Andrés Arias, el hombre que redescubrió a Carolina Cárdenas para la historia del arte nacional

Andrés Arias, el hombre que redescubrió a Carolina Cárdenas para la historia del arte nacional

Febrero 02, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de GACETA
Andrés Arias, el hombre que redescubrió a Carolina Cárdenas para la historia del arte nacional

La fallecida pintora colombiana Carolina Cárdenas inspiró a Andrés Arias a escribir el libro 'Tu, que deliras' una biografía novelada de la artista.

¿Qué le pasa a un periodista que se obsesiona, al borde del enamoramiento, por una mujer que murió 80 años atrás? Le pasa que dedica dos años de su vida a investigar quién era, luego escribe un libro y después intenta olvidar. Esta es la historia de ’Tú, que deliras’, la novela de Andrés Arias sobre la artista bogotana Carolina Cárdenas.

Cada dos semanas, a veces cada tres, hay una cita que Andrés Arias procura no dejar pasar. No es en un bar ni en un restaurante ni en un centro comercial. Tampoco en una sala de cine. Esta cita —suena extraño, sí— es en el Cementerio Central de Bogotá. Allí, en ese conjunto frío de mausoleos envejecidos, sobre la Carrera 20 frente a la Avenida El Dorado, busca la tumba de una mujer. Entonces le deja unas flores, le habla y a veces le reza. Su nombre es Carolina Cárdenas, murió en 1936.A Carolina, claro, nunca la conoció, porque él nació en 1977. Pero quiso el azar que un buen día la historia de ella llegara a sus manos, y desde entonces no se ha podido librar de eso que, casi, podría llamarse una obsesión. Porque desde que Andrés supo de la existencia de esta mujer, quiso saber un poco más, cada vez más. Y así, durante dos años, hasta que terminó sabiendo tanto que es como si en realidad la hubiera conocido. ¿Quién es, pues, Carolina Cárdenas? ¿Quién es esta mujer de quien se dice fue “la mujer más bella, misteriosa y talentosa de la Bogotá de los años 30, pionera de la fotografía y la cerámica en Colombia, además de dibujante y pintora”?Desde la fría Bogotá que ella habitó, Andrés cuenta que fue una de las mujeres más vanguardistas de su tiempo y la primera artista abstracta que hubo en Colombia —aunque eso solo se supo hace poco—, incluso antes que Marco Ospina.Toda esa investigación dio pie al libro ‘Tú, que deliras’, recientemente editado por Laguna Libros, que no es más que la biografía novelada de la corta pero apasionante vida de esta mujer.Andrés, ¿cómo es que, casi 80 años después de muerta, usted se enteró de la vida de esta artista, prácticamente una desconocida en el mundo del arte colombiano?Todo sucedió cuando estaba haciendo un reportaje sobre el Museo del Art Deco en Bogotá. Entonces contacté a su director, Carlos Alberto González, para entrevistarlo. Y entre muchas de las cosas que hablamos, le pregunté qué artistas habían sido claves en este movimiento, y él me mencionó a Carolina Cárdenas. Fue una mujer muy linda que murió joven, me dijo.Entonces llegué a mi oficina, desgrabé, y su nombre me quedó sonando. Lo busqué en Google y lo que apareció fue fascinante. Poquito, pero fascinante. Desde entonces me propuse investigar su vida, saber quién había sido.Y el resultado salta a la vista: su libro ‘Tú, que deliras’, una suerte de biografía novelada...Al principio yo empecé a investigar sin saber para qué. De pronto un perfil, de pronto un artículo. Hasta pensé en un cuento. Finalmente la investigación duró dos años y se convirtió en un libro. ¿Cómo fue ese proceso de investigación?Lo primero fue buscar fuentes. Buscar gente que la conociera, que hubiera sabido de ella. Casi todos eran viejitos y viejitas de la época, familiares, pero quería también gente que la hubiera estudiado como historiadores de arte. Por otro lado, una parte importante fue la búsqueda de archivos, de periódicos y revistas de la época, no solo para saber de Carolina sino para conocer el ambiente de esos años. Me entró la necesidad de saber cómo se vestían, qué palabras usaban, qué calles existían, qué tipo de teléfonos había. Así que hubo un trabajo documental importante y un trabajo de reportería. Supone uno que los familiares fueron su primera fuente. ¿Con quiénes de ellos pudo hablar?No queda casi nadie de su familia. Pero hablé con un sobrino y con una prima de ella. Ahora, de la familia de Sergio Trujillo Magnenat, el artista y dibujante que estuvo tan enamorado de ella, pude hablar con dos de sus hijos. Entre ellos, Carolina Trujillo, la actriz, que se llama Carolina en honor a Carolina Cárdenas. Su padre nunca dejó de pintar y dibujar a Carolina, así que ellos siempre tuvieron esa figura muy presente en sus vidas. Carolina Cárdenas murió muy joven, a los 33 años. ¿Por qué cree que cautivó en tan poco tiempo a tanta gente?Primero, porque tenía un atractivo físico, era dueña de una belleza rara, tanto que entraba a un lugar y llamaba mucho la atención. Segundo, porque venía de Europa. Ella llegó entre el 26 y el 27 a Colombia y venía con todas las ideas vanguardistas del Art Decó que en Colombia no existía. Eso llamó mucho la atención. Tercero, su vestuario era arriesgado para la época.Pero quizás lo más importante es que hacía un tipo de arte que no estaba establecido aún como arte. Hacía cerámica, fotografía y dibujo, que en aquella época eran vistos como artes menores. Pero, no solo eso, son muchas cosas, Carolina hizo cosas escandalosas para la época, como casarse y separarse a los ocho días, tener una relación con Hena Rodríguez. Eso era muy arriesgado en ese entonces, sobre todo porque ella era una socialité, una niña bien. Todas esas cosas se unieron para que se creara ese mito en los años 30 en Colombia.Una de las apuestas que usted hace es la de incluir a un narrador, un periodista, en la vida de Carolina. Un hombre que termina convirtiéndose en su amigo y prácticamente enamorándose de ella...Yo decidí construir ese narrador porque quería lograr un deslumbramiento ante Carolina. Si ponía un hombre calentano, de pueblo, de Ambalema, pobre, que llega y se encuentra con esta niña bien, clasuda, rica, y con este mundillo del arte de la gente bien bogotana, sabía que lo lograría. Así que lo hice. También me gustó que fuera un amigo de ella para mostrar no solo el enamoramiento que tuve yo con Carolina, como de ese amigo enamorado que nunca puede declarar su amor, sino también para poder lograr intimidad con el personaje. Así, al ser el narrador el mejor amigo de Sergio Trujillo, de Ramón Barba, Josefina Albarracín y de Hena Rodríguez y Carolina, por supuesto, podía meterme en ese mundo íntimo. Al final, se siente como si estuviera contando un chisme de la época, y todo eso me interesaba.Usted, al final, quedó casi que obsesionado con esta mujer... y por el arte...Confieso que me volví coleccionista de arte. Antes no me interesaba el tema y ahora me intereso por todo lo que esté relacionado con el arte. Sobre todo de la primera mitad del siglo.¿Fue Carolina tan importante realmente en la escena artística?Pudo haberlo sido. Se dice que fue la promesa fugaz del arte moderno en Colombia. Durante muchos años se dijo que Marco Ospina fue el primer artista abstracto en el país en los años 40. Pero hace poco se descubrieron unas obras de Carolina de los años 30 que son abstractas. Así que fue ella la primera artista abstracta en nuestro país.Ahora que el libro ya está terminado ¿cómo hará para librarse de esa obsesión?Mi relación con ella es muy, muy cercana. Yo voy a su tumba, la visito, le llevo flores, le rezo. Va a ser difícil cuando todo este ruido del libro se calme. Tendré que meterme en otro proyecto para poderla olvidar.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad