Alonso Sánchez Baute cuenta detalles de su nuevo libro ‘¿De dónde flores, si no hay jardín?’

Alonso Sánchez Baute cuenta detalles de su nuevo libro ‘¿De dónde flores, si no hay jardín?’

Noviembre 17, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Paola Guevara | editora de Vé

Alonso Sánchez Baute, autor de ‘Al diablo la maldita primavera’, presenta ahora un libro de relatos titulado ‘¿De dónde flores, si no hay jardín?’. Hablamos con él.

[[nid:482700;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/11/alonso-sanchez-baute.jpg;full;{Alonso Sánchez Baute, oriundo de Valledupar, es el autor de libros como ‘Al diablo la maldita primavera’ y ‘Líbranos del bien’. Foto: Elpais.com.co | Archivo}]]

A veces no hay jardín. Es decir, no hay belleza, no hay fragancia, no hay paraíso personal dónde refugiarse de las tormentas de la vida, que suelen ser más interiores que externas. En estos mundos marginales en los que están inmersos los tres nuevos personajes de Alonso Sánchez Baute en ‘¿De dónde flores, si no hay jardín?’, que son una excusa para hurgar en las profundidades humanas. 

Jackson, protagonista del primer relato, un personaje del bajo mundo que tiene una relación particular con las mujeres: la del machista convencido y el misógino consumado. A Gema, la mujer de la segunda historia, su madre ha logrado transmitirle la conciencia, real o imaginaria, de su fealdad. Quizá por eso se dedica a la prostitución, como una forma de autoafirmarse allí donde habita la carencia. 

Edwin, protagonista de la tercera, historia iba camino al éxito deportivo pero tras ser violado se sumergió en la droga. Es descrita como una historia sobre la derrota y el fracaso teniendo de fondo la disciplina del ciclismo.  Hablamos con el autor sobre el mundo interior de sus personajes. 

¿Cuál es la reacción que ejercen en usted los relatos de personajes marginales y atormentados?

Lo que ejerce atracción sobre mí no es lo marginal sino la condición humana, la búsqueda de la identidad, saber quiénes somos como grupo, como sociedad, como personas. Lo que pasa es que  la esencia del ser humano está más presente en la marginalidad que en la “normalidad” donde abundan la hipocresía y la doble moral. Ahora, en ‘De dónde flores si no hay jardín’, hablo de los personajes en su particularidad, no estoy generalizando ni diciendo que la marginalidad es así. 

Cómo fue la construcción de un personaje como Jackson, misógino, violento…

Me costó mucho trabajo, porque yo cuento más a través de los personajes que de las historias, y cuando uno quiere encontrar la verdad del personaje debe dejarlo hablar tal cual es. Se me complicó porque él tiene una moral muy distinta a la mía y hasta hubo un punto en que me negué a seguir escribiendo y tuve que hacer una pausa antes de continuar. 

Es decir, usted tuvo que realizar un ejercicio de tolerancia intrínseco…

Sí, porque cuando uno escribe debe abrir la mente para intentar comprender al personaje y hubo un forcejeo entre nosotros, el personaje hablaba y mi mente salía a corregirlo, pero al fin esto ocurre porque hay un personaje fuerte y eso es bueno. 

Jackson tiene mucho que ver con Cali…

Sí, Jackson es un personaje de Cali, de Siloé, ese era su barrio y su universo infantil y las radionovelas le amplían el horizonte. Es un relato escrito con mucha musicalidad y ritmo, tenía que ser así con un personaje como él que es salsero a 45 revoluciones por minuto, como escuchan los discos en Cali. 

La madre de Jackson es prostituta, ¿qué le interesaba explorar en este conflicto?

Él siente  vergüenza de la profesión de su  madre. No sabemos el nombre de ella, pero sí que en todas las mujeres la busca a ella. Aquí, de fondo, me llama la atención explorar el machismo, porque es un círculo vicioso. No quiero ofender a nadie pero muchas veces son las mismas mujeres las que siembran el machismo en sus hijos y estos, a su vez, replican el modelo con sus mujeres, que educan a sus hijos igualmente machistas. Es de nunca acabar. Hay una escena en la que Jackson ataca a trompadas a una de sus esposas y la manda a la clínica, luego él la trae de regreso a la casa y se marcha porque siente culpa por lo que hizo, pero la mujer agredida se vuelve contra él y lo ataca, no por golpearla sino por abandonarla. El debate sobre el machismo suele centrarse en el hombre, pero hay mujeres que son víctimas y victimarias al mismo tiempo. No se trata de juzgar a nadie sino de ver los hechos en perspectiva. 

Y también está el relato de Gema, quien no acepta su fealdad y se autoafirma a través de su vida sexual

Para Gema, ser fea, no ser bonita se convierte en  una tragedia y por eso el relato es tan dramático y ralentizado, más elegante que el de Jackson y con más cuidado por las palabras. Esta historia parte de la observación de cómo las mujeres construyen su identidad a partir de su cuerpo.

No creo que sea propio de “todas las mujeres” sino, sobre todo, de las mujeres latinoamericanas. Lo descubrí hace poco, en un viaje con 120 periodistas de todo el mundo donde las únicas que vivíamos impecablemente arregladas, vestidas, maquilladas y peinadas hasta en las situaciones más extremas éramos la venezolana y la colombiana. ¿Por qué? Hay algo en nuestra formación “para agradar” que nos aferra al físico queramos o no. 

Pues te agradezco la observación… como dices puede ser más un fenómeno de la mujer latinoamericana. Yo lo constato en la mujer vallenata, porque es lo que vivo en mi casa. Uno de hombre no está pendiente de eso, ni siquiera a la hora de la conquista, para levantarse a una mujer o a un tipo uno apela a otras cosas, pero en cambio la mujer se exige a sí misma cumplir con muchos parámetros físicos.

¿Y qué nos dice sobre su tercer personaje, Edwin, quien fue violado por otro hombre?

Fue el más rápido, lo escribí en menos de un día pues traigo la historia en mi cabeza desde hace mucho. Era una especie de obligación moral conmigo mismo escribirlo y quise saldar esa deuda. Luego le metí música porque, para mí, eso define el carácter de un personaje. Siempre necesito saber qué música escuchan mis personajes para poder comprenderlos. Edwin, por ejemplo, es consumidor de música plancha, vallenatos y porros. Y luego fui más temerario y fui directo al Bronx para poder ambientarlo de día y de noche. Y quedó tal cual. 

Entonces ese es su secreto: ¡Escribe con música!

Escribo con música porque vivo solo y trabajo solo y no escucho más que pájaros en la mañana y necesito la música como compañía.

 En cuanto a mis personajes: Jackson escucha salsa, reggaetón, tan tolerante se vuelve uno que me quedó gustando (risas). Y Gema oye música clásica, le gusta Chopin, le gusta La Bohéme, de Puccini. 

Puede decirse que la música para mí no es una técnica para escribir, sino un ritual.

‘¿De dónde flores, si no hay jardín?’ Género: Novela263 páginasAlonso Sánchez BauteEditorial: Alfaguara Jackson se crió oyendo novelas en la radio mientras su madre limpiaba baños. En un monólogo hipnotizante, narra su vida de sobreviviente de los suburbios con la sabiduría desafiante de quien, como los salmones, ha aprendido a vivir contra la corriente: una corriente de aguas tan caudalosas que si uno se descuida, se lo llevan todo. A Gema, su madre ha logrado transmitirle la conciencia de su fealdad y ahora busca en la prostitución lo que no sabe obtener de otra manera. Su relato, con la solidez y la potencia de una novela, narra el dolor de quien no tiene otro espejo que la imagen deteriorada de sí misma; pero el mundo que ha construido para sobrevivir es como un jardín en medio del infierno.
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