Bowie, un héroe hasta su muerte

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El pasado 8 de marzo, cuando salió al mercado ‘Blackstar’ de David Bowie, nadie se percató de que la letra de ‘Lazarus’, una de sus canciones, escondía lo que estaba próximo a suceder: su muerte . Despedida a un ídolo.

Bowie, un héroe hasta su muerte

Enero 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Por Jacobo Celnik
Bowie, un héroe hasta su muerte

'Moderm Love' hace parte del álbum 'Let's Dance', un hit del año 1983.

El pasado 8 de marzo, cuando salió al mercado ‘Blackstar’ de David Bowie, nadie se percató de que la letra de ‘Lazarus’, una de sus canciones, escondía lo que estaba próximo a suceder: su muerte . Despedida a un ídolo.

Se fue David Bowie y qué manera de hacerlo. Difícilmente olvidaremos la madrugada del 11 de enero. Solo su círculo más cercano tenía conocimiento del cáncer de hígado que acabó con su vida tras 18 meses de batalla silenciosa y confidencial. Uno de los pocos en saberlo fue Ivo van Hove, director del montaje de Lazarus, una obra musical en la que Bowie trabajó durante todo el 2015 y que se estrenó el pasado 7 de diciembre. “Me dijo que no siempre podría estar presente en el proyecto ya que estaba enfermo. Dijo que tenía cáncer de hígado”, recuerda Van Hove y remató: “los periódicos escribieron que se le veía muy bien de salud. Pero cuando nos fuimos, se desplomó al suelo. Fue entonces cuando entendí que quizá era la última vez que le veía”. 

Las declaraciones de Van Hove ayudaron a reconstruir un misterio que tuvo mensajes ocultos en Blackstar, el vigesimoquinto trabajo en estudio del duque blanco, lanzando el pasado 8 de enero cuando Bowie cumplió 69 años. La llegada del nuevo álbum, anunciado el 19 de noviembre de 2015, fue una grata noticia para sus seguidores. Todo indicaba que el británico se encontraba en forma tras el exitoso ‘The Next Day’ de 2013, el trabajo que marcó su regreso tras un retiro obligado de diez años por una severa enfermedad cardiaca. Las noticias referentes a Blackstar fueron apareciendo con el hermetismo y la paciencia característica de Bowie, quien siempre manejó con prudencia y altura su imagen mediática. 

Sorprendió el sonido del sencillo promocional que dio nombre al disco. Electro ambient, drum n’bass y jazz dieron forma a la canción, que además dio de qué hablar en los medios especializados por lo sórdido y bizarro de su video clip promocional. Para sus seguidores todo parecía indicar que Blackstar daría inicio a una nueva era futurista, algo que fue constante en diversos periodos de su carrera. Pocas veces Bowie repitió la fórmula del éxito de trabajos anteriores. En esta oportunidad la regla se había roto nuevamente, de la misma manera que sucedió en 1979 tras la trilogía de Berlín. 

Lo que nadie vio realmente fueron los mensajes codificados sobre su enfermedad e inminente deceso. No habría una nueva era y un salto al futuro. Bowie se estaba desvaneciendo y nos hizo testigos privilegiados de su partida. Tony Visconti, su amigo y productor en varios de sus trabajos, indicó a los medios ingleses que “su muerte no fue diferente a lo que fue su vida – una obra de arte”. Y qué manera de hacerlo. Nadie se percató que la letra del tema ‘Lazarus’ y su clip escondían lo que estaba próximo a suceder. “Mira arriba, estoy en el cielo / Tengo cicatrices que no se ven / Poseo el drama, nadie puede robármelo / Todos me conocen ya”. En el clip se ve a Bowie en una cama de hospital tratando de librarse de lo que se perciben son dolores. Levita, una mujer china está debajo de su lecho y termina recluyéndose en un armario. Ese portazo marcó el final terrenal de Bowie, quien se marchó al futuro a reencontrarse con su alter ego y algunos viejos amigos como Lou Reed. 

Nos queda su música, el testamento de un catálogo de 25 obras del último gran artista de la música popular. Bowie apareció en un momento en el cual las grandes catedrales de la música dudaban de su siguiente paso. McCartney y Lennon se tiraban puyas en los discos en solitario mientras le daban cristiana sepultura a los Beatles. La fila de muertos del rock que dejó el 69 y el 70 creció de la mano de Brian Jones quien dejó a los Stones a merced de Jagger y Richards. Luego se apagó la llama de Janis Joplin y Hendrix y no había una estrella en el firmamento que iluminara la música, pues Dylan, de quien se aferraron, se accidentó antes de Woodstock y se aisló para reinventarse. Y ahí llegó Bowie del más allá para llenar ese vacío con altura, con arte, acontecimiento y ante todo con visión. No fue una estrella del rock, fue un artista que diseñó su carrera de la manera más meticulosa y acertada posible. 

Bowie entendió que la música necesitaba de hechos que estremecieran sus cimientos y de ahí la grandeza del álbum Ziggy Stardust de 1972 con el cual su carrera despegó. Tres intentos interesantes entre el 67 y el 71 no fueron aprobados por algunas vacas sagradas que se negaban a aceptar que la música debía evolucionar.

Así que se sacó un as de la manga. Creó el glam y un alter ego que vino del futuro a salvarnos. Vivió los 70 con los excesos de la época, experimentó con diversas tendencias, se arrodilló ante la Nueva York hípster del 74 y enloqueció al planeta, entre el 77 y el 79, con una trilogía exquisita en Berlín junto a Brian Eno y Robert Fripp. Creó los 80 audiovisuales con el monumental Scary Monsters, coqueteó con el mainstream y el éxito comercial gracias al álbum Let´s Dance y se reinventó en los 90 con trabajos que se adaptaron perfectamente a los cambios de la época. 

Todo lo anterior fue muy importante en su carrera, pero me atrevo a decir que pasó a un segundo plano el 8 de enero de 2013 cuando Bowie lanzó en Youtube una bomba atómica que nadie esperaba. Rompió su silencio con la canción ‘Where Are we Now’, nostalgia que cuestionaba la desazón frente al paso del tiempo. Así nos contó que un nuevo disco llegaría en marzo. El factor sorpresa hizo de las suyas y nos tomó desprevenidos.

Bowie logró algo que en la era de las redes es imposible: mantener un secreto. Y así llegó The Next Day la primera semana de marzo y nos hizo soñar con un futuro prometedor ante tanto oscurantismo sonoro. Si bien el disco evocaba la nostalgia de los años de Berlín y transitó por varias tendencias características en la carrera de Bowie, dejó una luz de esperanza frente a lo que nos depararía el futuro.

Solo que esta vez Bowie se tomó en serio aquello de sorprender y experimentar y nos hizo espectadores de su regalo de cumpleaños, de su obra maestra para decir adiós. Se fue el 10 de enero al lugar de donde vino. Pocos hombres han existido en nuestro planeta como Bowie y dudo que sean de este terreno. Qué goce el cielo que acoge a sus héroes. 

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