Con una exposición, el mundo recuerda a Roberto Bolaño diez años después de su muerte

Abril 23, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Wílmar Cabrera - Especial para Gaceta
Con una exposición, el mundo recuerda a Roberto Bolaño diez años después de su muerte

Roberto Bolaño, escritor y poeta chileno (1953 - 2003)

Visitar la exposición Archivo Bolaño: 1977-2003, que estará abierta hasta el 30 de junio en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, y que luego irá a Nueva York y Madrid, es como entrar en un túnel que conduce a la mente del escritor chileno, reconocido por novelas como ‘Los detectives salvajes’ y ‘2666’. Homenaje.

Roberto Bolaño está sentado sobre una silla de madera que parece no ofrecer ninguna comodidad. Delante del autor chileno, sobre la superficie de un escritorio, que casi llena toda la habitación, hay una cantidad de hojas, libretas, papeles, cuadernos, anotaciones, libros abiertos, libros cerrados, diccionarios que se levantan uno encima de otro y forman una Torre de Pisa; un cenicero con cuatro o cinco colillas apachurradas, un antiguo computador de culo grande y una impresora que le sigue en tamaño. Roberto Bolaño, con camisa de cuadros, en su estudio de la calle del Lloro, 23, en Blanes, mira directo a la cámara que tomó esa fotografía detrás de sus gafas y un esbozo de sonrisa comienza a dejarse ver en su cara. Lo veo y me imagino que esa pequeña alegría no es por querer ser cómplice y hacerle el juego a quién captó esa imagen para la posteridad —que es hoy— sino porque en que su cabeza quizás comenzara a tejerse la historia de un cuento. O, tal vez, porque en ese momento, un párrafo mal escrito se aclarara en su cerebro. O porque encontrara, en ese preciso instante, el final para una de sus novelas.Eso era Bolaño, un escritor de tiempo completo. “De los de antes”, dirán los nuevos y viejos críticos. Bolañistas y bolañólogos. Del tipo que 24 horas al día pensaba en sus textos. De los que escribían, pero lo más importante, de los que corregían más de los que se escribe, porque en la reescritura está la razón de este oficio. Eso, precisamente, es lo que recuerda la exposición ‘Archivo Bolaño: 1977-2003’, que está abierta en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) hasta el 30 de junio y luego visitará Nueva York, en otoño de este año, y Madrid, en 2014. Carolina López, la viuda del escritor, explica que “esta es una primera aproximación al contenido personal del archivo personal de Roberto Bolaño”. Después de la muerte del autor latinoamericano, dice, no fue sino hasta 2006 que se inició el trabajo de ordenación y clasificación de toda la documentación que compone el Archivo Bolaño. El principal criterio de clasificación fue mantener el orden en el que el escritor organizaba sus papeles: carpetas con título, sin título, recicladas de otras obras, pilas de papeles sin un orden específico, cajas repletas de libretas, revistas, recortes de prensa y recopilación de obra grapada dando forma a posibles libros.La numeración de los distintos archivadores responde al criterio descrito, que no ha dejado de resultar complicado, al intentar enumerar los materiales por géneros, pero que, al mismo tiempo, ha aportado una valiosa información del proceso creativo del novelista chileno.Divida en tres áreas: ‘La universidad desconocida’. Barcelona, 1977-1980; ‘Dentro del caleidoscopio’. Gerona, 1980-1984; ‘El visitante futuro’. Blanes, 1985-2003, la muestra —que contó con la curaduría de Juan Insua y Valerie Miles— reúne fotos, apuntes, recortes de periódicos, ideas, videos, objetos personales, entrevistas y, sobre todo, libretas y libretas y más libretas del autor de novelas como ‘Los detectives salvajes’ o ‘2666’, que han sido traducidas a 37 lenguas. Son testimonios físicos del escritor que nació en Santiago de Chile en 1953, que viajó por Latinoamérica y vivió en México, y que murió en el hospital de Vall d’Hebron, en Barcelona, a causa de una crisis hepática, en 2003. Del tipo que nunca, mientras estuvo vivo, dejó de escribir.La exposición recibe a los visitantes bajo el lema “Déjenlo todo, nuevamente. Láncense a los caminos”, sacado del Manifiesto Infrarrealista que Bolaño redactó en 1976 y que también en la muestra se puede leer en su original, a máquina, bajo el título de ‘Las fracturas de la realidad’, con este comienzo: “No nos morimos por publicar. El fin de nuestra poesía no es ver nuestro nombre impreso. Somos aficionados a la poesía…”. El manuscrito está al lado de fotos en las que se ve al chileno comiendo “tortas de jamón”, en Ciudad de México, con su amigo Mario Santiago Papasquiaro, cómplice y cofundador del Movimiento. El Ulises Lima de ‘Los detectives’. Caminar por las tres áreas del CCCB, entre claroscuros, visitantes y las libretas, libretas y más libretas del escritor, me transporta a una sensación de estar dentro de su cabeza y saltar de una de sus ideas a otra, de la misma manera que el personaje de ‘¿Quieres ser John Malkovich?’ lo hace por la cabeza de ese actor. Aquí el título sería ¿Quieres ser Roberto Bolaño?Para serlo hay que recorrer las tres fases de la exposición. La primera: La universidad desconocida, resume el aterrizaje de Bolaño en la capital catalana. El escritor llega a esta ciudad coincidiendo con la transición del régimen franquista a la democracia. Se instala a pocas calles del CCCB, en la calle Taller, 40. Vive allí una Barcelona llena de efervescencia y libertades sociales recién descubiertas. Sobrevive con trabajos precarios y despliega una intensa actividad literaria. Escribe poemas, narraciones y diarios de vida a partir de sus experiencias como inmigrante.En la segunda fase, ‘Dentro del caleidoscopio’, Bolaño ya se ha trasladado a ese lugar donde desarrolla sus ideas sobre el estilo y la estructura de las que serán sus primeras narraciones y novelas. De esta área, junto a las libretas llenas de párrafos y anotaciones con su peculiar letra minúscula, recogida y ordenada, me llama mucho la atención la insignia de metal que utilizaba prendada a una camisa como vigilante del camping ‘Estrella de Mar’. Sobre este trabajo, Bolaño diría en una entrevista: “Es muy bueno para escribir, hay un momento en que ya no necesitas vigilar, aquello se vigila solo. Entonces tienes toda la noche para leer y escribir”. ‘El visitante futuro’ es la tercera y última parte de la exposición. Es en esta ciudad, Blanes, donde comienza la Costa Brava sobre el Mediterráneo. Bolaño consolida su universo literario con una extraordinaria producción de novelas, cuentos y poemas que finalmente lo consagran como uno de los escritores más originales de la literatura mundial. De esta época es la foto en su estudio en la calle del Lloro, 23. De esta época son las fotos en las que se ve compartiendo con escritores como Enrique Vila-Matas, Javier Cercas y Antonio García Porta, con quién escribió ‘Consejos de un discípulo de Morrison’ a un fanático de Joyce, novela que fue premio Ámbito Literario de Narrativa en 1984 y que relata las andanzas de un joven barcelonés enamorado a partes iguales de una delincuente suramericana, de la vida al límite y de la música de Morrison.“Cuando nos conocimos, teníamos 20 ó 22 años y lo que me llamó la atención, luego de ese primer encuentro, presentados por Xavier Sabaté, en Editorial La Cloaca, fue lo mucho que sabía de literatura y de otros temas. Una vez me contó que a los 14 años se escapaba de la escuela para ir a leer… mientras otros a esa edad nos escapábamos pero para jugar al fútbol”, recuerda García Porta.En otras fotos, en otros archivos digitales, se le ve recibiendo en 1998 el premio Herralde por su novela ‘Los detectives salvajes’, que también sería destacada como premio Rómulo Gallegos 1999. Eso sólo es la punta del iceberg. Pues, como dice el director del CCCB, Marçal Sintes, a lo largo de su vida Bolaño no solo escribió torrencialmente, sino que también leyó mucho, muchísimo. “En sus opiniones y juicios —agrega—, especialmente literarios, vierte una sinceridad cruda, incluso brutal. A veces llega a límites difíciles de entender si no tenemos en cuenta su compromiso insobornable por la literatura, la pasión, la visceralidad con que se consagró a ella”. Y es que Bolaño, como bien lo recuerda García Porta, “vivía la literatura en guerra cada día”.En total son 240 originales, escritos en hojas, cartapacios, libretas, libretas y libretas, un centenar de fotos y un archivo digital con las 167 entrevistas que le hicieron y que el guardaba, no por vanidad, sino por corregirse a sí mismo, para tener claro su discurso, que no es otra cosa sino trabajar su propio estilo. Ese que atrapa a todas las personas apenas leen algo del escritor, sin importar que sea ‘Reiventar el amor’, su primer libro de poemas publicado en 1976, que se ve en una de las vitrinas, a la entrada de la exposición, al lado de su portada gris, ilustrada por Carla Rippey, o si lee su más reciente novela, ‘Los sinsabores del verdadero policía’ (Anagrama, 2011). En otro apartado de la muestra, se permite husmear en una biblioteca con títulos de ciencia-ficción, que Bolaño devoraba sin cesar. Otra vitrina guarda la vieja máquina de escribir eléctrica: la Olivetti ET Personal 55. Otra muestra más de inéditos como ‘El espectro de Rudolf Amand’, sobre el que se lee la palabra “CORREGIR”. Para la viuda del escritor, la muestra reúne una pequeña parte de un fondo que cuenta con 14.374 páginas de trabajos originales, cuatro novelas, 26 cuentos inéditos, poesías, borradores y miles de cartas recibidas. “Son originales que hay que trabajar y estudiar mucho más; no tengo intención de publicar ningún inédito más hasta que se analicen a fondo”, agrega. Por eso, visitar la exposición es primordial para entender el laboratorio y el universo complejo del autor. Un mundo que se intuye también en la iconografía particular que Bolaño utilizaba para subrayar o marcar textos. El dibujo de las gafas con ojos que alertan sobre la importancia de un párrafo, un embrión, un relato. Las estrellas de cinco puntas que emergen en la mitad de una página; o las manos para leer la vida, una cabellera tirada por un par de manos que claman por recuperar disponibilidad cotidiana para leer o escribir. Esto último, una de sus principales obsesiones, como bien se lee en una de las muchas páginas de las muchas libretas, en ‘Último encuentro con Post Scriptum’: “De lo perdido, de lo dulce irremediablemente perdido sólo deseo mejorar la disponibilidad cotidiana de mi escritura”. Una frase que sirvió de epígrafe para su novela ‘Amberes’, pero que también puede tomarse como una invitación a leer o releer a Bolaño. ¿Qué espera?

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