Crítica: 'Últimos días en el desierto', reciente película de Rodrigo García

Crítica: 'Últimos días en el desierto', reciente película de Rodrigo García

Agosto 18, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez / Especial para GACETA
Crítica: 'Últimos días en el desierto', reciente película de Rodrigo García

'Últimos días en el desierto', película dirigida por Rodrigo García el hijo de Gabo.

'Últimos días en el desierto' es la película más reciente del director Rodrigo García. Protagonizada por Ewan McGregor, la película supera el pasaje del evangelio y nos muestra a un hombre que cruza el desierto en una búsqueda de respuestas que le permitan encontrar su misión.

Jesús camina por el desierto solo.  Se resguarda del sol con la ropa que lo cubre y avanza. Sobrelleva las noches heladas cubierto sólo con la ropa que lo acompaña y despierta sobresaltado.  

Al día siguiente la secuencia se repite: Jesús, el desierto, el sol, la noche, la soledad, el silencio.  Así durante varios días, cuarenta según el evangelio. En los tres últimos puso su atención  Rodrigo García para contar una historia que lleva por nombre ‘Últimos días en el desierto’.

Así avanza rumbo a Jerusalén, en un ayuno prolongado, encontrándose en medio del desierto con una familia conformada por padre, madre y un hijo adolescente que quiere cambiar su destino pero siente sobre sus hombros la responsabilidad de ser un buen hijo y cumplir los deseos de su padre. Esto le suena a Jesús.  De alguna manera las piezas del rompecabezas empiezan a encajar y aquel viaje iniciático adquiere su completo sentido.   

La producción que tiene por protagonista a Ewan McGregor nos muestra a un Jesús rumbo a Jerusalén que a su paso se encuentra no solo con el silencio de un padre que no responde a sus llamados, a sus súplicas, a sus temores.  

[[nid:568396;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/08/p12gacetaagos21-16n1photo02.jpg;left;{El director García Barcha no quería mostrar al Jesús divino, elevado, sino uno más cercano.Especial para GACETA}]]En su lugar el demonio (interpretado por el mismo McGregor) lo acecha, lo cuestiona y lo reta.  Jesús responde, no con la divinidad que yace bajo su piel sino desde su humanidad, contestando con la certeza del que se sabe amado y siguiendo el instinto de su corazón.  

Por eso se queda junto a esta familia y de alguna manera se convierte en su compañía y en su rutina, para reírse con el joven, para escuchar las preocupaciones del padre, para consolar a la madre. 

Como hombre, no como Dios. Esto siempre fue importante para su director.  

Esto fue lo que movió a García Barcha a hacer esta película.  Como él mismo lo manifestó en un conversatorio que tuvo con estudiantes de diferentes universidades al que asistimos, no quería mostrar al Jesús divino, elevado, como nos lo han mostrado algunos directores, sino uno más cercano con el que pudiéramos conectarnos de otra manera.  

Nunca tuvo un propósito religioso explícito y sin embargo, la película toca las esferas más íntimas de aquel que se sabe poseedor de una misión. De aquel que empieza a descubrir que tiene la facultad de cambiar los destinos solo con una acción.

Pero, ¿acaso no todos tenemos esta capacidad?  Tal vez sí.  Por eso García explora un Jesús que desde su humanidad transforma a quienes se cruza en su camino. Una familia en la que ve la suya: A un padre abnegado y entregado al cuidado y bienestar de su esposa y de un hijo que ha asumido como suyo aún  sin serlo,  a una madre sumisa y enferma que pese a todo no se queja y a un muchacho que siente la culpa de no ser buen hijo por querer seguir el llamado de su corazón. 

“García no quería mostrar al Jesús divino, elevado, como nos lo han mostrado algunos  directores, sino uno más cercano con el que pudiéramos conectarnos de otra manera”.

Así la historia nos propone dos tramas, la de la familia y la del Mesías que se enfrenta con el demonio o bien con sus temores, sus fantasmas, sus dudas. Fantástico McGregor que en sus dos roles trasmite emociones distintas, entonaciones y miradas, haciéndonos olvidar, por momentos,  que se trata del mismo actor

El conflicto que nos presenta, tan universal y atemporal como el desierto en el que el tiempo no pasa, fue lo que sedujo a García.  Él, en cuya cinematografía siempre ha tenido una exploración al universo femenino con películas como ‘Cosas que diría con sólo mirarla’ (2000), ‘Nueve vidas’ (2005) ‘Madre e hija’ (2009), aclara que son los conflictos humanos más que los géneros lo que lo seducen.

También admite que es su esencia de padre, hijo y amigo lo que lo ha llevado a contar las historias que cuenta y dejar una parte suya en ellas, en sus personajes y en sus dramas. Eso más que ser colombiano, mexicano y norteamericano.  Eso es lo que lo que ha permitido transitar de la pantalla grande a la chica, donde ha escrito y dirigido varias series entre ellas ‘En terapia’ (2008) y varios episodios de otras como ‘Dos metros bajo tierra’ (2005) y ‘Carnaval’ (2006).

Ahora con ‘Últimos días en el desierto’, Rodrigo García vuelve a mostrarnos porqué es un director para seguirle la pista.  Uno que se sale de su zona de confort y que como guionista de sus propias películas es capaz de resolver sus preguntas más existenciales, aquellas que tocan el corazón llegando a parecer incómodas.  Así como tocó el tema de la maternidad con diferentes matices en ‘Madre e hija’, ahora encara la paternidad y, con ella los temas de la aceptación, el perdón  y del adiós.   

La grandeza de su escritura y de su cine no está solo en la audacia para encontrar los conflictos, también yace en  convertir los escenarios en parte de su trama, tal como lo hace con el desierto en su última producción.  Después de todo, como dice él, el desierto siempre ha estado y seguirá estando. Por eso su última escena es la que es.

Rodrigo García logra superar lo obvio, esquiva el lugar común y no se aprovecha del diálogo melodramático como una salida fácil.  Muestra de ello es lo ocurrido en ‘Últimos días en el desierto’, en la que evita los diálogos “iluminados” y nos deja ver a un Jesús que habla como los demás, y da un paso más allá de las escrituras. Así  dialoga con el presente, imaginando una historia que bien pudo ocurrir y que nos permite disfrutar con los diálogos profundos a los que nos tiene acostumbrados.  Maravillosa ‘Últimos días en el desierto’; maravilloso García. 

@kayarojas   / Docente Universidad Autónoma de Occidente

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