"Cali es ahora más provinciana que en los 70"

Junio 11, 2017 - 05:15 p.m. Por:
 Yefferson Ospina / Reportero de Gaceta
Gilberto Cerón

Gilberto Cerón, pintor radicado en Cali.

Jorge Orozco / El País


Cerón habla con frases cortas, cargadas de una lucidez sin complacencias, de una cierta incorrección política que puede llegar a ser incómoda por momentos, pero que también resulta siendo siempre aliviadora.

Su taller, su casa, es una casona antigua en el barrio San Fernando en la que están colgadas al menos unas 300 pinturas que recorren todos los temas que han definido su actividad: el erotismo, algunas veces brutal; la desfiguración de lo humano, el cielo, el infierno, la violencia.

Hay algo en cada uno de sus cuadros -la mayor parte son lienzos sobre un marco de madera y otros unas especies de cortinas que cuelgan sobre toda la casa- de oscuridad, de dramatismo monstruoso pero siempre humano, de angustia, de agitación.
Incluso en sus pinturas eróticas -escenas completamente sexuales en las que el placer es una forma de locura- hay una especie de desesperación, una turbación que no descansa.

Cerón explica entonces: “Para mí la pintura debe ser visceral, entrañable y auténtica y debe mostrar las circunstancias dramáticas de la existencia que son muy difíciles de explicar. Debe ser liberadora de todo lo que el ser humano es, liberadora de sus pulsiones sexuales, de sus miedos, de sí mismo. La pintura, y el arte en general, debe tender a darle libertad al individuo y a presentar toda la gran diversidad de lo que es el ser humano”.


El hombre que habla nació en Girardot y creció en Bogotá. A los 16 años empezó a ir al taller del pintor David Manzur - uno de los más importantes artistas plásticos de la mitad del siglo pasada en Colombia- y entonces supo que no haría otra cosa que pintar.
En 1978 hizo su primera exposición individual en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá y, desde entonces, el número de cuadros que ha pintado, dice, bien podría superar los mil.

“Mi vida es pintar. La mayor parte de las personas que compran mis cuadros son del exterior, pero yo no pinto para ellos. Pinto para mí, así que cada día me levanto y lo hago. Es lo que siempre he hecho y siempre voy a hacer”.

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La última exposición que Cerón hizo en Cali fue en 2013, cuando la galería Espacio 2 del sur de la ciudad presentó una muestra de sus obras.
Desde entonces ha venido trabajando en el silencio de su casa, como si mantenerse en el margen fuera una decisión, una norma de trabajo.
- Parece que a usted no le interesa mucho exponer... -pregunto.
- Lo que sucede es que mi obra no es muy comprensible para el mercado del arte, por un lado. Y por otro, Cali no tiene mercado del arte, aquí muy poca gente está dispuesta a comprar una pintura, y eso explica por qué hay tan pocas galerías.
-¿Alguna vez eso fue diferente? -pregunto.
Cerón, entonces, toma aire y lo suelta todo, lento, elocuente, como una idea sobre la cual ya hubiera rumiado demasiado y sobre la cual tuviera claras incluso las inflexiones de tono para presentarla.

“Cali era diferente. Durante los 70 Cali era la ciudad cultural de Colombia y todos los artistas, en Bogotá o Medellín o cualquier parte del país querían venir a conocer lo que se estaba dando. Pero luego apareció el cartel y la droga y entonces la ciudad poco a poco dejó de ser una urbe con objetivos gigantes y se dejó igualar por lo bajo. Todos empezaron a querer parecerse al cartel, todos, incluso la burguesía de Cali. Es en ese momento, finales de los años 80 y durante la década de los 90, que la clase media deja de tener un imaginario intelectual y artístico, para tener un imaginario de dinero, un pensamiento de cartel. La verdad es que en ese momento Cali empezó a convertirse en una provincia gigante. Para mí, Cali es más provincia ahora que en los 70”.
Al preguntarle sobre la posibilidad de revertir la situación que plantea, Cerón responde del mismo modo, lento, pero incontenible. Dice que sí, que es posible, salvo que eso requeriría toda una revolución cultural que debería empezar por el propio estado.

“Vivimos en la Cali del postcartel, que es una ciudad con dos paraísos perdidos: el de los 70 y el de los 90. Ahora, la sociedad padece un estado de estancamiento. Todos necesitamos del arte para vivir, de la experiencia estética o artística para vivir, pero en el estado en que estamos, el televisor le suple esas necesidades a las personas, a los jóvenes, a los niños. Hay que empezar a abrir ventanas, sitios en los cuales se pueda observar el arte, hay que llevar el arte a los colegios, mostrar lo que se ha hecho y lo que se hace en Cali en los colegios, en los parques, para que la gente aprenda a salir de su obviedad y su elementalidad. La ciudad debe recuperar la tradición que tenía de los años 70, porque todo ese grupo de artistas se está perdiendo. Recuperar esa tradición debe ser el punto de partida para renovar la ciudad. Ah, se requiere voluntad política e ideas, y parece que quienes nos gobiernan no tienen ninguna de las dos”.

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Cerón lee a Whitman, a Borges, a los griegos, y admite la profunda influencia de Picasso y de Francis Bacon en sus pinturas. En sus obras puede apreciarse el completo manejo de la técnica y una tendencia a superarla, a ir más allá de lo que es figurativo para formar imágenes sugestivas, pulsaciones gráficas, irracionales.  Es una pintura que, como sus maestros, reivindica aquello que escapa a la razón en el hombre, aquello que vive en él pero que no puede captar plenamente, que no puede explicar plenamente.

Hubo un tiempo, dice Cerón, en que la religión permitía explicar todo lo que no era accesible y por eso fue importante, tanto como la superstición. Pero el papel de la superstición y el de la religión, continúa, ya debe pasar.

“Porque ahora hemos comprendido que es el arte el que debe servir, no tanto para explicar, sino al menos para mostrar, para tratar de presentar todas esas circunstancias dramáticas en las cuales el ser humano está envuelto”.  Y en ese propósito, agrega, el artista debe tender todos los días a la perfección del conocimiento y el dominio de su técnica.
“Yo no creo en esa ola conceptual que dice que la técnica no tiene nada de importancia. Para mí no es así. Muchos pueden no estar de acuerdo conmigo, pero yo creo que los museos de arte contemporáneo son una burbuja, están llenos de basura, y el tiempo se encargará de demostrar que no le dicen nada al ser humano”.

Sin embargo, sí cree en las posibilidades de expresión que las nuevas tecnologías han traído consigo para los artistas. Cerón ha practicado la fotografía digital y el video, y en su canal de youtube pueden encontrarse algunas de las instalaciones artísticas que ha dirigido. Una de ellas se titula ‘Al inventor del mar’ y es un homenaje rendido al pintor Alejandro Obregón en el que hay danza, recital de poesía, música y pintura, realizada en Bogotá en mayo de 2012.

Gilberto Cerón

Su pintura tiene una fuerte orientación al erotismo.

Jorge Orozco / El País

- Hay un interés muy marcado por el erotismo en su obra...
- Sí, lo hay, creo que es heredado de los griegos. Pero por otro lado, es también una expresión de mi defensa del individuo y la libertad individual.
- ¿Por qué?
- Porque todos los sistemas represivos han atacado siempre la sexualidad, y eso porque el erotismo es liberador y es de algún modo una forma de conocimiento. El sexo es la fuerza que todo lo produce, pero muchas sociedades se han levantado sobre la represión al sexo y sobre la represión a la mujer. Eso, sin embargo, está cambiando, ha venido cambiando y en parte, eso explica el ascenso del radicalismo islámico. La mujer se está liberando incluso en esas sociedades que son extremistas y completamente dominadoras de su rol en la sociedad, y ellos no quieren que eso suceda, no desean que el mundo les cambie. Pero es inevitable. La democracia fue revolucionaria hace 2.500 años y sigue siendo revolucionaria hoy...

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Uno de los principios que defiende Cerón es la libertad del hombre por sobre todas las cosas, especialmente, por sobre los estados déspotas.
“El fracaso del chavismo, porque lo que se vive en Venezuela es un fracaso, ha sido maravilloso para Latinoamérica, porque debe enseñarnos a buscar otro camino. El fracaso del chavismo es el desmoronamiento final del modelo Soviético-cubano, no de la izquierda. La izquierda ahora debe buscar otros caminos que le garanticen al hombre su libertad, caminos en los cuales las personas sean mucho más que mercancía, y que no estén subyugados por un estado”.

Y otro de los principios que no solo defiende, sino que practica, es del artista comprometido plenamente con su obra. El artista incansable.
Miguel González, crítico de arte caleño, dice que una de las razones por las cuales Cerón es uno de los artistas más respetables que trabaja en Cali, es porque no ha necesitado de las galerías y las exposiciones para construir su obra. “Él sigue trabajando, sigue creando a pesar de estar alejado del mercado y eso para mí es muy respetable”.
Lo que sucede, dice Cerón, es que jamás en su vida tuve disyuntiva algún respecto a su vocación, a su necesidad existencial. “Siempre supe que mi único oficio sería el de pintar". 

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