Adopte una palabra huérfana y reviva esos términos que ya nadie usa

Abril 23, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Ángela María Collazos | El País
Adopte una palabra huérfana y reviva esos términos que ya nadie usa

Para celebrar el Día del Idioma, RTVC está promoviendo hasta el 30 de mayo la campaña ‘Adopta una palabra, hazla feliz, dale un hogar’, para revivir términos castizos y regionalismos que ya casi nadie usa.

Para celebrar el Día del idioma y lograr que se revitalice, hasta el 30 de mayo estará vigente la campaña ‘Adopta una palabra’, para luego hacer un diccionario popular, es decir, un registro de la sociedad colombiana a través del lenguaje.

Para celebrar el Día del Idioma y lograr que siga vivo y dinámico, RTVC está promoviendo hasta el 30 de mayo la campaña ‘Adopta una palabra, hazla feliz, dale un hogar’, para revivir términos castizos y regionalismos que ya casi nadie usa.Paula Arenas, asesora de RTVC explica que la idea es “hacer un registro de lo que es la sociedad colombiana a través del lenguaje, debido a que este da cuenta de dónde venimos, de la región donde crecimos y es una manera de recopilar esas memorias”.Además, el propósito es crear un diccionario cercano a la gente y a su forma de expresarse, sin intervención de académicos, pues según Arenas estas “no son palabras que se enseñen en el colegio o se puedan leer. Son palabras que la gente te grita en la calle, el verdadero lenguaje”.Para darle vida a una palabra habría que agregarla al vocabulario cotidiano, una tarea fácil siempre y cuando se conozca su definición. Por ejemplo, ‘afugia’ quiere decir desasosiego, ansiedad o afán, así que se podría sustituir la expresión “no te afanes” por “no te afugies”. O ‘albricia’, que equivale a ‘noticia’, podría ser empleada en la frase “te traigo albricias”.Una de las 3.000 palabras que se espera incorporar al diccionario es ‘inmarcesible’, que a pesar de figurar en el Himno Nacional, pocos saben su significado. Este vocablo latino significa ‘que nunca se marchita’, y no es una palabra que usara la gente común, sino la élite del Siglo XVIII.Para el poeta caleño Jotamario Arbeláez, un escritor debe tener la misión de no dejar perder palabras que puedan desaparecer. Una de las que más ha usado en sus escritos este nadaísta es ‘encañengar’ o ‘cañengo’, que significa “encarte o persona muy fea para el sexo opuesto”. Y si de adoptar palabras se trata le daría un hogar al término ‘zarrapastroso’, que figura en su poema ‘Venganza china’: “Las novias que me abandonaron están casadas con zarrapastrosos”.Según Arbeláez, el máximo representante de la literatura costumbrista, Tomás Carrasquilla, fue el gran recuperador de la lengua vernácula, ya que “emplea una terminología castellana en versión paisa que es impresionante”. Dicen los expertos que Carrasquilla escribía relatos tal como se los habían contado.El idioma es cambiante y muchos términos que hoy en día se usan son resultado de errores que ha cometido la gente del común haciendo malas copias y malas pronunciaciones, ya que las palabras se aprenden fonéticamente, dando origen a nuevas expresiones y significados. Por ejemplo, el término ‘chichipato’, que según la RAE significa “persona que hace pequeños negocios” y coloquialmente, significa ‘tacaño’, viene de ‘pichicato’, que se usaba hace 20 años. Y a su vez, ésta tiene su origen en el vocablo italiano ‘pizzicato’, que traduce pellizquito, una forma de tocar el violín.Para la lingüista Ana María Díaz, “los significados cambian todo el tiempo y el diccionario de la RAE no alcanza a ir a la par del cambio. Por eso el significado de una palabra es el que le damos los hablantes”.Pero como todo, la campaña ‘Adopta una palabra’también tiene sus detractores como el escritor Héctor Abad Faciolince, quien asegura que “si una palabra muere, hay que dejarla descansar en paz. No creo que la lengua que hablamos se pueda dirigir de ninguna manera, porque es rebelde y sigue siempre su camino”.Según el autor, las campañas sirven para que la gente hable de modo consciente y para él la lengua debe fluir de manera insconsciente y serena. Y alude a ‘conticinio’, considerado por él un vocablo muy hermoso que significa “momento de la noche en el que cesa todo ruido. Pero, ¿cuántos saben lo que quiere decir? Si lo uso, no me entienden”, concluye el autor.Finalmente, el diccionario que se está presentando preliminarmente en la XXV Feria Internacional del Libro de Bogotá y que se cerrará el próximo 30 de mayo, será un testimonio de lo que fuimos y somos, y vale la pena tener un registro de esa historia lingüistica genuina, del que los autores seamos todos los colombianos.Palabras para adoptarAtisbe: observe, esté pendiente.Bandear: sortear una situación difícil o complicada.Bregar: intentar muchas veces.Casquivana: mujer libidinosa.Chinchoso: persona muy exigente y que se torna fastidiosa.Díscolo: necio, malicioso, rebelde.Escaparate: armario.Famélico: hambriento, delgado, flaco.Gallada: grupo de amigos.Hierático: cuya expresión no deja adivinar sentimiento alguno, cara de póquer.Imparajitable: inevitable, forzoso, sin excepción.Juete: cuerda, látigo u otro implemento usado para golpear.Kikato: niño pequeño.Líchigo: algo pequeño, miserable, tacaño.Macancán: persona de gran tamaño o fuerza.Maula: adjetivo que significa que una persona se hace el tonto para no ayudar a alguien que está necesitando.Misiá: forma de refirirse a una mujer, similiar a doña.Ñuco: alguien que se viste con mal gusto.Ósculo: beso.Pelafustán: alguien insignificante.Pereque: complicación, enredo.Quicio: parte de la puerta o la ventana en la que se aseguran las bisagras.Rimbombante: ostentoso, llamativo.Sopetón: sorpresa, algo inesperado.Ufanar: presumir o engreír.Viringo: desnudo, sin ropa.Yeyo: desmayo.

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