Catalina Holguín, una artista caleña que brilla en México

Mayo 14, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción Gaceta
Catalina Holguín, una artista caleña que brilla en México

Catalina Holguín, artista caleña.

Catalina Holguín se ha convertido en una suerte de embajadora del arte joven colombiano en México. Estuvo en el Bogotá presentando ‘Bitácoras de un equívoco’ gracias a una beca del Instituto Nacional de Bellas Artes de México. Arte en ‘miscelánea’.

El espacio era, cuando menos, curioso: un parqueadero ubicado en un sótano, en pleno centro de Bogotá. Allí, en medio de las rayas amarillas que alguna vez sirvieron para separar un auto del otro, se encontraban unos escritorios que albergaban ocho artistas provenientes de Chile, México y Colombia, todos afines al arte político. Allí, sobre ese piso gris, reflexionaban de una u otra forma sobre la globalización, el mercado salvaje, la narco-economía y sobre una idea que desde hace años flota en el imaginario colectivo de América Latina: la supuesta ‘colombianización’ de México.Que esas reflexiones llegaran hasta la Calle 11 con Cuarta, en Bogotá, a un espacio del Banco de la República, se debe a las preguntas que una artista caleña, Catalina Holguín, y otro mexicano, Arturo Marruenda, se hicieran en su propio devenir artístico en el D.F.: ¿Cuáles son las circunstancias históricas de los estados latinoamericanos en relación con el capitalismo? ¿Cuáles han sido las guerras internas que han transitado desde la época de la Colonia y se encuentran aún hoy en las relaciones de poder? ¿Qué papel han jugado los medios de comunicación y los mismos estados en los conflictos socio-políticos?Las respuestas, múltiples y variadas, fueron tomando fuerza con la ayuda de otros artistas, tanto que la reflexión se convirtió en un proyecto curatorial que, a la postre, ganó una beca del Instituto Nacional de Bellas Artes de México para realizar un proyecto binacional (Colombia-México), con un nombre que no pasa inadvertido: ‘Bitácora de un equívoco’.Quien lo cuenta, orgullosa, es justamente la artista caleña Catalina Holguín, una mujer que un buen día huyó de la publicidad para refugiarse en las aguas no menos mansas del arte. Fotógrafa, especialista en artes visuales de la Unam, Catalina lidera hace cuatro años un proyecto de arte y cultura llamado La Miscelánea en el que, junto a su socio Arturo Marruenda, ha adelantado un proceso interesante de promoción y divulgación del arte, particularmente aquel hecho por jóvenes que no siempre cuenta con espacios en las salas institucionales.Con tres espacios de exhibición en donde se presentan exposiciones de dibujo, pintura, escultura, proyección de películas, videoinstalaciones, talleres, conciertos y lecturas de poemas, La Miscelánea se ha convertido en una suerte de ‘embajada’ del arte joven colombiano. “Cada vez están llegando más colombianos a México, ya que hay muy buenas facultades de arte aquí. Muchos de ellos han llegado a La Miscelánea pues ven en este espacio una posibilidad de socializar sus trabajos. Y ha sido bonito poder tender lazos entre los colombianos y los mexicanos, y saber que los primeros encuentran en nosotros una especie de apoyo”, cuenta Catalina.Exposición en Bogotá‘Bitácora de un equívoco’ es, pues, uno de los resultados que ha arrojado La Miscelánea, un proyecto artístico pensado desde los dos países. De ella hacen parte Fernando Caridi Vergara, Andrés Jurado, Fernando Escobar Neira, Arturo Marruenda, Eloísa Mora Ojeda, Laura Valencia Lozada, Julio García Murillo y la misma Catalina Holguín quien, hay que decirlo, tiene uno de los proyectos más interesantes del grupo: durante varios años ha investigado el tema de las maquilas en la industria textil, y las relaciones de inequidad, injusticia y maltrato que ellas generan. Quizás por eso el reciente episodio sucedido en Bangladesh, en donde murieron cerca de 1000 personas cuando se desplomó un edificio en el que trabajaban maquilas que luego surten con prendas de la última moda boutiques alrededor del mundo, no la sorprende. “Qué horrible la noticia. Lo más triste es que como esa tragedia, ocurre una semanalmente. Tengo un buen archivo de notas de prensa de casos similares....”, cuenta la artista caleña.Llevado a un lenguaje más simbólico, en Bogotá, la obra de Catalina partió de un experimento que consistía en pedirles a los asistentes a la exposición que le donaran las etiquetas de la ropa. “Yo tenía listas varias cajas con los nombres de los países más previsibles como China, Bangladesh, Vietnam y así... Entonces, a medida que iba cortando las etiquetas las iba poniendo en el sitio de procedencia”, cuenta.Obviamente, las cajas de China y Bangladesh fueron las primeras en rebozarse. Hubo, también, reacciones divertidas en insólitas. “Gente que me decía le regalo la etiqueta, pero no le corte donde dice Ralph Lauren; o una señora que me dijo: mire, mi abrigo es de Vietnam, pero no le regalo la etiqueta”, cuenta entre risas. “También fue una sorpresa descubrir cómo marcas colombianas como Totto y Arturo Calle llevaban el sello ‘Made in China’.” A partir de la procedencia de las etiquetas, pero también de la casa matriz de las empresas que las encargan (tipo Zara, H&M y El Corte Inglés) y los países donde finalmente se venden las prendas, Catalina fue elaborando un mapa con hilos de distintos colores con los que trazaba las rutas de ese ‘comercio’. “Esta experiencia la he relacionado con una imagen muy bella del año 1600, de Guaman Poma de Ayala, de Bolivia; él ilustraba lo que pasaba con los indígenas en la época de la Colonia. En la imagen aparecen un sacerdote y un conquistador casi maltratando a un indígena que trabaja en un telar”, explica. Lo que busca es demostrar cómo, a través de esta revisión histórica, se hacen evidentes las prácticas de abuso del poder, que se repiten a través de los años.Segunda parteEl desenlace de la pieza, que al igual que los otros trabajos se realizará en México, debido a que es un proyecto binacional, será la realización de ese mapa en un gran telar con una comunidad indígena de Oaxaca, “a un precio justo y sin explotación”, aclara. “Creo que es un buena forma de llamar la atención sobre el tema de la moda, sobre la importancia del consumo responsable y sobre ese afán desenfrenado que parece tomarse al mundo: el de consumir, consumir, consumir”.

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