Arranca en Cali el Festival Literario Oiga Mire Lea

Agosto 30, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Especial para GACETA

Este miércoles comienza el Primer Festival Internacional de Literatura Oiga, Mire, Lea en el que los caleños podrán conocer de cerca a los escritores y sus libros. ¿Qué secretos se esconden en ese misterioso proceso de crear mundos imaginarios? Les hicimos once preguntas alrededor del oficio de escribir a algunos de los invitados. Esto fue lo que nos contaron.

Les preguntamos a cinco escritores 11 preguntas alrededor del oficio de escribir. Esto fue lo que nos contestaron:

1. ¿Cuántos años tenía y qué libro estaba leyendo cuando supo que quería ser escritor?

2. Su primer cuento, novela o poema que terminó en la caneca de la basura era sobre...

3. ¿Cuál es el consejo que le habría gustado recibir de un escritor mayor?

4. ¿Cuál es el consejo que hoy le daría a un joven escritor?

5. ¿Pueden los talleres de escritura enseñar a escribir?

6. ¿Qué tres cosas son imprescindibles en su ritual de sentarse a escribir?

7. ¿Cuál es su personaje favorito de la literatura y por qué?

8. De los personajes de sus novelas, ¿cuál fue el más rebelde; el que le dio más brega?

9. ¿Cuál es el orden que tienen los libros en su biblioteca?

10. Si pudiera salvar uno solo de ella, ¿cuál sería?

11. Para usted, el verso más bello de la literatura es...

Pablo Montoya

1. .‘Siddharta’ de Herman Hesse a los 15 años.

2. El primer cuento fue sobre un músico y no lo mandé a la basura sino que me gané con él un concurso regional en Tunja, pero después no lo reconocí como mío, que, sospecho, es peor.

3. No seas arrogante.

4. Sé humilde pero sincero con los otros, es decir, con los escritores, y persistente en el trabajo.

5. Generalmente en los talleres se enseñan trucos, atajos, proponen lecturas interesantes, pero no pasan de ahí. Yo estuve en algunos por unos meses, en el de X 504 y en el de Manuel Mejía Vallejo en Medellín, pero no aprendí nada en ellos.

6. El silencio, libros amados a mi lado y una confortable silla. Aunque, por mi trashumancia, he tenido que escribir en sitios donde no hay ninguna de estas tres cosas.

7. Bartleby de Melville, porque es el símbolo de la extrema resistencia.

8. Todos han sido para mí personajes maleables y trabajarlos fue una experiencia amable y apasionante. Acaso el Caldas de ‘Los derrotados’ por su carácter conservador. Pero en la novela construí un personaje con el cual el narrador siempre lo cuestiona.

9. Mi biblioteca literaria está organizada por países y por autores y todo está en orden alfabético.

10. La Biblia. Es, creo, el libro literario más completo de todos.

11. En tanto que colombiano, creo que el inicio de ‘La vorágine’ nos define bastante bien: “Jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia”.

Piedad Bonnett

1. Tenía 16 y estaba leyendo ‘Crimen y Castigo’, de Dostoievski.

2. Una novela que tenía el mismo tema que recogería casi 20 años después: la relación ambigua entre una mujer madura y una chica que llega a su casa a cuidar a su esposo inválido.

3. Me habría gustado que me recomendara libros de escritores que tardé mucho en descubrir.

4. Que lea mucho, mucho, mucho. Y que tenga paciencia, tanto a la hora de escribir como a la de publicar.

5. No. Pero pueden iluminar aspectos del oficio de escribir, desarrollar habilidades y fortalecer la confianza en sí mismos de los participantes.

6. Tener un mínimo de dos horas por delante, estar vestida cómodamente y no sentir frío.

7. Me gusta Don Quijote, porque es capaz de cambiar de vida para ser el que quiere ser.

8. Todos me han dado trabajo, pero tal vez Ángel, el personaje de ‘Siempre fue invierno’, por pertenecer a un mundo muy distinto del mío.

9. Por género (novela, poesía, ensayo), por nacionalidad de los autores (novela francesa, poesía colombiana, etc) y en cada caso orden alfabético, casi siempre.

10. El que hice con los dibujos de mi hijo para regalar en el primer aniversario de su muerte.

11. Ufff... Tal vez el de Pavese: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”.

Santiago Gamboa

1. Quise ser escritor cuando empecé a leer novelas latinoamericanas, sobre todo Cortázar, Manuel Puig y Cabrera Infante. Debía tener unos 16 años.

2. El monólogo de un árabe que camina por el desierto llevando a un amigo herido. Al final se sabe que el amigo ya murió y que el hombre está loco. Una cosa malísima.

3. No comiences nada que no estés seguro de poder terminar.

4. Si puedes vivir sin escribir, no escribas. Si no, comienza con algo sencillo. Ya habrá tiempo para hacer catedrales, confórmate por ahora con una buena iglesia de provincia.

5. Los talleres enseñan ciertas reglas básicas, pero sobre todo crean el hábito de la crítica y a pensar en lo que uno escribe. Sirven también para hacer las primeras armas, y para salir de ahí con las primeras cicatrices.

6. Una sola: Mi Plegaria del Escritor

Prometo querer narrarlo todo y contra toda esperanza.

Prometo ser sincero en la verdad y en la mentira y prometo contradecirme.

Prometo no ser nunca un escritor sin escritura.

Prometo todo esto en el nombre de tantos escritores caídos en el campo de batalla de la página en blanco.

Y repetir esta plegaria cada mañana:

Señor: no soy ávido. Sólo te pido 500 palabras.

7. Justine, de Lawrence Durrell. Querría bañarme con ella en las playas de Alejandría. Fue la maestra de las esposas rebeldes e infieles.

8. Juana, la hermana de ‘Plegarias nocturnas’. Creció enormemente y se tomó por asalto la novela. Al final, incluso, me enamoré de ella.

9. Algunos por autor y otros por editorial. Renuncié a mantener el orden alfabético desde que un amigo, al ver mi obsesión, me dijo que lo que yo necesitaba era un psiquiatra.

10. Una edición dedicada de ‘Cien años de soledad’. Es lo mejor que puedo dejarle a mi hijo.

11."En la aurora, armados de una ardiente paciencia, entraremos a las ciudades espléndidas" (Rimbaud).

Héctor Abad

1. Tenía 13 años. No me acuerdo qué libro estaba leyendo hace un mes, imagínese si me acuerdo cuál estaba leyendo hace 43 años.

2. Sobre un hombre que robaba para comer; había leído ‘Crimen y castigo’ y creía que iba a ser capaz de escribir como Dostoievski. Lo presenté a un concurso de cuento en el colegio. Estaba seguro de ganar. No me dieron ni una mención.

3. El mismo que recibí de mi viejo amigo Alberto Aguirre: “Te jodiste: sos escritor. Vos no servís para nada más.”

4. “Oiga, mire, lea” me parece bien.

5. Enseñan a redactar, enseñan a no cometer los errores más comunes. Pero no le dan a nadie buen oído para que oiga, si no lo tiene ya, ni curiosidad para que mire, si no es curioso, ni ganas de leer, si no tiene el gusto de leer.

6. Para mí la escritura es una pasión y un trabajo, no un ritual, y debo ser capaz de hacer mi oficio en cualquier circunstancia, incluso si afuera suena un martillo neumático. Un herrero no dice: ese caballo es muy brioso, no lo voy a herrar.

7. El teniente Franz Tunda, y no entiendo por qué.

8. Alguna vez Javier Marías dijo que él no era un escritor pusilánime de los que se dejan manejar por sus personajes. Suscribo esa opinión. El que manda es uno; los personajes obedecen y ya.

9. En mi escritorio los diccionarios de toda índole, libros de referencia. La literatura está por lengua original y orden alfabético de autor: española, de la A a la Z; francesa, de la A a la Z; alemana, rusa, inglesa, etc. Luego un sector de historia, otro de ciencia y otro de filosofía. Algunos autores muy amados los tengo aparte, en mi cuarto.

10. Lo que hay que salvar hoy es Google. Ahí está todo. Si hay un incendio me dedico a salvar a mis hijos y a mi mujer; los libros vienen después.

11. “In the beginning was the Word” “En el principio había Palabras” (Evangelio de San Juan en la versión de King James.) Me parece más clara esta versión que la más habitual: “En el principio era el Verbo”, pero esta también me gusta).

Evelio Rosero

1. Tendría 9 o 10 años y leía el Róbinson Crusoe, de Daniel Defoe.

2. Seguramente era sobre mí mismo, que así suele suceder con los primeros escritos. Era un intento fallido de novela, tan ambicioso como mediocre. Pero me sirvió de taller, de aprendizaje. El título era el nombre del personaje, que ya no vale la pena recordar.

3. Que no me apresurara en publicar.

4. Que no se apresure en publicar. Que solamente lo haga cuando se lo exija un buen punto final.

5. Pueden enseñar a leer, a encontrar obras y autores de importancia, pero nunca a escribir. Eso lo resuelve el escritor, absolutamente solo, noche y día.

6. Cigarrillos, amor y más amor.

7. Son varios, y cambian según la época, la realidad que se vive. Ahora diría que el Quijote. Compartimos la misma edad y una locura parecida.

8. El personaje actual, el protagonista de la novela que me encuentro construyendo desde hace varios meses. Ninguno como él para hacerme padecer. De hecho, la novela lleva su nombre.

9. Ningún orden. Pero tengo cerca de mí, físicas, a un costado de mi cama, las obras que me remecieron cuando las leí, desde niño. Acudo a ellas como a la biblia, las releo, o las leo al azar, por fragmentos. Y es como si las leyera de nuevo por primera vez. Siempre hay algo distinto, o soy yo el distinto, el que ha cambiado.

10. En este mismo momento me inclinaría por ‘América’, de Kafka.

11. “Los días que uno tras otro son la vida”, de Aurelio Arturo.

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