Crítica: Un cine que hace bien

Junio 21, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez l Especial para GACETA
Crítica: Un cine que hace bien

‘Gente de bien’ es el primer largometraje del colombiano Franco Lolli, un director quien, desde sus cortometrajes, ha apostado por las anécdotas sencillas de la gente normal. Ahí está la riqueza de su cine. En eso, y también en su gran destreza cuando de dirigir actores se trata. Un cine orgánico, generoso y honesto.

‘Gente de bien’ es el primer largometraje del colombiano Franco Lolli, un director quien, desde sus cortometrajes, ha apostado por las anécdotas sencillas de la gente normal. Ahí está la riqueza de su cine. En eso, y también en su gran destreza cuando de dirigir actores se trata. Un cine orgánico, generoso y honesto.

Eric (Brayan Santamaría) es un niño bogotano que vive con su mamá en un barrio periférico en el que se desenvuelve con autoridad y soltura.  Esta cotidianidad cambia  a pocos minutos de comenzar la  película, cuando su mamá lo deja al cuidado de un padre lejano llamado Gabriel (Carlos Fernández Pérez) y que se gana la vida como carpintero. 

Así Eric y su perrita Lupe quedan bajo la autoridad de este hombre bueno que vive en un cuarto de una pensión del centro y que, no tiene otra alternativa que llevar al niño a un apartamento del norte de la ciudad donde está terminando unos muebles. 

Entonces empieza ‘Gente de bien’ una película que sin necesidad de contar una trama grandilocuente, encuentra en las relaciones que se establecen entre este par de universos representados por los niños de diferentes clases, su mejor premisa dramática.  

Nada de lo que ocurre en estas dos horas de duración está fuera de nuestra cotidianidad ni es extraordinario.  Todo lo contrario, incluso ya puede habernos ocurrido,  bien a nosotros, bien a nuestro lado.  Pero pocos saben ver la vida y narrarla de la manera como lo hace Franco Lolli, por eso es el director que es, y eso que solo tiene 32 años.  Pero su edad no ha sido un pretexto  para tropezar en errores de principiante, ni tampoco se ha valido de ellos para lanzar gritos de rebeldía ordinarios y directos.

Su estilo, más bien, va por otro lado. Uno igual de crítico pero menos obvio. Franco Lolli es colombiano pero tiene fuertes nexos en Francia que saltan desde sus producciones y sus referentes. Y aunque fue allí donde estudió su carrera de cine y donde ha pasado parte de su vida,  no por eso ha perdido el rumbo del camino que le interesa recorrer, al menos como director.  

Antes de ‘Gente de bien', su ópera prima, Lolli ya había empezado su recorrido con dos maravillosos cortometrajes: ‘Como todo el mundo’ (2007) ganador del gran Premio del 30º Festival International de Cortometraje – Clermont-Ferrand de Francia. y ‘Rodri’ (2012), este último basado en la vida de su propio tío, quien actúa al igual que el resto de la familia de Lolli. 

Esta misma frescura que pudimos ver en sus dos cortometrajes, es palpable también en esta producción  donde el director sigue  apostando por los actores naturales (y también por su familia) y “quema” mucho material, rodando una y otra vez. Repitiendo cada escena las veces que sea necesarias hasta lograr encontrar el momento perfecto en que los protagonistas están en el ánimo perfecto.  

Por eso en ‘Gente de bien’ la vida emerge y se convierte en cimiento de cada una de las escenas de esta película que sin exponer grandes peripecias nos mantiene conectados desde nuestra esencia  a partir de las situaciones diarias. 

Los juegos de los niños, el sutil control ejercido por una madre separada (Alejandra Borrero) a cargo de dos hijos caprichosos y el tacto con el que Gabriel intenta acercarse a un niño con el que nunca ha convivido, hace parte de los hilos narrativos que sostiene la trama de una historia que sin duda nos convoca y nos habla de Colombia.  

Cosa que sabe hacer muy bien su director, quien aporta mucho de su vida y de su historia con una generosidad dramática que le agradecemos los que amamos esa parsimoniosa cotidianidad en la que aparentemente no pasa nada, pero pasa de todo.  De eso ya habíamos tenido una probada en ‘Rodri’, en las charlas largas de sobremesa en la finca donde las criticas, los regaños y la infelicidad se endulzan con las tonadas del cumpleaños feliz. Una producción que ha despertado risas y tristezas por igual, dependiendo solo del cristal por el que se mire.   

Como escenario ideal para nutrir su trama y exponer al máximo las tensiones de ‘Gente de bien’, Lolli encontró en las fiestas de fin de año la excusa perfecta para trasladar las dinámicas bogotanas a un finca familiar de clima caliente donde terminan siendo llevados también Gabriel y Eric.  

Sin embargo, el viaje que emprende este niño es mucho más lejano y profundo. Un paseo que lo confronta con su realidad y lo obliga hacerse preguntas  que ni el mismo sabe contestar.  Esas que no entiende y que tienen que ver con la desigual económica, con el abandono de su madre y con no encontrar su lugar con su padre. 

Entonces desde la mirada de Eric es fácil comprender porque Lolli pensó en Truffaut y ‘Los 400 golpes’, donde también encontramos a un niño que intenta acomodarse al mundo y donde todos intentan mostrarle la mejor manera de vivir, involucrándolo en su mundo adulto. 

Al igual que este, Eric enfrenta pérdidas y renuncias que lo llevan a entender que las comodidades que vive son de una vida prestada, porque él es y seguirá siendo una carga primero para sus padres y también para la familia con la que es obligado a compartir.  En este terreno de derechos adquiridos porque sí se mueven las dinámicas en las que un niño pobre participa en un aparente tú a tú, pero donde siempre terminará marcándose el “aquí no te metas porque no cabes”. 

Esta es ‘Gente de bien’, primer largometraje del colombiano Franco Lolli y que por las sinrazones comerciales de las salas caleñas de cine, apenas si fue exhibida durante dos semanas.  Lástima, porque ésta es una de esas producciones buenas y bien dirigidas que vale la pena verse, no solo por pertimiento sino por vivir el agradable descubrimiento de otra de las caras del cine nacional.   

Claudia Rojas es docente Universidad Autónoma de Occidente l @kayarojas

 

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