Cuando el arte une a las dueñas de casa con sus empleadas domésticas

Cuando el arte une a las dueñas de casa con sus empleadas domésticas

Marzo 07, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Ricardo Moncada Esquivel | periodista de El País
Cuando el arte une a las dueñas de casa con sus empleadas domésticas

Ruby Rumié, artistas plástica.

Las herencias sociales y culturales que atraviesan la relación entre el ama y su empleada integran la propuesta ‘Lugar Común’, que las artistas Ruby Rumié y Justine Graham exponen en la I Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Cartagena.

Observe las imágenes que ilustran este artículo: ¿nota alguna diferencia entre cada pareja de mujeres que están retratadas? Si le dijeran que una de ellas es la empleada del servicio y la otra su patrona, ¿podría a simple vista indentificar cuál es cuál? ¿Cómo lo sabría?Este es el juego que proponen la artista Cartagenera Ruby Rumié y la fotógrafa inglesa Justine Graham, en la instalación fotográfica ‘Lugar Común’, una de las obras que se exhibe por estos días en la Primera Bienal de Arte Contemporáneo que se realiza en Cartagena.Se trata de un ejercicio en apariencia sencillo que va más allá del arte, por que se adentra en aspectos etnográficos, culturales, sociales y raciales. Una propuesta que tiene como eje la relación de trabajo en el ámbito doméstico entre el ama de la casa y su empleada.El proyecto fue realizado en tres países y cuatro ciudades. Buenos Aires, Argentina, Santiago, en Chile y Bogotá y Cartagena, en Colombia, con un total de cien mujeres, es decir, cincuenta parejas de amas y sus ayudantes domésticas.El registro final del ejercicio es esta serie de fotos que dejan un trasfondo que, en palabras de la propia Rumié, “induce a que el espectador tenga que buscar en sus códigos sociales para adivinar quién es quién. Para resaltar las características de cada mujer y debilitar la posible relación jerárquica”.La obra expuesta en la Casa 1537, una antigua edificación de Cartagena, está compuesta por un mosaico de fotografías de unos diez metros de alto, por seis de ancho en los que aparecen, en gran formato, las imágenes de las 'amas' y sus empleadas. La secuencia comienza en la parte superior del mosaico mostrándolas de espalda para luego terminar en la parte inferior con las fotos de las mismas parejas, mirando de frente.Ruby Rumié, al igual que su socia del proyecto, se han interesado en sus obras por desarrollar propuestas de contenido político relacionados con la psicología colectiva y el cuestionamiento a taras sociales heredadas culturalmente. La artista sonríe en medio de la sala de exposición mientras explica que el proyecto surgió en Chile, donde reside al igual que su socia, la fotógrafa, Justine Graham. Como ambas son extranjeras en Chile se percataron de que cuando se presentaban ante la gente, sentían de inmediato una especie de escaner visual muy sutil de parte de las personas, como tratando de ubicarlas en una escala social, cultural e intelectual. A las artistas les pareció interesante tratar de develar esos mecanismos e ilustrarlos a través del arte. “Ese era nuestro reto. Cómo mostrar algo que está ahí, pero de una manera ligeramente diferente, para poder hacerlo visible. Entonces ideamos una situación que sirviera como un detonante”.Para la artista la obra está en relación con aspectos del periodo colonial, en especial con las consecuencias que ha dejado en nuestra cultura. “Es una herencia que dejó aspectos nefastos; por ejemplo, una estratificación social marcada. En nuestra propuesta quisimos invitar a este grupo de mujeres a que compartieran una experiencia diferente en el taller de una artista, como un espacio neutro, para que estuvieran en un ámbito diferente al del trabajo cotidiano”, explica.La metodología incluyó la realización de un cuestionario, con preguntas que tenían el propósito de establecer puntos comunes entre la pareja de mujeres participantes. Entre tanto, para hacer las fotografías, las artistas se propusieron reflejar de “manera digna”, a cada mujer presentándolas a todas en la misma posición, con una misma camiseta blanca, con el mismo telón de fondo, iluminación y postura.El cuestionario iniciaba con preguntas sencillas referentes a los datos personales de las participantes, para luego ir entrando en preguntas, más íntimas, como por ejemplo, cuál es la revista o el libro que tiene en su mesita de noche. “De repente encontrábamos que ambas leían la revista Caras o la revista Hola y ellas no tenían idea de que compartían ese mismo gusto”, dice la artista.También se les preguntaba cuándo fue su primera mestruación y cuándo tuvieron su primera relación sexual. “El cuestionario generó entre las mujeres un diálogo distinto al que mantienen en lo cotidiano y les permitió relajarse para el momento de la foto”, agregó Rumié.Las mujeres fueron fotografiadas de frente y de espalda, pero también de perfil, aunque dichas imágenes no están en la exposición. “La razón de porqué las mostramos de espalda y de frente es porque creemos que el cuerpo cuenta la historia de las mujeres. En el cuerpo quedan también las huellas de una vida tantó física como emocional”, dice Rumié.Uno de los fenómenos que la artista señaló como relevante se dio justo en el momento de hacer las fotos. “Lo que se notaba muy fuerte es que la ‘nana’ se disminuía ante su patrona, entonces era una situación interesante para ellas, porque era como decir: aquí venimos como mujeres independientemente de nuestra condición social, etnografía, cultura, edad, etcétera”. Otra situación reveladora se dio cuando les propusieron a las mujeres retratarse de perfil mirándose a los ojos, unas a las otras. Rumié aseguró que fue una situación muy complicada conseguir que se pudieran mirar a los ojos. “Tiene que ver con esa herencia colonial, la sirvienta no puede mirar a los ojos a su ama. Hubo casos en que la mujer lloraba y se tapaba los ojos o reían sin control, presa del nerviosismo. Entonces resultaba interesante cómo, a través del arte, se les podía proponer a ellas una situación que planteara un cambio en esos paradigmas, pero también abre nuevos interrogantes”. Para hacer la convocatoria se partía del principio de que tanto el ‘ama’ como la empleada debían consentir en hacer el ejercicio artístico. En Santiago, Buenos Aires y Bogotá, las amas de casa consultaron a sus empleadas, pero en Cartagena, estas traían a sus empleadas sin avisarles. “Pero se daba un matiz en la relación entre esta ciudad y es que había un gran cariño entre empleada y dueña de casa. También se daba el caso que ambas llegaban con el mismo peinado o con el mismo color del labial. Esto no lo habíamos contemplado en el ejercicio, pero lo incorporamos al proyecto”, agregó Rumié.En su ejercicio, las artistas querían poner en cuestión los paradigmas sociales que se dan en las sociedades latinoamericanas. “Generalmente escuchamos a la gente decir yo no soy racista, yo no soy clasista, no tengo prejuicios de ese tipo, pero cuando vemos este tipo de fotografías, inconscientemente afloran paradigmas que están en nuestra memoria y que nos llevan a crear estereotipos de quién es quién de acuerdo a ciertos patrones físicos”, concluyó.

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