200 niños unirán sus voces para cantarle a Cali

Junio 28, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País.
200 niños unirán sus voces para cantarle a Cali

Este domingo 3 julio se presentará, en el Teatro Municipal, el espectáculo 'Esta es mi Cali' con 200 niños en escena de la Red de Coros Infantiles, la cual cumple 15 años de labores.

La Red de Coros Infantiles de Cali celebra  15 años de labores con lo mejor que sabe hacer: cantar. Y para ello invitan  a una cita musical denominada 'Esta es mi Cali', que se realizará en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura este domingo 3 de julio, a partir de las 11:00 a.m.

El concierto coincidirá además con un fecha especial  para la ciudad: la celebración del grito de Independencia de Santiago de Cali. 

Ese día, el homenaje correrá por cuenta de las  voces de 200 niños y niñas de 5 escuelas públicas de la ciudad que hacen parte de la  Red de Coros Infantiles que es manejada por la Fundación Arte y Parte y que cuenta con la dirección artística del maestro Julián Rodríguez.

“Este domingo le vamos a cantar a los ríos, la brisa, a la vida cotidiana, al cholado, a las macetas y a todo lo que es Cali. Será con todo el amor para este paraíso que tenemos por ciudad”, explica Rodríguez, quien anticipa que al espectáculo muy seguramente se  unirán invitados especiales como  un oso de anteojos, un gallito de roca y hasta  un guatín. Habrá  currulao, salsa y otros ritmos que hacen presencia en la ciudad. 

Con 15 años de trabajo ininterrumpido, Rodríguez hace un balance sobre lo que representa para Cali tener esta Red de Coros Infantiles. 

¿Cómo nació  la Red de Coros?

Yo estudiaba música en  Univalle, mi maestro Vicente Sanchiz me enseñó lo que eran los coros y fuimos a una gira por Europa. Me quedé allá y él me ofreció un trabajo con niños,  nunca lo había hecho, pero acepté. Empezamos a hacer coros en escuelas  de  Sevilla y Huelva, España. Pero  regresé a Cali y me propuse hacer conciertos donde los niños fueran los protagonistas. El primero fue en 1991 con Proartes y fue ‘El concierto de los colores’ que no siguió por falta de recursos. Luego, en 2002 la Secretaría de Cultura y Turismo me propuso hacer un nuevo coro que fue el ‘Coro de los mil niños’.  Desde ahí mi tarea ha sido defender el canto masivo porque la voz es el instrumento más económico, está en todos los estratos y tiene un efecto inmediato porque la palabra nos permite decir tantas cosas que soñamos. 

¿Qué empezó a descubrir en ese trabajo con los niños?

En 2007 cuando quisimos hacer una obra a Cali y empezamos a estudiarla, me aterró encontrar que los niños no sabían qué eran los farallones, decían  que era una clínica, un parque; no sabían por qué hay brisa en Cali, por qué bailamos salsa o cuántos ríos tenemos. Había un desconocimiento de la ciudad pero hicimos la tarea de aprender junto a historiadores y biólogos. Por eso le hemos cantado a la ciudad, al agua. El  hecho de cantarle a lo que somos es de por sí una posición crítica porque invitamos a ver nuestros propios orígenes.     

¿En 15 años cuál ha sido su reto?

El reto central de esta Red es mantenerla y desde 2008 creamos  la Fundación Arte y Parte Julián Rodríguez (www.fundacionarteyparte.org). Hemos tenido momentos difíciles en donde no aparece ni un peso del presupuesto municipal pero mantenemos el trabajo con los niños. Y el otro reto, es concientizar a la gente de que el arte y la cultura tengan un lugar en la educación, hoy se priorizan más las TIC’s y los idiomas. Y convencer a los papás y a los maestros de que este trabajo es importante, es más difícil que trabajar con los niños. Con ellos intentamos, cada día, que cada cosa que canten, la entiendan, sepan qué es. Eso es clave en los procesos de aprendizaje.     

¿Cuánto cuesta mantener vivo este sueño de hacer coros con los niños de la ciudad?

Cuesta cuatro ametralladoras, cinco granadas y un coctel en el Congreso de la República. 

¿Qué vidas ha cambiado el trabajo de la red?

Es cierto que esto no tiene la ilusión de hacer músicos y artistas, sino que buscamos que sean mejores seres humanos. Uno de los mejores casos es el de María del Mar Castaño, hizo parte del coro, estudiaba violín porque sus padres la apoyaban y hoy hace parte de la Filarmónica Joven de Colombia, ha hecho itinerancias por España. Y  a diario me encuentro con  muchachos que son celadores u otros bien punkeros o familias enteras cuya sensibilidad es diferente, ofrecen un afecto y alegría inmensa. Es cierto que no tenemos súper  estrellas, pero sí gente con mucho talento que está para cantarle a su comunidad. Hay que hacer florecer la diversidad.

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