Colombiano Carlos Granés publicó el libro: El Puño Invisible, sobre las vanguardias del Siglo XX

Colombiano Carlos Granés publicó el libro: El Puño Invisible, sobre las vanguardias del Siglo XX

Junio 24, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal | Redacción de El País

El escritor y antropólogo Carlos Granés considera que el año pasado fue de convulsiones sociales, de cierto resurgir de la protesta y de la rebelión.

Carlos Granés es un antropólogo y escritor bogotano, de ascendencia catalana, que vive en Madrid y es experto en la obra de Mario Vargas Llosa, sobre la cual escribió su tesis doctoral en la Universidad Complutense y un libro titulado La Revancha de la Imaginación. Trabaja actualmente en la Cátedra Vargas Llosa que promueve el debate intelectual y el fomento de la lectura a través de seminarios, congresos y conversatorios. Paralelamente, trabaja en la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, dedicada a digitalizar los clásicos de la literatura en español mediante convenios con las grandes bibliotecas de países de habla castellana. Acaba de publicar un elogiado e impactante libro: El Puño Invisible, sobre las vanguardias que surgieron en la primera mitad del Siglo XX —lideradas por hombres como Martinetti, Tzara, Duchamp, Breton y otros “iluminados” transgresores que quería cambiar a la sociedad de su tiempo— y que, mucho más tarde, inspiraron la Revolución de Mayo del 68 en Francia. Con este libro obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Isabel Polanco 2011.¿Por qué decidió escribir sobre el tema, un tanto olvidado hoy, de las vanguardias en el Siglo XX?Acababa de escribir un libro sobre Mario Vargas Llosa. Estaba aún fascinado con sus personajes rebeldes y quise meterme a estudiar qué elementos sicológicos, sociológicos y culturales forjaban ese tipo de personajes que deciden rechazar todo lo establecido, forjar una nueva sociedad y crear un ‘nuevo hombre’.¿Qué ocasiona que esas vanguardias surgidas en la primera mitad del Siglo XX se hubieran agotado después de la Primera Guerra Mundial?Primero, Italia vive a principios de siglo un verdadero rompecabezas político fragmentado en distintos reinos que, finalmente, había logrado unirse, pero era una nación debilitada que, en comparación con los imperios que la rodeaban, se sentía de segunda. Se crea un terrible sentimiento nacionalista, un intento por reivindicar el poderío perdido y surge una corriente muy fuerte que se llamó el Irredentismo, en el cual participan D’Annunzio, Marinetti y Mussolini. Ese deseo de recuperar el poderío de la nación le da la oportunidad a Marinetti de crear un proyecto cultural destinado a cambiar el anticuado corazón de los italianos y a renovar su mentalidad. Para lograrlo, lo principal, según él, era arrasar con el pasado, con todas las obras de arte, con las Academias que habían marcado la tradición italiana y empezar de cero, orientados por un nuevo ícono: la máquina y todos los valores encarnados en ella: velocidad, poderío, destreza, eficiencia, con el propósito de convertir a Italia en una nación poderosa que fuera capaz de detentar posesiones coloniales en África, y el Adriático, robar terreno a las naciones de Yugoslavia y vencer al Imperio Austro-Húngaro.Al Dadaísmo se le ha tenido, en círculos poco informados, como un simple movimiento pasajero, cursi, grotesco, provocador y exhibicionista. ¿Es cierto que tuvo mucha más profundidad y grandes consecuencias? Exactamente. El dadaísmo fue la reacción al Futurismo. Mientras los Futuristas eran heroicos, belicosos y nacionalistas, los dadaístas se formaron como grupo en Zurich, ciudad de un país neutral, donde estaban llegando los europeos que no estaban de acuerdo con la guerra, que no querían pelear, que no compartían las virtudes heroicas, que aborrecían el nacionalismo y que encontraron en este sitio un refugio. Allí llegaron Lenin y una cantidad de artistas y escritores, como Joyce, que escribía el Ulises. Ese movimiento fue una alabanza a la espontaneidad, a la risa, al humor, a la extravagancia y a la irreverencia, porque creía que la Europa que había conducido a la terrible hecatombe de la Primera Guerra Mundial, había sacrificado toda una generación de sus coetáneos y encarnaba los valores opuestos: la seriedad, el compromiso, el heroísmo, la trascendencia, el nacionalismo, el compromiso bélico. ¿El dadaísmo fue mutando en otras expresiones?Sí, se transforma en Surrealismo y la gran sorpresa fue encontrar que todos estos valores que promovía el Dadaísmo sobrevivieron y fueron contagiando a distintos grupos artísticos, incluso después de la Segunda Guerra Mundial, hasta que producen la explosión de Mayo del 68, y revueltas en Estados Unidos, Alemania e Inglaterra. Finalmente a los hippies y los yippies (que fueron hippies politizados). Empiezan a permear los medios de comunicación y, cuando toda esta rebeldía e iconoclasia llega a esos medios, se convierte en un producto de consumo irresistible. Los jóvenes de media humanidad se empiezan a identificar de una forma desbordada con estas nuevas actitudes, y se convierten en herederos de Dada, así no tuvieran idea de quiénes habían sido los Dadaístas.¿Es ese rompimiento el que preconiza el llamado “asesinato del padre”? Exactamente, y dura hasta hoy día, porque la juventud parece no tener freno ni saciarse de lo grotesco, de lo nuevo, de lo irreverente, de las experiencias últimas; de ahí la droga, que fue una consecuencia inesperada de las búsquedas surrealistas.¿Cómo ocurrió? Los surrealistas buscaban que la parte inconsciente del ser humano desbordara la racionalidad para buscar lo maravilloso, el erotismo y la realidad, y para que no hubiera diferencia entre el sueño y la vigilia. Los recursos que utilizaban era la hipnosis, la actitud espontánea y las parrafadas masivas, donde pretendían ventilar el inconsciente. Con el tiempo, ya no son necesarios todos esos experimentos porque se inventa el LSD, sobre la cual se hacían experimentos en Harvard, y que produce el mismo efecto pero en una forma mucho más eficaz y desbordante. Después se vuelve una droga popular que fascina y hechiza a todo el movimiento hippie.También se experimentaba con el Yagé, que está de moda otra vez. Sí, el caso norteamericano ilustra. En los años 50, los jóvenes viven una etapa de mucha euforia y de consumo de Nefedrina, un estimulante sintético con efectos similares a la cocaína; viven intensamente: juergas, orgías, desenfreno. De pronto, experimentan un vacío espiritual y empiezan a contagiarse de la filosofía Zen, y a buscar experiencias místicas a través de filosofías orientales que les den un sentimiento de trascendencia. Quizás lo que está pasando ahora con el uso contemporáneo del Yagé, es algo similar, porque la gente metida en eso que conozco, ya ha pasado la etapa de una juventud frenética y busca ahora algo que la asiente y reconforte. Supongo que tanta correría nocturna empieza a cansar porque se convierte en rutina y porque con la edad se va acabando ese ímpetu. ¿Entre las revoluciones políticas y las artísticas, del siglo pasado, por qué ganaron las vanguardias artísticas y fracasaron las revoluciones políticas, sin excepción? Esa fue la gran sorpresa. El marxismo-leninismo cambió a Rusia y a la mitad de Europa, tuvo una influencia brutal en África, transformó Asia, y en América Latina nos llenó de guerras y de conflictos internos. En 1984 Jean Francois Revel publicó ‘Cómo terminan las Democracias’, en donde advertía a las democracias occidentales que su fascinación por la Unión Soviética podía ser un arma de doble filo, porque estaba minando las instituciones ya que, poco a poco, el marxismo-leninismo se les estaba infiltrando. En 1989 y, sin previo aviso, todo empieza a desmoronarse, hasta el punto que hoy en día el comunismo es solo una pesadilla del Siglo XX. La famosa frase del filósofo marxista Marshall Berman: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, paradójicamente se aplica justamente al sistema político que ayudó a forjar su doctrina. ¿Qué gestó esa implosión del sistema? La falta de libertades, la pobreza, el tedio, la rutina, la corrupción. Había filtración occidental y la gente empezaba a saber qué pasaba en el otro lado hasta que finalmente dijo: ¡No más! Volviendo a las Vanguardias, también la hubo en la música con John Cage luego Merce Cunningham y sus experimentos en relación con el ruido y la no-armonía. ¿Qué pretendía?Cunningham sentía una gran fascinación por un dadaísta que se radicó en Nueva York y que fue Marcel Duchamp, un artista que tuvo una influencia enorme en el arte de la segunda mitad del Siglo XX y, sobre todo, en lo que se hace hoy en día. En muchas de las obras del artista francés interviene el azar y cuando eso sucede en el proceso de creación artística, el creador ya no es un yo soberano que moldea la materia porque el proceso se ha dejado en manos del azar. Ese tipo de cosas empezaron a fascinar a Cunningham que había sido alumno de Schömberg, quien desde muy temprano se dio cuenta de que no tenía tantas habilidades como compositor como de inventor. Y, en efecto, el alumno empezó a hacer experimentos con pianos alterados buscando nuevas sonoridades, para convertirlos en instrumentos de percusión, en vez de armónicos. Su gran reto era cambiar las conciencias de los occidentales para que se parecieran un poquito más a las de los orientales.¿En qué sentido?Su gran meta fue que aprendiéramos a aceptar el ruido como ruido y a encontrar valor estético en él, sin que nuestra imaginación entrara para darle orden a los sonidos y las composiciones armónicas. ¿Qué otras vanguardias se presentaron después? Después de la Segunda Guerra Mundial un grupo vanguardista muy peculiar fue el Letrismo, un intento de revivir el Dadaísmo porque algunos de sus integrantes se tomaron muy en serio lo que decía Tristán Tzara en su famoso Manifiesto: “El arte no importa. Lo que importa es la vida”. Entonces dijeron: si lo que importa es la vida, yo voy a convertir mi vida en una obra de arte. Este grupo empieza a rechazar sistemáticamente los requerimientos de la sociedad: el trabajo, el salario, la disciplina, y adopta las primeras actitudes contra- culturales europeas. Se reúne en un bar toda la noche, y consume droga, en este caso, éter, que se conseguía en las farmacias y era muy barato. Cuando había dinero fumaba hachís. Poco a poco se empieza a gestar una tribu urbana que exhibe una actitud de rechazo total a la ley, a los parámetros de la sociedad mayoritaria, en una actitud completamente contra-cultural.¿Estaba allí Guy Debord, el del llamado ‘Situacionismo’? Sí, ese grupo fue muy marginal, pero entre ellos estaba Debord, que tuvo mucha influencia y luego se inventa el ‘Situacionismo’, que poco a poco va calando, hasta que lo contactan estudiantes del Sindicato Estudiantil de Estrasburgo que aborrecen la universidad y les piden apoyo para sabotearla. Escriben un panfleto que se convierte en la primera piedra que empieza a rodar hasta convertirse en una bola de nieve y que origina Mayo del 68. Era una crítica brutal al conformismo del estudiante. Lo tildaba de “siervo del sistema”, de “esbirro de la sociedad”, lo criticaba porque estaba matando sus pasiones, sus necesidades, sus deseos y lo instaba a “despertar”. Esto empieza a producir las primeras convulsiones en Estrasburgo y en todas las universidades francesas y entra en escena Daniel Cohn Bendit, influenciado por estas ideas y también por el anarquismo, hasta que finalmente estalla la Revolución de Mayo del 68.¿En qué derivó Mayo del 68?Tuvo un resultado paradójico porque tomó todas las ideas de la Vanguardia y las convirtió en un plan de acción revolucionario que tuvo un efecto de cataclismo. Se cargaron a De Gaulle, pusieron patas arriba a Francia y recibieron una atención mediática mundial desmesurada. Querían acabar con el capitalismo, pero les salió el tiro por la culata porque los valores que promovían: el hedonismo, la diversión, el placer, el sexo, no iban en contra de la sociedad capitalista. Eran justamente los íconos de ese tipo de sociedad.Por supuesto, la sociedad capitalista, que tenía tiempo, trabajo y dinero, empezó a buscar el placer, el goce, las experiencias novedosas, el turismo. Se estaban dando revoluciones estéticas en donde, para poder venderse, un producto tenía que ser joven, audaz, revolucionario, novedoso. Se da la paradoja de que la lucha de los protagonistas de Mayo del 68 en realidad iba en consonancia con el capitalismo. Esa fue su gran derrota. Eso sí, hicieron que las jerarquías sociales se ablandaran, que la sociedad fuera mucho menos autoritaria y que se legitimara el placer.Defendieron el homosexualismo, el control natal, el amor libre y el aborto.Y resultó positivo porque amplió el espectro de estilos de vida y fue un grito libertario que ha hecho las sociedades mucho más abiertas, tolerantes y plurales.¿El movimiento de los ‘indignados’ en España, Francia, Estados Unidos, tiene alguna relación?Sí, el año pasado fue de convulsiones sociales, de cierto resurgir de la protesta. Se dieron, por un lado, el caso español de los Indignados, la Primavera Árabe y el movimiento de los estudiantes chilenos, que responden a fenómenos totalmente distintos cada uno. Quizás el de los Indignados y el de los chilenos tienen algún parecido. La Primavera Árabe es completamente distinta porque se dio contra gobiernos autoritarios, en sociedades sometidas por dictadores. Lo de ellos era un canto libertario, donde la demanda era apertura, democracia y libertad. Ese movimiento podría relacionarse más de cerca con lo que pasó en Mayo del 68 en Checoslovaquia: el intento libertario de los jóvenes, hartos de un sistema autoritario que restringe todas clase de libertades. Por el contrario, el caso chileno es el resultado de las libertades y de la riqueza.¿Una paradoja?Sí, el caso chileno se asocia más al de Mayo del 68 en Francia porque esa época tomó a los jóvenes en un momento de prosperidad económica sin igual. El Estado de Bienestar en su apogeo: las clases que antes eran pobres habían pasado a ser clases medias y registraban las ventajas de la educación. Tenían perspectivas de futuro y de progreso, pero querían más. Y eso mismo pasa en Chile donde los estudiantes ven que el estudio les permite ampliar sus posibilidades y, al no ser pobres, crecen sus ambiciones y le demandan al Estado educación totalmente gratis ¿Y el caso de España?Es totalmente distinto porque es el resultado de una sociedad empobrecida, que creía que los logros conseguidos desde la muerte de Franco, en el 75, serían eternos. Era una sociedad muy plural, muy abierta, muy influyente y próspera, que se había enriquecido rápidamente y alcanzado los niveles de vida del Primer Mundo. Hasta hace poco España era la octava economía mundial y, de pronto, se convierte en un país apestado, contagiado por una crisis financiera que ni siquiera se inicia en España, sino en el extranjero, y eso crea sorpresa e indignación porque todas las seguridades sociales se empiezan a ver en riesgo. Hoy, ante semejante crisis económica, todo está en duda. Entonces, la reacción de estos jóvenes es la contraria a la de la generación de Cohn Bendit, a la que le ofendía tanta protección y un estado burocrático que se inmiscuía en sus vidas privadas. Ellos, influenciados por Nietzche, querían aventura, riesgo, vivir apasionadamente, libertades y, sobre todo, unas vidas no tan seguras, porque eso les parecía monótono y aburrido. Ahora lo que reclaman los ‘Indignados’ es una vida segura, poder tener carro, vivienda, salud, trabajo, pensión, y no vivir en el vértigo del temor por la inseguridad laboral. Esa es la gran paradoja.

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