Águeda Pizarro, la mujer detrás del Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo

Águeda Pizarro, la mujer detrás del Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo

Julio 10, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Carmiña Navia Velasco | Especial para GACETA
Águeda Pizarro, la mujer detrás del Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo

Además de haber sostenido el alto nivel en el Encuentro de Poetas durante treinta años, tras la muerte de su esposo, el artista Omar Rayo, Águeda Pizarro se ha encargado de manterner a flote el Museo Rayo de Roldanillo. Con todo, le queda tiempo para escribir versos.

Detrás de la artífice del gran Encuentro de Mujeres Poetas habita una escritora que se mueve entre lo lírico, lo personal, lo íntimo y la historia. Siempre con una clara y acertada mirada de género.

Creo que lo más claro que puedo decir de Águeda es que su vida y sus opciones respiran poesía. Leerla y seguir su trayectoria vital es sumergirse en una atmósfera poética que lo penetra todo; desde ella la poesía se proyecta en círculos concéntricos cada vez más amplios y profundos. Es su capacidad, su vocación, su opción. Una clara muestra es el evento que nos convoca esta semana: mantener a lo largo de 30 años un espacio para que las mujeres compartan su escritura, un espacio que crece y despierta entusiasmo y pasión, se convierte en nuestro medio en una verdadera proeza. Y es esa hazaña la que saludamos hoy, en la persona que la encarna, su gestora mayor.Águeda Pizarro es el alma del Museo Rayo. Sostener un museo exige una actividad incansable de contactos, de relaciones y una apuesta económica de la que nunca se sabe si vamos a recuperarnos o no. El museo ha logrado una permanente respuesta por parte de los artistas más significativos del país; sus salas están siempre ofertando ensanchamiento para el espíritu y posibilidades didácticas para apreciar el arte desde sus diferentes formas: pintura, expresión gráfica, escultura, poesía. Para lograr esto hay que ir mucho más allá de encerrarse en el taller y crear la gran obra.Roldanillo, pues, recibió su regalo. Esta mujer nacida en Estados Unidos, con raíces profundas en Rumania y España, llega hasta nuestra tierra para quedarse y para enriquecerla, desde ese paraje del norte del Departamento en el cual vive la mayor parte de su tiempo y desde el que se proyecta no sólo regional sino nacionalmente.La suma de su escritura es amplísima, fundamentalmente está compuesta de poemas y ensayos. Para cada encuentro de poetas ha escrito un ensayo. Nos encontramos entonces, para empezar, con 30 ensayos que giran alrededor de la poesía femenina.Pizarro es también una poeta en permanente producción. La mayoría de su obra está publicada en Ediciones Embalaje. Igualmente la Universidad del Valle ha publicado sus reflexiones, y la revista La Manzana de la Discordia, sus poemas. Encontramos textos suyos e igualmente sobre ella, en diferentes entradas de la web. Me voy a detener en algunos de sus textos porque me parece mejor fijar la atención en algunos aspectos significativos que realizar una mirada abierta y panorámica.Miraremos primero algunos de sus textos directamente poéticos. Su poesía se mueve entre lo lírico, personal, íntimo y la historia y los conjuntos sociales, especialmente las mujeres. Su mirada de género es algo que no ofrece discusión. Su poemario ‘Sombraventadora’ situado en Nueva York en 1979, viene presentado por ella misma y nos dice: “Contiene la experiencia de una mujer viajera por la tierra y por la soledad interior”. En él se visitan lugares muy diversos, pero se visitan desde el alma y la experiencia profunda del encuentro con el paisaje natural o cultural. Es un viaje a través de ella misma. Su presentación es igualmente importante porque nos habla de sus influencias primeras: “Estudié literatura francesa y en ella giré hacia los surrealistas: Eluard, Breton, Desbos, hacia Rene Chard sobre quien escribí mi tesis de licenciatura. El surrealismo que reconoce completamente el poder del inconsciente y libera al poeta para soñar activamente en vez de razonar y construir, le entrega los duendes de su imaginación”. Así se lee en el prefacio a ‘Sombraventadora’. En este poemario, como decía, la poeta visita los espacios, y a través de ellos re-visita su vida: Rumania, España, Estados Unidos, Colombia… Geografías distintas para la niña, la joven, la mujer. Es notable en estos poemas y en otros, el juego constante con el lenguaje, juego en el que se descubren siempre nuevas posibilidades: combinación y trueque de sílabas, invento de palabras… ‘gaviotaagueda’, ‘ceibaagreda’, ‘almadres’, ‘serpiedas’, ‘siempreesquinas’… En algunos de sus trabajos la combinación de sílabas recuerda el Altazor de Huidobro. En este y en otros textos como Ultramor, Águeda mantiene una fuerte batalla con las palabras, con el proceso mismo de expresar. Lo planteado por María Zambrano en su libro ‘Hacia un saber sobre el alma’ ilumina su quehacer:“Salvar las palabras de su vanidad, de su vacuidad, endureciéndolas, forjándolas perdurablemente, es tras de lo que corre, aún sin saberlo, quien de veras escribe”. En ‘Sombraventadora’, la poeta recorre y recoge la violencia en Colombia, esa que asuela campos y veredas, imponiendo temores y refugios. Para terminar en Roldanillo, espacio mítico ante el cual los caminos terminan y recomienzan nuevamente. Su punto de llegada, su arraigo, el final de esta travesía es la fusión con la naturaleza, la mujer llega al árbol y allí se queda, allí se instala y desde ese horizonte la vida se hace nuevamente semilla.‘Ultramor’ (1998), es quizás uno de sus textos más vanguardistas. En medio de su juego-batalla con el lenguaje, la poeta se adentra en el amor, en el encuentro de los cuerpos, en la amenaza de la muerte y el desamor, en el horror del fin. A lo largo del texto la voz lírica va y viene desordenadamente entre palabras y vivencias de un antes y un después… La niña, las caricias de adulta, la búsqueda del placer: el Caribe y la nieve se funden en un solo horizonte porque Águeda mestiza en su cuerpo y en su interior todas las realidades que llegan hasta ella.Un poemario muy interesante es ‘Halcón de otro viento’, publicado después del 2001. Se inicia con un paratexto que da título al libro y nos sitúa en un aparte de una obra de teatro de su padre, Miguel Pizarro, ‘Auto de los despatriados’, que dice: “Se derrocaron las torres y subieron muladares, quien no tuvo, perdió todo las personas fueron nadie. Aunque hubo mucha muerte no se veía la sangre: era la muerte una idea, no se pensaba en la calle. Terror y guerras siguieron, persecuciones y hambres; caía un fuego del cielo que dejaba en hueco el aire…”. Paisaje que refleja otro paisaje. Dolor que convoca otro dolor. Águeda abre su palabra instalándola en la caída de las torres gemelas, Nueva York, 11 de Septiembre de 2001. El verso se dice en paralelo entre Nueva York y Afganistán: “Las torres, las mujeres… su vida en paralelo, las violencias que hermanan el acontecer y la mañana en que otro halcón de viento hace su aparición y destruye a su paso”.El poemario termina con una larga poesía de versos cortos: Una sola sílaba, título que alude a un todo de lo mismo, la misma naturaleza de procesos y hechos que generan un único todo de dolor y de muerte…Quietos,los muertosy callados,las bocasllenas de sílabasque se desbordanen su silencio.Piden desde su pudor perdidoque alguienles cubrala vergüenzade estar expuestosa los ojos nuestrosvoraces como cuervos.Una mujer en Jenin,en Urabá¿o fue en Guernica?llama a Meriem o a María,que le devuelva al vientrea sus tres hijosperdidos en los escombros…Una viuda en Gaza,en Nueva Yorken Kosovomira el perfil cetrino de su maridoa quien ululantes multitudesbajan a la fosa…Miro en el recuerdo una fotografíadonde los niños de Guernica¿o era de Bojayá?yacen juntosen esas tierras ni míasen esos tiempos ajenos.Al niño le falta la mitad de la carita.La niña entorna los ojossin poder con su pañuelolimpiarse los mocos…La poeta mira el mundo a su alrededor y le llegan muertes, ataques a la vida… en su interior respira un contínuum de violencia que habita la historia y la geografía de las humanas y de los humanos. Ante esa violencia su palabra se duele, se indigna, e invita a mirar… Se despliega a lo largo de todo el libro una caricia hermanada que invita a una solidaridad simple, gratuita. Su poesía, como ya lo dije, es mucho más amplia, hay en ella dos carriles fundamentales que la conducen: la indagación en el YO, indagación múltiple que abarca los temas ejes de la vida: amor, vida, muerte, encuentros entre humanos y humanas, naturaleza… Y la experimentación que lleva el lenguaje al límite de sus posibilidades.

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