Así es el Museo Aéreo Fénix, una joya de la aviación por conocer en el Valle

Así es el Museo Aéreo Fénix, una joya de la aviación por conocer en el Valle

Abril 29, 2018 - 01:18 p.m. Por:
Anderson Zapata R.  / Reportero de Gaceta
Museo Fénix

Jose Guillermo Pardo, director del Museo Aéreo Fénix.

Giancarlo Manzano / El País

Esta historia inicia hace 63 años en Chicago, exactamente en 1955 cuando un amigo de don José Guillermo Pardo Borrero, en aquel entonces un joven de 17 años, lo invitó a unas vacaciones en Semana Santa y lo llevó a conocer el Museo de Ciencias e Industrias.

“Nunca había visto algo igual, quedé deslumbrado, no podía creerle a mis ojos cuando al mirar a lo alto del salón de entrada, colgaban un Stuka Junkers JU-87 y un Vickers Supermarine Spitfire, ambos aviones de la Segunda Guerra Mundial. Hasta entonces solo los había visto en libros y revistas”, recuerda este amante de la aviación desde que nació, y fundador del Museo Aéreo Fénix, ubicado en cercanías del Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón en Palmira.

Hoy, José Guillermo se encuentra viviendo felizmente las consecuencias de aquel afortunado día. “Pienso que ese mismo sentimiento lo viven muchos niños o jóvenes cuando al entrar a nuestro museo se encuentran frente a frente y rodeados por un icónico avión Douglas DC-3, un North American AT-6D y un Boeing Stearman PT-17. Es muy probable que esta vivencia, al igual que una vez lo fue para mí, sea para muchos otros trascendental en sus destinos”, explica este piloto de 80 años y quien espera que su museo sea conocido por los caleños, pues muchos ni saben que a 20 minutos de casa hay un diamante de la aviación y del transporte por descubrir.

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José Guillermo es un apasionado por la aviación. Conoce a la perfección la historia de la década de 1890 cuando los hermanos Wilbur y Orville Wright, quienes se interesaron por el mundo de la aviación, especialmente con la idea de fabricar y hacer volar una aeronave más pesada que el aire, que pudiese despegar por medios propios. También cuenta cómo y por qué las guerras trajeron un desarrollo significativo para el mundo de la aviación pues “las aeronaves inicialmente se utilizaban como aparatos de observación para los ejércitos, ya que su objetivo era tomar altura y poder ver en qué lugar estaban las tropas del enemigo y hacer un plano del campo de batalla.

Fue después que decidieron que esos aviones podían dispararse el uno al otro”, explica con profunda claridad.

Este egresado de Ingeniería Mecánica de la Universidad Estatal de California en Estados Unidos, dice que “a cada persona cuando nace y empieza a crecer se le despiertan unos intereses. En el caso mío tenía una gran curiosidad por lo que eran los aviones y los ferrocarriles, porque tuve contacto con ambos, pues viajaba en tren a una finca cerca de Santander de Quilichao, y también, cuando tenía 7 u 8 años, me gustaba leer historietas de aviación.

Museo Fénix

Uno de los modelos que puede verse en el Museo, que se encuentra ubicado en el extremo norte del Eeropuerto, entrada #9A. 2 kilómetros por la vía a Zona Franca.

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Además, hacia finales de la Segunda Guerra Mundial viajé en avión a México con mi madre y mis tres hermanas. Esa fascinación por esos medios de transporte me quedó desde esa época. Lo que pasa es que hay gente que madura y yo no maduré. Me quedaron gustando toda la vida”.

Cuando joven quiso ser aviador profesional pero su madre siempre se opuso con el argumento de que “estudiar para aviador era estudiar para muerto”. Sin embargo, tiempo después realizó el curso formal de aviación de piloto privado. En 1980 adquirió un avión Cessna 182 RG, desde entonces compañero inseparable.

“Lo compré nuevo gracias a que un amigo me dio el crédito en dólares en el Banco del Comercio. Ese avión me gustaba porque era monomotor y me permitía volar por encima de los 20.000 pies. Me enamoré de él y realicé muchos viajes por Colombia y fuera del país. Una vez cruzamos Estados Unidos en dos días y luego volé con mi esposa hasta el Canadá”.

Por esa misma época José Guillermo ingresó al Aeroclub del Pacífico y más tarde a la Fundación del Tren Colombiano y al Club de Automóviles Antiguos y Clásicos. Fue cuando llegó el momento de sumar esfuerzos y se creó el Museo Nacional de Transporte que duró 11 años, pero lamentablemente los ingresos siempre estuvieron por debajo de sus costos de operación y se debió cerrar.

Tras un año de cierre, el 23 de abril del 2010, doña Stella Lloreda, esposa de don José Guillermo, decidió construir junto a él una fundación privada sin ánimo de lucro con el nombre de Museo Aéreo Fénix. “Mi esposa ha sido definitiva en mi vida. Me ha apoyado siempre y me acompañó a muchos vuelos por todo el continente.

El nombre del museo se debe a la historia mitológica relacionada con el ave Fénix que se consume en un incendio y luego resurge de sus cenizas y toma vuelo. En este caso las cenizas simbólicas eran las del antiguo Museo Nacional del Transporte y el que resurge es el Museo Aéreo Fénix”, explica José Guillermo quien dice con orgullo que su museo es uno de los mejores calificados del país en TripAdvisor.

El museo aéreo cuenta con un área cubierta de aproximadamente 4500 metros cuadrados que dan alberge a 23 aeronaves en su interior y 3 afuera. Hay dos legendarios aviones Douglas DC-3/C-47 veteranos de la Segunda Guerra Mundial, uno de ellos en condiciones de vuelo. De hecho muchas aeronaves dentro del museo están completas y podrían volar de nuevo.

Hay 9 automotores antiguos, 4 locomotoras reales y una colección por encima de 5000 modelos de aviones en diferentes escalas, tres grandes aeropuertos a escalas 1:400 y 1:200, dos enormes maquetas ferroviarias funcionales en escalas 1:87 y 1:20.3 y una en construcción en escala 1:160.

Los visitantes también podrán encontrar una vistosa colección de 60 trajes de vuelo y uniformes de tripulaciones aéreas militares y civiles vistiendo maniquíes en vitrinas. La colección de cubiertos de aerolínea más grande que se conozca con más de 1700 juegos. Recientemente, se montó una exhibición de 50 grandes modelos de barcos que comprende veleros, cruceros de pasajeros, mercantes, portacontenedores, petroleros, portaviones, submarinos y acorazados.

“Siempre que entro al museo me da una sensación de felicidad muy grande, parecida a la que siento cada vez que vuelo. Cuando manejo un avión tengo una sensación muy grande de libertad porque es como si uno dominara el mundo, ya que no hay barreras ni nada que me detenga. Es el máximo sentimiento de libertad que un ser humano puede tener”, explica José Guillermo, quien asegura que el museo ha tenido dificultades, igual a como las tuvo él como piloto cuando se accidentó en 1982.

“Tuve un accidente muy grave en un avión ultraliviano. Aterricé en la cancha de polo del Club Campestre y la gente se arremolinó porque esa aeronave era una novedad de aquella época, por lo que les quise hacer una nueva demostración que salió mal. El avión se me apagó cuando iba a poca velocidad, poca altura y en una posición anormal. No tuve tiempo de hacer nada. Estuve en el hospital 3 meses debido a la complicación de las heridas”, agrega José Guillermo, quien también trabajó en Metálicas de Palmira por varios años y superó este impase que le puso la vida, así como ha logrado, a pesar de las dificultades, sacar adelante el Museo Aéreo Fénix junto a las siete personas que trabajan con él.

Y aunque esta joya de la aviación se centra en dicho tema, tiene un componente importante de ferrocarriles y de otros medios de transporte que lo hacen muy variado e interesante. Comparado con museos de otros países, es relativamente pequeño, sin embargo, tiene colecciones y exhibiciones que no se ven en otros lugares.

A pesar de que el museo es conocido por algunos caleños, el llamado es a visitarlo y llevar la imaginación y los sentidos a volar tan alto como sea posible con las historias que los guías cuentan en cada nave que es expuesta. El museo es una muy buena contribución a la sociedad y una excelente herramienta pedagógica con la que se orienta a muchos jóvenes a escoger carreras tecnológicas.

Y como dice don José: “Para los que trabajamos en él, el museo mantiene nuestras mentes ocupadas y entretenidas aprendiendo, diseñando y construyendo. Es algo que se traduce en felicidad, salud y vida cuando vemos que llegan visitantes de muchas partes”.

Museo Fénix

José Guillermo Pardo, fundador del Museo Aéreo Fénix. Su vida se ha visto enmarcada en una pasión por el mundo de la aviación.

Giancarlo Manzano / El País

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