"A Cali le hace falta poner sus ojos en la cultura del oriente de Cali": Gustavo Gutiérrez

Agosto 09, 2017 - 09:49 a.m. Por:
Redacción de Gaceta
Gustavo Gutiérrez

Gustavo Gutiérrez, escritor y líder social.

Archivo de El País

Gustavo Gutiérrez vive en el barrio Petecuy, en la comuna 6 de Cali, una de las más violentas de la ciudad. Allí tiene ‘Biblioghetto’, un colectivo para motivar el gusto por la literatura.

Ahora desarrollará el proyecto ‘Barrios en voz alta’, ganador de un estímulo de la Secretaría de Cultura, con el que dictará talleres de creación literaria a jóvenes que viven en contextos violentos y marginados

¿Por qué es tan importante para su proyecto ‘Barrios en voz alta’ este estímulo?
Porque se trata de una iniciativa que busca visibilizar territorios muy importantes que no han tenido notoriedad literaria. Es una gran oportunidad para un grupo de jóvenes que cree que publicar un libro es para una eminencia, para un profesor, para un escritor consagrado. Pero ante todo, este proyecto busca darles un espacio a jóvenes que han crecido en entornos precarios y violentos, para que expresen sus formas de ver la vida.

¿Qué cosas se espera que cuenten?
Muchas. La idea es que puedan contar sus vidas, contar lo que ellos viven en esta ciudad. Te doy un ejemplo: hace poco, con unos muchachos que vienen de un proceso para resocializar jóvenes de pandillas, hicimos un trabajo en la ciudadela educativa Nuevo Latir. Todos eran muchachos de las comunas 13, 14 y 15, las más violentas de la ciudad. Subimos al sexto piso de la ciudadela y desde allí empezamos a ver Cali y les pedimos que hablaran de lo que veían: la mayoría habló de las zonas por las cuales no pueden caminar debido a las fronteras invisibles, o de los lugares en los que han vivido historias de muerte. Su forma de vivir y ver la ciudad estaba cruzada por la violencia.

El oriente de Cali es una zona que, también, ha vivido una marginalización cultural...
Sí. Yo creo que eso se debe en gran medida a que las instituciones del Estado no les han dado oportunidades a estas zonas para que tengan una presencia cultural y literaria más fuerte. En el oriente no hay librerías. Si un joven quiere tener acceso a un espacio cultural, a un lanzamiento de un libro, a la propia Feria del Libro, tiene que movilizarse hasta el centro de Cali o a la Biblioteca Departamental.
Estas son zonas de la ciudad muy difíciles, en las que uno se encuentra con jóvenes que hacen parte de entornos muy precarios y muy violentos. Esa es la herencia que nos ha dejado el narcotráfico de los años 90. Ya no hay grandes capos, pero ahora hay pequeños capos que controlan el negocio y que se han convertido en los líderes del microtráfico que mueven toda la violencia de zonas como el oriente de la ciudad.
Pero en estos lugares también hay muchos jóvenes que quieren hablar, que quieren contar su vida, que necesitan narrar lo que viven a diario. Tenemos que darle esa oportunidad.

¿Usted cree que a Cali le falta hablar un poco más de lo que pasó en la década de los 90?
Claro que sí. A Cali le hace falta hacer un análisis de lo que pasó en los 90, de cómo llegamos a ser lo que somos, de cómo nos convertimos en la ciudad que somos y, sobre todo, de cómo esos años le dieron forma al Distrito de Aguablanca, que es parte de la ciudad. En Cali no hay una literatura urbana que diga lo qué pasó aquí en esa década. Hay análisis, pero no hay una literatura alrededor de esos años y de las consecuencias que tuvo el narcotráfico para la ciudad.

Los jóvenes harán parte de un taller de formación básica en escritura. ¿La meta es que luego publiquen sus textos?
El penúltimo taller que se hace con ellos es el módulo de autogestión de medios, para que ellos puedan hacer una edición cartonera de sus trabajos. También se busca que las crónicas que han escrito las puedan convertir en piezas radiales y las puedan volver virales. Nuestra idea es, sobre todo, empezar a enseñarle a esta parte de la ciudad a que lea y a que haga literatura. También queremos hacer un llamado para que no nos quedemos solo leyendo a los clásicos y a Andrés Caicedo, sino que narremos la ciudad para darle notoriedad literaria a Cali.

Nota: esta entrevista fue publicada en la edición de la Gaceta del pasado 6 de agosto. En esa edición en la respuesta a la tercera pregunta, el entrevistado dice que en el oriente de Cali no hay "librerías, no hay bibliotecas". Se trató de un error del periodista que se corrige para esta publicación que queda como aquí aparece. 

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