Azul, la nueva obra del Teatro del Presagio

Azul, la nueva obra del Teatro del Presagio

Septiembre 07, 2017 - 11:30 p.m. Por:
Érika Mantilla Sánchez, reportera de El País
Obra de teatro azul

El ejercicio escénico de la compañía se caracteriza por un trabajo corporal fuerte y el recurso de interpretaciones musicales a cargo de los actores.

Especial para El País

“Cambiar. Dejar de ser lo que somos, valorar algo que antes no tuvo valor aunque su esencia vana se mantenga frente a nuestros ojos. Volver urgente lo que es transitorio, apropiarnos de urgencias ajenas. Aceptar la imposición, desnaturalizarse, perderse”.

Esa es la consigna de fondo en ‘Azul’, la nueva obra de la Fundación Teatro del Presagio que se estrenará hoy a las 7:30 p.m. en el espacio cultural y que hace parte de la programación del Festival Brújula al Sur.

El grupo de artistas caleños le apuesta nuevamente al tema del desplazamiento con un montaje que se narra desde la profundidad del océano.

En esta ocasión cinco actores estarán en escena explorando conceptos como la pérdida de identidad, el desarraigo y el desplazamiento. Una vez más, su teatro es adulto, maduro. Es una invitación a la intimidad de otras realidades.

En una conversación con El País, Diego Montoya, director y cofundador de la compañía, revela cuál es el motivo de darle continuidad a esta temática frente a la realidad de una sociedad en posconflicto.

¿Cuál es la historia?

‘Azul’ habla de un desplazamiento mental. Es la historia de unos habitantes del litoral Pacífico que no tienen nada y a los que tampoco les falta nada. De manera que son muy ricos porque todas sus necesidades se resuelven con lo que está ahí. El conflicto aparece cuando alguien de afuera necesita lo que ellos tienen.

Este personaje, en primer lugar, llega a crear deseos en ellos, construyendo necesidades, cosas que ahí no existen. Les habla de lo que no tienen, de lo miserable que es la vida que llevan. Entonces ocurre ese desplazamiento, cuando empiezan a desear ser otros, irse a otro lugar, hacer otras cosas y finalmente se sienten pobres.

¿Nuestro contexto oculta esas formas de desplazamiento? ¿Es importante visibilizarlas?

No sé si es importante pero lo esencial desde el teatro es la construcción de preguntas. No pretendemos soluciones ni a dar respuestas, pero una función fundamental del arte es romper paradigmas, esto significa que todo está bien hasta que alguien nota que algo no lo está.

Lo que hacemos en ‘Negro’ y ahora en ‘Azul’ es cuestionar permanentemente nuestra realidad. Creo que es muy difícil percibir las desgracias de este sistema porque estamos en medio de una gran máquina (corrupta, injusta, de impunidad) poderosa y tan arraigada a la sociedad que es imposible percibir la tormenta, estamos dentro de ella.

Lo que nos proponemos es cuestionarnos, nos hacemos las preguntas que esperamos que el espectador se haga. Buscamos generar una especie de malestar; quizá inquietar, incomodar, obligarlo a las preguntas.

¿Podemos decir que este es un rasgo del estilo de la compañía?

Al artista le preocupa la construcción de lenguaje. En ese afán van quedando cosas y se vuelven como fetiches porque se repiten, que en últimas es la forma en la que se configura un lenguaje.

El trabajo que hacemos es un acto poético que parte de una percepción de la realidad. Hacemos un teatro que no anestesia, no es un ‘digestivo’, intentamos sacudir, mover. ¿Para qué? Para sentirnos humanos. Una sociedad que ha pasado por la guerra, por el conflicto, ha perdido sensibilidad en cierta medida para poder sobrevivir. Esa pérdida nos hace desconocer al otro, dejar de percibirlo.

Y el teatro es por esencia el espacio ideal para percibir al otro, porque lo revela. Al reconocerlo podemos crear un diálogo.

En el arte es poco importante si se es bueno o se es malo, lo que es prioritario es ser honesto. La estrategia para llegar a esa verdad es establecer un diálogo entre dos que no sean pares para encontrar algo que sea aplicable a esas realidades.

¿Por qué ver ‘Azul’?

El teatro es el último espacio que le queda al ser humano para encontrarse con el ser humano, más aún en la época que vivimos, una época mediatizada en que se ha vuelto todo tan impersonal. Nuestro teatro no es el del espectáculo, que puede ser muy egocéntrico, narcisista, donde el rol del espectador es aprobar al artista, revelar su ego.

No intentamos hacer concesiones, no se trata de si te gusta o no. Lo que nos interesa es el acto de comunión. El espectador no es alguien que se ubica afuera, sino compañero en el sentido primitivo de la palabra (del latín ‘companis’), para compartir el pan. Nos sentamos en la mesa para compartir esta experiencia que le devuelve al humano su esencia: lo comunitario, lo social.

Si el teatro desapareciera mañana no pasaría nada. ¿Para qué sirve un cielo estrellado? Para nada, ¿cierto? Pero sería muy triste que no existiera.

Sobre la obra

Es escrita y dirigida por
Diego Fernando Montoya.


Reparto: Alejandro Monsalve,
Edwin Taborda, Gonzalo Basto,
Ingrid Osorio y Santigo Castro.

Esta es la segunda pieza de la trilogía llamada ¿Dónde? Sobre el desarraigo. Además, es uno de los cuatro estrenos que se realizarán en el marco del Festival Brújula
al Sur 2017.

Apoyada por el Ministerio de Cultura como parte del Programa Nacional de Salas Concertadas.

Lugar Teatro del Presagio: Avenida 9a Norte # 10N-50.

Otras obras de la compañía.

1. Negro.
2. Acéfalos.
3. Amores
Imposibles.
4. Composición para un puñal.

También se presentarán hoy:
Conejo Blanco
Conejo Rojo.
Artista: Vicky Hernández.
Lugar: Teatro Calima.
Hora: 7:00 p.m.

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