Crítica a película 'Taxi Teherán'

Mayo 15, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez | Especial para GACETA
Crítica a película 'Taxi Teherán'

Ganadora del máximo galardón en el último festival de cine de Berlín, está dirigida y protagonizada por Jafar Panahi, quien ha sabido arreglárselas para seguir filmando a pesar de la prohibición del gobierno. Esta vez como conductor de un taxi.

Parece mentira que todavía hoy existan gobiernos que consideren enemigos a sus artistas y busquen la manera de silenciarlos de la manera que sea.  Vetos, encarcelamientos y amenazas son parte de las prácticas intimidantes con las que se busca callar a los molestos denunciantes.  Y claro, el viejo truco de darles dónde más le duele: En la prohibición de realizar lo que mejor saben hacer, ¿o sería mejor decir en lo único que saben hacer?

En este sentido, ¿qué peor castigo podría recibir un director de cine que prohibírsele hacer películas?  Con esto ha tenido que vivir el iraní Jafar Panahi  seis años y todavía le faltan catorce.  Todo empezó con una detención que convertiría en un encarcelamiento del que no fue liberado pese a las varias cartas que enviaron actores, directores y productores no solo iraníes sino del todo el mundo.  

Todo fue inútil y aquel arresto solo terminaría 88 días después  gracias a la huelga de hambre, de diez días, a la que sometería Panahi y a la altísima fianza que tuvo que pagar.  Su salida, sin embargo vino acompañada de una condena de veinte años sin poder filmar y seis de arresto domiciliario, todo, amparados en el supuesto delito de actuar contra la seguridad nacional y hacer propaganda contra el estado.

Quienes lo condenaron creían que su suerte estaba echada y que no le quedarían más ganas de rodar… ¡Que lejos estaban de tener la razón!  Todo esto en lugar de detenerlo, se ha convertido en un estímulo creativo para el director que ha empezado a encontrar formas creativas de rodar sin ser descubierto.  

Así, Panahi se ha valido de dispositivos móviles, guiones leídos, puestas en escena narradas y las llamadas telefónicas para construir sus historias y película.  La  primera de ellas fue el documental ‘Esto no es una película’ (2011) codirigida con Mojtaba Mirtahmasb, muestra la cotidianidad  de su encierro esperando recibir una respuesta a su apelación, sus ansiedades y su frustrante deseo de filmar y no poder.  Este trabajo logró salir al mundo  en un dispositivo digital que Panahi y sus amigos ocultaron dentro de un pastel. 

Poco después vendría Pardé, conocida también por el nombre de ‘Cortina cerrada’ (2013) una mezcla entre documental y ficción.  

Ahora, tres años después Jafar Panahi sorprende con su ‘Taxi Teherán’ una película grabada por completo en el interior de un taxi donde él mismo hace el papel de conductor  mientras se mueve por  la capital iraní transportando todo tipo de pasajeros.  De nuevo Panahi nos seduce y confunde en una película donde la ficción y el falso documental comparten sillón a través de personajes que no sabemos bien si actúan o son ellos mismos y que, en calidad de pasajeros, se topan con el director en un trayecto.  Algunos de ellos incluso lo reconocen llegando a hablarle de su oficio de director y de los días que pasó en prisión.   Y mientras tanto la cámara permanece quieta inmóvil, frente a ellos permitiéndonos muchas veces suponer que sucede solo por diálogos que ocurren fuera de cuadro. 

Este recorrido a través de las calles de Teherán nos permite adentrarnos en una sociedad que habla ajusticiamientos, creencias y desigualdades.  Una ciudad donde todo puede suceder y donde los crímenes ocurren en las calles y no en las películas.  Así poco a poco los pasajeros suben y bajan y con ellos nos adentramos en sus historias y mundo, convirtiendo la película en una colección de microrelatos donde Panahi también participa de manera activa.  Una maestra, un ladrón, un par de amigas que viajan con un par de peces buscando renovar un pacto de amistad, una mujer que sigue peleando por la libertad de un preso político y un vendedor de películas piratas hacen parte de ellos. 

Sin embargo la película da un giro muy interesante cuando Panahi recoge a  su sobrina, una niña cerca de los 12 años, quien está interesada en hacer una película como parte de un proyecto escolar.  Con lista en mano la niña expone los lineamientos que debe tener una película iraní según el gobierno actual. Entonces emerge la crítica y la denuncia,  la absurda censura que tiene la producción cinematográfica en su tierra y de esta manera convierte a su película en el más bello manifiesto de libertad y expresión. 

Con la cámara ubicada en la parte delantera del taxi y moviéndola a conveniencia para mostrar sus pasajeros, ‘Taxi Teherán’  nos hace recordar a los relatos de Jim Jarmusch en ‘Noche en la tierra’ (1991), producción en la que asistimos a relatos de  cinco taxistas en diferentes ciudades del mundo. 

‘Taxi Teherán’ obtuvo el Oso de oro que se le otorga a la mejor película en  en el Festival de cine de Berlín efectuado en el primer trimestre del año.  Premio que fue recibido por su sobrina, puesto que el director aún continúa  sin poder salir del país.  Una película para no perderse, no solo por la gran historia que ofrece sino por el acto heroico que demuestra el clásico refrán del ‘Querer es poder’ en un director que nos sigue demostrando que es posible hacer cine en un país que le tiene prohibido pensar distinto.

*Docente Universidad Autónoma de Occidente

@kayarojas

 

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