Amal: enemigos íntimos

Amal: enemigos íntimos

Julio 10, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de GACETA
Amal: enemigos íntimos

El buen sentido del humor es una de las características de este dúo en el escenario.

En medio del recruducimiento de la guerra entre Palestina e Israel, un dúo de pianistas —un judío y un árabe— viajan por el mundo desafiando el destino heredado de odiarse para siempre. Se hacen llamar Amal, que en árabe significa esperanza. En Cali se presentarán el 18 de julio en el Teatro Municipal. Un concierto imperdible.

Nunca, quizá desde la última intifada terminada oficialmente en 2005, las noticias que llegaban desde la franja de Gaza habían sido tan escalofriantes. O acaso cómo se podría calificar la muerte de un adolescente palestino, ocurrida hace apenas dos semanas, cuyo cuerpo fue hallado carbonizado en un bosque al oeste de Jerusalén. Se llamaba Mohamed Abu Jadair, vivía en el barrio Shuafat y fue quemado vivo a manos de un grupo de seis ultraderechistas judíos. Muchos de ellos, también, eran adolescentes. Hoy, en las calles de Jerusalén, donde el humo de las llantas quemadas se confunde con los gases lacrimógenos, la guerra parece despertarse al ritmo tenebroso de las sirenas y el rugido de los morteros que cruzan de Palestina a Israel. En medio de ese triste escenario, un par de pianistas parecen ser la excepción a ese destino heredado de odiarse para siempre. Son Yaron Kohlberg, israelí, y el palestino Bishara Haroni, pero se hacen llamar Dúo Amal, que en árabe significa esperanza. Y viajan por el mundo compartiendo no solo los acordes de Bach y de Schumann y de Mozart, sino composiciones de autores de ambos países, demostrando que el arte bien puede ser un puente de entendimiento, sin importar las procedencias. Amal ha sido aplaudido en Nueva York, celebrado en Seúl y alabado en Bermuda. Y en China, uno de sus más recientes destinos, ambos recibieron el trato de celebridades. “Fue como ser David Beckham durante veinte minutos”, confesó Kohlberg en entrevista con GACETA. La historia comenzó en Noruega, a mediados de 2011, exactamente en el mismo sitio en el que, décadas atrás, se habían dado los primeros acuerdos que buscaban llevar la paz a los estados de Israel y Palestina. Kohlberg, ya para entonces considerado un prodigio del piano, fue invitado a dar un concierto por la paz y de inmediato intuyó que si de paz se trataba, no habría nadie mejor para acompañarlo que aquel joven pianista palestino que había conocido de tiempo atrás y a quien admiraba profundamente. “Bishara y yo nos conocimos siendo unos adolescentes en Jerusalén y tuvimos la oportunidad de escucharnos el uno al otro en varias ocasiones. Lo recordaba como un gran pianista, así que cuando me ofrecieron participar en ese concierto por la paz, estaba muy claro que él era la persona ideal para hacerlo en colaboración conmigo. Entonces le escribí un correo y se puso feliz”.El concierto se llevó a cabo en el Oslo Opera House luego de un brevísimo tiempo de ensayo: dos días. Con todo, la presentación fue un éxito. Tanto, que Kohlberg y Haroni decidieron unirse, crear un dúo y tocar a cuatro manos por el mundo llevando un mensaje de paz. “La conexión personal y musical que logramos establecer desde ese día fue muy fuerte. Y la audiencia reaccionó de una manera fantástica. Inmediatamente sentimos que esto era algo que queríamos hacer más a menudo, así que surgió la idea del dúo”.Fue entonces cuando Kohlberg se mudó a Berlín, sitio de residencia de su nuevo amigo palestino. Y no solo cerca de su apartamento, sino en el mismo edificio. “Eso fue un muy buen comienzo. Ahora vivo en un lugar más central de la ciudad. Pero el hecho de haber vivido tan cerca durante los primeros dos años nos dio la posibilidad de trabajar mucho más tiempo juntos”, recuerda el pianista judío quien asegura que antes de conocer a Bishara no había tenido nunca un amigo árabe. Y se hicieron tan amigos, que aún hoy, en viviendas más lejanas, se siguen frecuentando en los ratos libres, después de horas de trabajar en el piano. Ven fútbol, sobre todo los partidos de los equipos españoles e ingleses, pero también, en el caso de Yaron, los partidos de Hapoel Jerusalem, un equipo de su país, del cual, además, es accionista minoritario. Sobre el conflicto que durante décadas ha enfrentado a sus países, ahora prefieren no opinar. “Al principio pasábamos tiempo hablando. Discutíamos mucho sobre nuestra procedencia política porque sentíamos que era importante tener un entendimiento mutuo. Pero ahora ya no hablamos de eso. Ahora la música es que la que nos ocupa”, explica Kohlberg. Quizá por eso es que luego de horas, días, semanas de ensayo, poco les importa si la gente los va a ver impulsados por la curiosidad que generan sus orígenes tan disímiles. Eso, dicen, es lo de menos. “Hay mucha gente que quiere ver cómo es eso de un pianista judío y un pianista árabe tocando juntos. Y cuando finalmente nos oyen tocar se dan cuenta de que no somos tan malos… (risas)”, dice bromeando. “En realidad, para nosotros lo más importante es el aspecto musical, eso es lo que nos interesa. Representamos primero nuestra música y a nosotros mismos, y en segundo plano queda de dónde venimos”. De ahí su insistencia en no referirse a temas políticos.Bishara es un seguidor incondicional de Mozart. Mientras que Kohlberg es un apasionado de Schumann. Con todo, se las arreglan para descubrir y trabajar obras compuestas para cuatro manos. Esa dedicación es la que parece premiar el público que los aplaude a donde quiera que van. Fue así en Nueva York, cuando se presentaron en el Metropolitan Museum. También sucedió en Tokyo y en Seúl. Pero quizá el concierto que más recuerdan es el celebrado en Harbin, en China, el año pasado. “El público salió corriendo al escenario inmediatamente terminamos de tocar. Todos querían un autógrafo y tomarse fotos con nosotros. Fue como ser David Beckham por veinte minutos”, dice entre risas. No han faltado, sin embargo, intentos de boicotear la iniciativa de paz. Sucedió hace dos años, durante el Festival de Londres, cuando extremistas anti israelitas no querían ver a Kohlberg sobre el escenario. “Estaban exigiendo que yo firmara un documento en donde me declaraba en contra de la ocupación israelí. Finalmente los patrocinadores del festival lograron que ellos no interfirieran en el concierto, no tuve que firmar nada y me pude presentar”. En Cali, durante su concierto en el Teatro Municipal, el próximo 18 de julio, presentarán un concierto de talla mundial, en el que incluirán obras de clásicos, como de autores contemporáneos. Y desde ya la expectativa es grande. Saben que Cali es la Capital de la Salsa. Y aunque admiten que ninguno es buen bailarín, guardan una esperanza: mejorar sus habilidades en la pista tras su breve paso por la ciudad. Hoy, mientras los gobiernos de sus países insisten en una guerra cuyo fin parece infinitamente lejano, ellos no claudican. Porque saben que a través del arte es posible la paz.

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