21 gramos de cine con Guillermo Arriaga

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El genio detrás de ‘Amores Perros’, ‘Babel’ y ‘21 gramos’, Guillermo Arriaga, revela el lado autobiográfico de sus películas. Está en Cali.

21 gramos de cine con Guillermo Arriaga

Julio 06, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros | Periodista de El País
21 gramos de cine con Guillermo Arriaga

Guillermo Arriaga estuvo en Cali, invitado por el Campus Party, para contar su historia como guionista y la forma en que sus películas transformaron el cine mexicano.

El genio detrás de ‘Amores Perros’, ‘Babel’ y ‘21 gramos’, Guillermo Arriaga, revela el lado autobiográfico de sus películas. Está en Cali.

La lección quedó aprendida. Hoy, cada vez que Guillermo Arriaga firma un contrato por alguno de sus guiones, se asegura de que las cosas queden claras. Por ejemplo, si la película llega a ser nominada a los Oscar, deben llevarlo con gastos pagados a la ceremonia de entrega. También, debe estar presente en la promoción del filme y en las conferencias de prensa durante las exhibiciones en festivales. No volverá a sucederle lo mismo que en ‘Amores perros’ y ‘Babel’, dos de sus películas más celebradas. La primera recibió más de 40 premios y abrió un nuevo camino para el cine mexicano. La segunda logró siete nominaciones de la Academia y se quedó con un Oscar. Los aplausos, sin embargo, solo llovieron para Alejandro González Iñárritu, el director. Ambos eran amigos; Arriaga incluso lo llamaba ‘el negro’, de puro cariño. Y aún hoy quedan por ahí muchas de esas revistas en las que ambos aparecen retratados, felices. Pero esa amistad se quebró irremediablemente desde que González comenzó a decirles a todos que aquellas eran ‘sus películas’. De hecho, le prohibió a Arriaga la entrada al estreno de ‘21 gramos’. El New York Times la llamó “una pelea de perros”. En la actualidad, asegura el guionista, “no hay ningún tipo de relación”. Así, a secas. Lo dice antes de su visita a Cali, a donde llegó invitado por el Campus Party. Aquí contó cómo narra con tanto acierto sus historias en la gran pantalla. A El País le contó otras cosas. Estas, pues, las confesiones de uno de los grandes guionistas de América Latina.Guillermo, usted dice que si no puede escribir historias, el mundo le sería incomprensible. ¿Cuándo sintió que se sentía tan a gusto con la palabra?El ser humano no se entendería si no puede contar historias. Hay una necesidad intrínseca desde el principio de los tiempos. Cuando ves las pictografías de las cuevas, ves gente que está contando su vida. Lo que pasa es que algunos tenemos mucha más necesidad que otros de hacerlo. Cuando no cuento historias, orgánicamente me siento mal. Desde niño sentí esa fascinación por contar. Quise ser director, escritor, actor y... jugador de fútbol profesional. Muchas cosas para una sola vida, ¿no?Pues cuatro cosas solamente; pero al menos me queda que ya fui tres de ellas.Bueno, lo del fútbol, ya con 56 años a cuestas, ni modo...Sí, caray, y además se me fue el Mundial. Sufrí mucho con el de Brasil, me puse de muy mal humor con eso de que nos hayan robado el partido a los mexicanos. Bueno, por fortuna me queda el Atlante. Pero eso es otra historia. Sigamos en sus inicios, esos años en los que hacía libretos de televisión y de radio...Sí, desde muy joven empecé a ganar dinero escribiendo artículos y cuentos para un periódico infantil cada semana. Y, a la par, hacía cosas para radio y televisión durante años. Trabajé en estaciones de radio. Yo era uno de esos tipos que se encargaba de darles identidad a las emisoras, ¿sabes? Todo lo que decían los locutores de las estaciones más importantes de México.¿Y cómo ese libretista acabó convertido en un hombre de cine?Es que siempre me sentí un contador de historias que usa la palabra escrita y las imágenes. Lo mismo escribo novelas, que cortometrajes y largometrajes.¿Siempre con la tentación de estar contando todo de modo cinematográfico?Al contrario: cuando escribo cine tengo la tentación de escribirlo como literatura, como una novela, porque mis estructuras de cine vienen más de la literatura que mis libros del cine. Primero fui novelista y luego guionista y director.Tolstói solía decir “pinta tu aldea y serás universal”. ¿Qué tan autobiográficas son sus historias?Lo son todas y cada una de ellas. Están basadas en experiencias personales o en experiencias que le pasaron a gente cercana a mí. ‘Amores perros’, de hecho, nace de un accidente que usted sufrió hace años...Sí, es que un accidente pone en contacto a gente que no se conoce y que se vuelve parte de la vida del otro en forma permanente. Eso me impresiona mucho. De mi accidente, que fue en 1985, me obsesionó lo que pasó antes, durante y después. Desde ese momento quise llevar una estructura semejante al cine, algo como ‘El sonido y la furia’, de Faulkner.¿Y qué fue tan determinante como para que detonara una película?Varias cosas. Yo andaba de cacería en las montañas del centro de México. Había manejado toda la noche y, cansado, me acosté atrás. Abajo iba un amigo muy pequeñito, otro más iba manejando adelante y conmigo iban tres niños. Todo bien hasta que quien manejaba le empezó a picar las costillas al que estaba acostado, se distrajo unos segundos y nos fuimos por un barranco. Yo desperté en medio de la caída, sin cinturón de seguridad. Ya en el hospital, comencé a preguntarme, ¿qué habría pasado de continuar yo manejando media hora más? ¿O si mi amigo en lugar de picarle las costillas al otro maneja dos minutos más? ¿Qué habría pasado si le da por hacerlo 200 metros antes cuando pasamos por precipicios de 500 metros? Nosotros, por fortuna, solo caímos diez metros. Pero esa suma de casualidades siempre se me quedaron en la cabeza.‘21 gramos’ tiene su origen en un episodio mucho más complicado: un problema de salud... Sí. A los 23 años me dio una infección en la membrana del corazón. Y, tal como en el accidente, pensé que situaciones como estas te enfrentan a conocer personas y a situaciones que de otra manera no serían posibles.Y como la muerte le ha hecho el guiño varias veces, pues usted acabó haciéndola protagonista de sus películas... Pues es que cuando sufres de problemas del corazón a los 23 años, te das cuenta de que te puedes morir a la edad que sea. La muerte, por eso, es una obsesión. Y también ese estilo en el que siempre hay vidas que se cruzan...Claro. Me obsesiona también de qué manera una persona supera el destino, cómo le hace alguien para ser quién es a pesar de las circunstancias; también los amores prohibidos porque ‘Amores perros’, más allá de ser una película sobre la violencia, es una historia de amor.¿Cuáles son esos temas que siempre le hacen la vida imposible como escritor?Mejor diría que me la hacen posible. A veces he querido contar otros temas, pero no puedo y vuelvo a los mismos; el peso de los muertos sobre los vivos, por ejemplo. Me interesan personajes complejos, hacer personajes que empiezas a detestar y terminas entendiendo. Que son deleznables como Octavio, de ‘Amores Perros’. Fíjate, se quiere robar a la mujer embarazada de su hermano, pone a pelear a su perro, asesina y demás y, sin embargo, la gente lo entiende. O en el caso de Charlize Theron en ‘The burning plain’, una mujer manipuladora y promiscua, que terminas comprendiendo. Es algo que disfruto hacer. ¿Por qué se siente más cómodo con que lo llamen escritor, más que guionista, si este último oficio es el que lo convirtió en celebridad?Me considero un escritor con un mundo particular que proponer. Un cocreador. Un guionista pone su oficio al servicio del director, y yo no hago eso. Cuando conocí a Alejandro González, él me pidió que le escribiera una historia. Yo le dije que eso no era lo mío. Que mejor se la pidiera a Alfonso Cuarón. Es que yo escribo los guiones con el mismo rigor de mis novelas: cuido estilo, tiempos, diálogos, espacios. Apunto indicaciones para la escena, pienso en el ritmo de la producción, en los costos. De ‘Amores perros’ escribí 36 versiones en una máquina Olivetti 86. Y un párrafo de una novela lo reescribo hasta doscientas veces. Ese rigor es el de un escritor, no el de un guionista.Guillermo, ¿ha caído en la tentación de pensar en una película sobre el narcotráfico en México?No, porque no tengo una historia qué contar allí. Todas mis películas son historias que llevan años en mi cabeza. García Márquez decía que tardó 24 años en narrar ‘Crónica de una muerte anunciada’. Lo entiendo perfectamente. Son historias que tienes en tu cabeza y no sabes cómo resolver hasta que salen. De hecho, escribí una novela sobre narcotráfico, ‘Los sapitos’, pero al terminarla dije ¡híjole, esto puede darle ideas oscuras a una sociedad que no las necesita! Y, bueno, ya sabemos lo que pasó y que otros directores se han ocupado de eso. Ahí están ‘Miss Bala’ y ‘El infierno’. Yo todavía no he sentido esa necesidad. Suficiente con mis propias obsesiones.

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