Crítica: y Arturo dominó la espada

Junio 04, 2017 - 08:35 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez / Especial para Gaceta
el rey arturo 2017

La versión de Ritchie del rey Arturo se mueve entre la leyenda y nuevos ingredientes mágicos que la acercan a películas estilo Harry Potter.

Especiales para El País

Muchos conocemos la historia del joven que pudo sacar la espada clavada de una piedra y que con el tiempo se convertiría en rey, en uno justo, valiente y respetado. Se trata del rey Arturo, un personaje mítico que se reclaman las tradiciones inglesa y romana como el héroe que dirigió a un grupo y defendió a su tierra de las invasiones extranjeras.

A su alrededor se han contado muchas versiones literarias y cinematográficas que han plasmado su valentía y su solidaridad. Pero el halo que envuelve a Arturo tiene también mucho que ver con el mundo de los caballeros y la fraternidad: Él y sus Caballeros de la Mesa Redonda son una cofradía legendaria (y casi similar a la de Robin Hood). Entonces la historia se torna aún más interesante.

Sin embargo Guy Ritch, el director inglés (‘Snatch: cerdos y diamantes’ y que poco después haría su propia adaptación de ‘Sherlock’), se esforzó en sazonar la leyenda con más ingredientes, incluso bizarros, dando como resultado una película llena de pirotecnia pero nada más.
‘El rey Arturo: la leyenda de la espada’ empieza mostrándonos un reino donde magos y reyes están en guerra.


En este universo, un hermano ambicioso pacta primero con un mago y después, con la oscuridad, ofreciendo un sacrificio grande a cambio de quedarse él con el trono.

Como consecuencia de esto, los reyes y padres de Arturo, quien para ese momento no tiene más de dos años, son asesinados y el niño es llevado lejos, donde finalmente crece gracias al cuidado de las prostitutas de un burdel (¿un burdel? Sí… pero esta no es la única rareza que encontraremos en esta versión).

Allí crece el joven y, al mejor estilo de un súbdito oprimido, sufre las vilezas de un rey lejano que maltrata a su pueblo y los deja a merced de los invasores. En aquel medio adusto se convierte en un gran luchador y en astuto negociador. Entonces, por azares de la vida es reclutado y llevado como prisionero a Camelot, donde aún yace la espada del antiguo rey, incrustada en un piedra.

En el reino siempre se ha escuchado el rumor, que quien saque aquella espada será el rey y nadie podrá oponerse a ello. El tío-rey también lo sabe y a partir de ese momento hará todo por evitar que le quite su trono. Todo.

Por eso esta versión se esfuerza por sorprender con muchos, nuevos e innecesarios elementos que emergen sobreponiéndose sobre todo lo demás. Entre ellos, una maga joven reemplaza a Merlín en su rol de personaje mentor que guía y enseña a Arturo a dominar la espada llamada Excálibur, que se revela ante él llena de magia y poder pero también como una llave que abre las puertas de un pasado que le duele y asusta.

Así, la versión de Ritchie del rey Arturo se mueve entre la leyenda y nuevos ingredientes mágicos que la acercan a películas del estilo de Harry Potter, pero conservando la atmósfera de una épica, de peleas magníficas del estilo de ‘300’, por ejemplo.

Estas licencias dramáticas que Ritchie se toma por su cuenta, más como un acto de rebeldía injustificada que como una adaptación creativa, tienen un agridulce sabor de engaño. Valiéndose de una gramática visual repetida y por ratos aburrida, la trama avanza a trompicones entre un pasado y un presente explosivos, pero escasos. Incluso encontremos repetición de secuencias y de recursos.

Charlie Hunnam (‘Cold mountain’, ‘La cumbre escarlata’) en el papel de Arturo y Jude Law (‘Closer’, ‘Alfie’ y ‘Sherlock’), como el tío Vortigern protagonizan una rivalidad de sangre, similar a la de un conflicto shakesperiano, sin entrar por supuesto en la honduras dramáticas del caso. El tío enfermo de poder, pacta con la oscuridad sacrificando a sus seres queridos a cambio de poder derrotar a un Arturo que con espada en mano luce más poderoso que Thor.

Este asunto de licencias poéticas desbordadas ya lo habíamos visto con sus versiones de Sherlock, a quien terminó perfumando con aromas de superhéroe tergiversando su estilo original.

Por lo demás, ‘El rey Arturo; la leyenda de Excálibur’ termina siendo una película de aventuras entretenida para quienes estén buscando una historia nueva que poco o nada tiene que ver con su mito originario. A fin de cuentas esta versión tiene mucho que ver con la magia negra, bichos enormes y promesas de enfrentamiento que no se cumplen.
De la misma reforzada manera, conocemos a los caballeros que lo acompañarán en su aventura quienes llegan a su vida de un modo casi fortuito, congruente con el argumento de una película donde las explicaciones son inexistentes porque nadie se pregunta nada.

Arturo obtiene las respuestas a su oscuro pasado de manera casi mística y la historia concluye similar a como arrancó: casi sin darnos cuenta.

Sin embargo algo si queda claro, el terreno está preparado para que la saga del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, ruede por las salas de aquí en adelante.

*@kayarojas
Docente Universidad Autónoma de Occidente.

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