Andrés Trapiello, el hombre detrás del 'nuevo' Quijote

Andrés Trapiello, el hombre detrás del 'nuevo' Quijote

Enero 17, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Catalina Villa| Editora de GACETA
Andrés Trapiello, el hombre detrás del 'nuevo' Quijote

La actualización al castellano actual de este clásico de la literatura ha sido bien recibido por los especialistas

Otro de los invitados al Hay Festival es el escritor español Andrés Trapiello quien hace poco tradujo al español actual 'Don Quijote de La Mancha'.

Su primer Quijote fue una edición para niños, con grabados de Doré, glosarios y muchas ilustraciones para pintar las cosas de las que se hablaba dentro.

Tendría unos 8 o 9 años, ni uno más, y para entonces Andrés Trapiello y su familia vivían con un tío cura, capellán de la maternidad en León, en el noroeste de España.

“Con la propina que nos daba por ayudarle como monaguillos en las misas y bautizos me compré ese libro. ¿Por qué ese? No podría decirlo. Tal vez porque nos hablaban de él en la escuela; acaso porque fuera también el único del que mi madre --hija y nieta de maestros de escuela-- conociera frases literales, aunque ella, como la mayor parte de los españoles e hispanohablantes, tampoco lo hubiera leído”, dice el escritor desde Madrid.

Andrés Trapiello es un reconocido autor español que, si bien ha publicado una veintena de libros, hoy es reconocido ante todo por haber hecho la traducción de ‘Don Quijote de la Macha’ al castellano actual.

Muchos no han visto esa osadía con bueno ojos, pero a él las críticas poco parecen importarle, más aún cuando buena parte de los cervantistas o expertos en Cervantes le han hecho una venia a su atrevida idea.

Y es que él, convencido de que esta obra poco se venía leyendo en los últimos años, decidió que ya era hora de actualizarla para acercarla a los hispanohablantes de estos tiempos.

Es que, asegura, “De niño nunca leí el libro, lo miraba. Tampoco lo leí en la Universidad, allí el Quijote se estudiaba pero no se leía. La primera lectura fue ya con 22 o 23 años, y fue, claro, una revelación, un deslumbramiento”, dice.

¿De ahí surgió esa obsesión por el Quijote hasta dedicar buena parte de su obra al trabajo de Cervantes?

Tampoco hay que exagerar. Uno ha escrito muchos libros, no sólo de asunto cervantino. No he consagrado mi vida a Cervantes, no soy un cervantista, no soy un estudioso, en realidad no soy casi nada. Un escritor de novelas y un poeta, sí, algo. Pero nada más.

Claro que lo que he tratado de ser es alguien cervantino (no confundir con cervantista ni menos con cervantisto), es decir, tener la mirada que Miguel de Cervantes tuvo sobre la realidad y las personas, siempre comprensivo, tolerante, risueño, fino, muy fino, y, sobre todo, natural. Nadie menos afectado ni retórico que él. Decía Borges que ningún personaje más querible que don Quijote. Ningún escritor menos ajeno a mí al menos que Miguel de Cervantes.

Usted no se conformó con Don Quijote sino que quiso continuar de alguna manera sus historias a través de 'Al morir Don Qujiote' y 'El final de Sancho Panza'. Cuando emprendió esa tarea, ¿no sintió temor de meterse con tremendos personajes, quizás los más famosos de la literatura?

No mucho. Tenía, claro, porque conozco un poco el mundo literario, un cierto temor de orden social, pero no literario, de que me acusaran de osado o de pedante o de presuntuoso: ¿quién se ha creído para continuar el Quijote?

Sin embargo el Quijote debe su originalidad a que es continuación de otras novelas, las de caballería concretamente, saltándose todas las reglas, si se quiere, pero continuación. Así que por ese lado, ningún temor. Además Cervantes es tan generoso con la literatura como con la realidad. Nadie que se acerque a él, sale con las manos vacías. Yo continué el Quijote porque siempre me dio pena que aquello acabase, que no supiera más de personajes que tanto me habían gustado.

Usted ha dicho que tardó 14 años en actualizar Don Qujiote. ¿Cómo fue su forma de trabajo? ¿Usó las versiones comentadas con anotaciones? ¿Consultó con historiadores? Cuéntenos un poco del proceso…

Poco a poco, casi todas las tardes de un rato. Después del trabajo de escribir otros libros, como un premio a mi jornada. Además en muchas ocasiones me sirvió para mi propia escritura, en el caso de las novelas cervantinas. Y sí, por supuesto que tuve que echar mano de ediciones eruditas, de muchas. La principal, la de Rico, me sirvió de base, fue ella desde la que está hecha mi traducción. Pero no quiero olvidar otras tan admirables como la suya: la de Martín de Riquer, la de Hartzenbusch, la de Rodríguez Marín, insuperable…

De las expresiones o frases de la época usadas en la versión original, ¿cuál le dolió más traducir al castellano actual por la belleza misma del lenguaje de entonces (aunque fuera incomprensible)?

La que no traduje, la que todos conocemos y que es ya como el Partenón, algo que no puede traducirse: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” Y sin embargo debería traducirse también, porque no significa exactamente lo que la gente cree: En un pueblo de la Mancha de cuyo nombre no llego a acordarme… Fuera de eso, mil frases más que me habría gustado dejar como estaban si la gente las entendiera. Pero la gente no las entiende, para ellos son tan extrañas como para mí el griego clásico, y no por ello voy a dejar de leer ‘La Ilíada’.

De las críticas que ha recibido de los puristas ¿cuál ha sido la más insólita y de quién vino?

La verdad es que no recuerdo ninguna en especial, ni el nombre de ninguno concreto, porque ninguno forma parte del cervantismo relevante. Creo que eran más bien espontáneos que saltaron al ruedo indignados con la idea antes de haber leído el libro. Leyeron la noticia: “de los de lanza en astillero” ha pasado a “de los de lanza ya olvidada”, ponían el grito en el cielo. En fin esa clase de bobadas. El más gracioso fue uno que tras indignarse por que se cambiaran los fragmentos ininteligibles (unos tres o cuatro mil) decía que era una verdadera vergüenza que se “deturpara” el texto. Naturalmente nadie sabe qué es deturpar, ni siquiera los más pedantes, diría, sólo los que querían ponerse estupendos, como decía Max Estrella, el personaje de Luces de bohemia.

Por lo demás hay que insistir a los preocupados por la deturpación que ellos van a poder seguir leyendo el original cuantas veces quieran. Yo, por ejemplo, seguiré leyendo el original, pero no obligaría a nadie a que lo hiciera. Sobre todo a ninguno de los que intentaron leerlo, y perdieron la paciencia, como la pierden los italianos o los ingleses a los que se obliga a leer a Dante o a Shakespeare o a Rabelais en sus lenguas originales. Por eso ellos ya cuentan con versiones actualizadas desde hace años.

¿Es cierto que lleva a Don Quijote en el celular? ¿Cuándo lo consulta?

Es verdad, pero eso es mérito de mi iphone, y lo llevo para leerle alguna frase a los periodistas o amigos que me dicen que ellos leyeron el Quijote en el colegio y que lo entendieron perfectamente.

Finalmente, tras años al lado del Qujiote, ¿cuál es, a su juicio, la escena más bella de Don Quijote?

Seguramente la muerte de Alonso Quijano. Pero es especialmente hermosa porque se sustenta en otras mil páginas admirables. 

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