ENTRETENIMIENTO
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Crítica: un hombre llamado Ove

Abril 16, 2017 - 08:20 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez / Especial para Gaceta
ove

Fotograma de 'Un hombre llamado Ove'

Especial para El País

Ove cuenta las horas para morirse. No hay otra cosa que quiera más que unirse, en el más allá, con su amada con quien compartió la vida y que lo dejó un año y medio atrás. Desde entonces, ha vivido más por inercia que por deseo. Los días son grises, aburridos, insoportables. El barrio en que ha habitado toda su vida ha cambiado: los vecinos ya no son los de antes y nuevas generaciones empiezan a apropiarse del lugar de maneras distintas a lo establecido. No soporta la gente que pasa por encima de los demás y extraña los viejos tiempos.

Entonces se sumerge en su pasado de días soleados, pero también de noches tristes, desoladas y sin respuesta. Su infancia triste, su juventud solitaria y su vida adulta acompañado de una mujer que lo amó todos los días. En este viaje de recuerdos que se lleva una buena parte de la película, conocemos más y entendemos el porqué de su amargura. Ella fue la luz que iluminó su oscuridad, una sonrisa para su tristeza permanente, el lado bello de su vida, su única razón.

Todo bien justificado, para nosotros pero no para quienes están a su lado y que solo ven de él su fachada y su intolerancia. El viejo Ove es insoportable, llama a todos “idiotas” y se cruza de palabras con quién tenga que hacerlo sin importarle su edad.

Así transcurre sus días, entre intentos de suicidio que nunca se concretan y las relaciones forzadas que se ve obligado a entablar con una familia de inmigrantes que pueden ver más allá de las apariencias.
La película sueca ‘Un hombre llamado Ove’ nos presenta un drama íntimo con tintes cómicos que logró conseguir varios premios y nominaciones el año pasado, incluyendo la mejor comedia de Europa. En su historia está su porqué.

La adaptación de una novela homónima, la película protagonizada por Rolf Lassgård en el papel del viejo Ove y de Bahar Pars como la vecina inmigrante que se gana su corazón como la hija que nunca tuvo, se nos presenta ligera y llevadera durante su desarrollo. Entre cotidianidades agridulces, el viejo sobre lleva la vida, intentando honrar la memoria de su difunda compañera, regresando a su esencia con acciones nobles y espontáneas.

Así pues la película avanza hacia un final que se prevé desde su primer acto y que, tal vez, nunca pretenda ser otra cosa, ni develar ninguna sorpresa extraordinaria.

Esto no significa que se trate de una historia sin ningún trasfondo. Intentando mirar más allá de lo evidente, podríamos aventurarnos a decir que su director (Hannes Holm, conocedor de la fórmula risa-lágrima emotiva, como lo ha demostrado en su trayectoria en películas cómicas del estilo de ‘El paseo’) dio un paso más allá.

Llevando la anécdota del vecino ogro a la superación de un duelo o de aquello de aprender a sobrellevar la pena, ‘Un hombre llamado Ove’ encierrra una crítica sutil a la intolerancia. No hay piezas sueltas, como no es casualidad que el hombre que vemos como terco y uraño sea quien acepte a los inmigrantes y le tienda la mano a un joven que es rechazado por su padre por ser gay.

He aquí una mirada certera a las nuevas dinámicas sociales que construimos entre resignación y optimismo. A través de escenas justicieras que el espectador sentirá placenteras, el humor emergerá no como el resultado de chistes y equivocaciones sino como un elemento reconfortante. Por ácido que resulte, el humor siempre será eso: humor, entendible sin importar las latitudes. Por eso, dentro de su estilo, el resultado que consigue Holm es el mejor. Satisfactorio para quien lo observa y positivo para los románticos que piensan que el mundo siempre puede ser mejor.

A pesar de tratarse de una película ajustada, los actores de los que se vale han llegado a nuestros ojos en producciones dramáticas e intensas como ‘Después de la boda’ y ‘Crímenes de una pasión’. Esto la lleva a otro nivel.

‘Un hombre llamado Ove’ es una película que no pretende ser relevante, y aunque ese fuera su propósito, lejos estaría de conseguirlo. A fin de cuentas su anécdota la conocemos desde antes y su final se anticipa con soltura. Es más bien una producción agradable, que reconforta a sus espectadores.


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