Alejandro García: hacer del dolor literatura

Alejandro García: hacer del dolor literatura

Diciembre 11, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción Gaceta
Alejandro García: hacer del dolor literatura

Alejandro García junto a su esposa Angélica Sánchez y a su hija menor, Gabriela.

Doctor de la Universidad del Valle, escribió un libro sobre un dolor que, en sus propias palabras, no termina: el suicidio de su hija mayor.

Uno podría decir que su libro ‘Cuando te gustaban las cosas’, es un ejercicio de catarsis...

Sí, se podría decir eso, pero no es que yo haya escrito el libro con ese propósito exactamente. Por supuesto, mi esposa y yo hemos atravesado situaciones muy difíciles y luego de la pérdida de nuestra hija, pensábamos: ¿Y ahora qué vamos a hacer? ¿Cómo seguir con esta ausencia? Yo empiezo a buscar libros, a investigar, como una forma de comprender, y me encuetro con que al menos en Colombia se ha escrito muy poco sobre este tema. Están los libros de Piedad Bonnett y el de Clara Zawadsky, que no es propiamente de un suicidio, pero sí de una pérdida semejante a la nuestra. 

¿Y entonces cómo surge la idea de escribir un libro?

Yo empiezo a escribir con mucha rabia, con mucho dolor, pero sin pensar en que quería hacer un libro. Luego empiezo a asistir al taller de escritura de Julio César Londoño y, por otro lado, me doy cuenta de que hay una cierta estigmatización con los padres de jóvenes que se suicidan. 

¿Es una historia que orienta a personas que viven cosas semejantes?

Bueno, yo no quiero que el libro sea interpretado de esa manera, en primer lugar, porque es muy soberbio pretender orientar a alguien o decirle a otra persona lo que debe o no debe hacer. Este libro es un intento por comprender y también por mostrar lo que sucede con una familia que pasa por esa experiencia.  Yo no lo escribí como un libro de sanación o autoayuda, pero es posible que la gente lo vea de ese modo.

¿Cuéntenos cómo fue el proceso de escritura?

Empecé primero a buscar libros sobre el tema, y encontré a autores como Piedad Bonnet, Diego Lopera, David Grossman, todos ellos contando experiencias de pérdidas de sus hijos. Luego empecé a conocer gente que vivía esa misma situación y viajé a varias ciudades del país a entrevistar a 33 padres que habían perdido a sus hijos, bien sea por suicidio o por homicidio. Fue luego del taller de escritura con Julio César Londoño, en 2014, que empiezo a decantar todo lo que había escrito, a revisarlo, a darle un orden para convertirlo en este libro.

El libro ha tenido una buena aceptación en el público, van para la tercera edición...

Sí, en cada edición hemos sacado 1000 copias y la verdad es que la gente ha reaccionado muy bien. Suponíamos que el público para ese libro eran padres y personas que tenían una experiencia semejante a la nuestra, pero también lo han leído muchos jóvenes y hemos recibido muy buenas críticas de parte de ellos. Y eso sucede porque finalmente este libro busca no señalar a nadie y habla, sobre todo, de las relaciones entre padres e hijos.

Hay una cosa particular, y es que las ediciones son independientes, las han hecho su esposa y usted.

Sí, han sido ediciones independientes. La gente nos llama, nos contacta, porque de alguna manera se enteran de la publicación. Eso ha sido satisfactorio para nosotros. 

¿Usted alguna vez se vio como escritor?

Pues a uno, como aficionado a la lectura, siempre se le ocurren esas cosas, pero nunca fue un propósito especial. Es decir, yo nunca había pensado en ser un escritor. Todo ha surgido a partir de lo que sucedió en nuestra vida. 

¿Planea escribir otro libro?

Sí, tengo algunos ensayos que me gustaría publicar. Estoy en el proceso de pulir mi escritura y de mejorar esos ensayos. 

¿Y qué autores lee constantemente?

Me gusta mucho la crónica, así que leo a Caparrós, a los cronistas de Etiqueta Negra, la revista peruana. Ahora mismo leo ‘Homo Deus’, de Yoval Noah Harari.

¿Y este libro los ha ayudado, a usted y a su esposa, a sanar su dolor?

El dolor de una pérdida de estas es muy duro, probablemente esa herida nunca sane. El libro sí me ha permitido entender muchas cosas, reponerme, tratar de contestar a la pregunta: ¿Cómo puedo seguir mi vida con esta pérdida? De todos modos, hay un dolor que siempre permanece.

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