbuja iba a estallar en Manhattan no hicieron nada para impedirlo. Es el cinismo propio de quienes se consideran amos del universo. Está claro que usted no es economista, pero sobresale el trabajo de investigación que hay detrás de esta novela, en la que nos termina hablando de ‘titulación’ y otros términos muy técnicos con la misma solvencia de un experto financiero...Bueno, ese es otro de los engaños en ‘Memorial del engaño’: hacerles creer que quien les escribe es un experto y no un ciudadano que hasta hace unos años tiraba al cesto de la basura la sección de economía de los periódicos, por la sencilla razón de que no le interesaba. Desde que estalló la crisis comencé a buscar los antecedentes de esa crisis en libros y prensa especializada, lo que había ocurrido en los años 90 con la crisis asiática, cómo se dio la crisis rusa. Busqué todos los elementos que me permitieran entender esta deblacle a la que seguimos asistiendo en tiempo real y que no es otra cosa que la mayor transferencia de dinero de la clase media a los bolsillos de unos pocos ricos. Hacer todo este ejercicio me permitió crear un personaje que, si bien le pertenece a la ficción, tenía que resultar creíble. J. Volpi encarna al prototipo de los grandes estafadores de cuello blanco: filántropos glamurosos, interesados por el arte, la cultura, la ópera. ¿De qué personajes reales abrevó todo lo que nos muestra este personaje?Lo que buscaba era escribir una historia sobre los amos del mundo. Hacer una novela picaresca contemporánea donde los mendigos del Siglo de Oro son aquí expertos económicos cargados de MBA. Quería escribir sobre alguien que se pareciera a Bernard Madoff y a otros estafadores como Alberto Vilar, un cubano americano que se hizo muy rico de forma rápida invirtiendo en Amazone y Google; a él lo único que le interesaba era la ópera. Veía hasta 200 funciones al año y, de hecho, se mostró como un gran mecenas de la ópera, al punto que convenció a grandes intérpretes de ese género a que invirtieran con él. A varios los estafó, claro, entre ellos a Plácido Domingo. Ahora Vilar está en la cárcel. Yo quería un villano y, bueno, esta figura resultaba perfecta. Esta novela podría parecer como una suerte de ‘El gran Gastby’ de este tiempo: es una novela que pone sus ojos en los poderosos, que no es muy usual... Creo que es inevitable que desde el cine, la propia literatura o el teatro (de hecho, lo que yo pensaba hacer primero, antes que una novela, era una obra de teatro), nos interesemos en retratar a esos señores que se sienten dueños del universo y han convertido a la clase media en los nuevos pobres. En el caso de EE.UU. han aparecido bastantes ejemplos, desde lo más ‘mainstream’ como ‘El lobo de Wall Street’ o ‘Blue Jasmine’, cuyo personaje uno pensaría está inspirado en la esposa de Madoff. Es que aún nos cuesta entender el tamaño de ese engaño del que hemos sido testigo todos.Debe ser, en parte, por el alto grado de impunidad que ha habido en este y otros casos similares...Puede ser una de las razones. Incluso el mismo protagonista de esta novela, que escribe sus memorias en la clandestinidad, huyendo de la justicia, lo cree así. Los culpables de esta gigantesca transferencia de capitales de la clase media a los ricos fueron fundamentalmente los políticos, los reguladores, las agencias de calificación —que no calificaron—. Ninguno de ellos está sujeto a un proceso judicial o en la cárcel, salvo unos cuantos estafadores tipo Madoff que no tuvieron más opción que confesar el pecado, pero que acabaron siendo simples chivos expiatorios. Y es curioso, porque hasta un estafador como J. Volpi termina quejándose de la doble moral del sistema financiero...Es que la hay. Y, ahora que lo dices, quizá en eso también me parezco a mi personaje, además del gusto por la ópera. Los dos creemos que esa doble moral consiste en que muchos responsables de la crisis financiera de 2008 se justifican en que otros estafaron por sumas más grandes que las de ellos y que por eso no merecen cárcel. Detrás de esta coyuntura de la crisis, que uno pudiera interpretar como el gran tema de la novela, hay una historia mucho más rica, con un claro guiño a ese Juan Preciado de Rulfo, que vaga por Comala en busca del padre...Sí, me gusta que adviertas eso. Como novelista me interesan mucho los engaños familiares y la relación padres-hijos. A J. Volpi le sucede lo contrario de Preciado, a quien su madre le ha pedido que vaya a Comala a cobrarle a su padre todo lo que les debe. En la casa de Volpi su madre soltera le ha repetido toda la vida que no necesita de su padre, que no lo busque. Pero él siente que debe saldar esa deuda con su propio pasado, con su historia.Lo magnífico aquí es que el padre, Noah Volpi, termina siendo el asistente de uno de los grandes protagonistas de la vida económica de Estados Unidos: nada menos que Harry Dexter White, creador del Fondo Monetario Internacional... ¿Otro engaño más?Seguro. La inclusión de este personaje tuvo un doble propósito. Por un lado, mostrar a una figura como Dexter White que es, en sí mismo, un personaje de novela; porque, ¿a quién le cabe en la cabeza que uno de los creadores del sistema económico capitalista que nos rige hasta hoy se haya convertido en espía de los soviéticos durante la Urss? La otra intención era, a través de él mismo, contar los orígenes del sistema capitalista para entender todo esto que nos sucede ahora. Al final, el hijo termina asqueado por ese sistema económico que su padre ayudó a crear...Sí. J. Volpi, desde muy joven, entiende qué es lo que quiere para su vida: hacer dinero. Entonces se forma y cree en el capitalismo neoliberal, que busca la desregulación completa de mercados financieros y esas cosas; pero le toca ver el derrumbe de esa utopía y, a partir de allí, ver cómo ha sido en realidad su relación de padre e hijo: ambos terminaron engañando en dos épocas diferentes del capitalismo.Jorge, uno podría ubicar a ‘Memorial del engaño’ en la sección de No-Ficción de las librerías. Finalmente, la marca de nuestra época ha sido el engaño, ¿no?No me disgusta la idea. Porque esto es una novela, sí, pero quien quiera, como me lo propuse yo hace unos años, entender en qué momento nos jodimos con esta crisis el libro le va a ofrecer muchas luces. La ficción es un engaño, claro, pero nadie va a perder su casa por eso.

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