"Con 'Sin senos sí hay paraíso' muestro una generación distinta de niñas": Bolívar

"Con 'Sin senos sí hay paraíso' muestro una generación distinta de niñas": Bolívar

Agosto 28, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Isabel Peláez | Reportera de El País

“No es cierto que yo escribo narconovelas, solo tengo dos de las 70 cosas que he hecho”: Gustavo Bolívar, escritor, libretista y director.

Gustavo Bolívar trae de vuelta ‘Sin tetas no hay paraíso’, criticada por muchos pero que -según él- aporta muy buenas enseñanzas. Conozca los secretos del creador de ‘El Capo’ y ‘Pandillas, guerra y paz’.

Cuando Gustavo Bolívar Moreno empezó a escribir  ‘Sin tetas no hay paraíso’, su hija Leidy Susana era una adolescente como Catalina, la protagonista de su historia.  

Él cuenta que mucho de lo que escribió en ese libro que inspiró una serie de televisión, se basa en  un diálogo que siempre quiso sostener con  su única niña (tiene otros dos hijos varones).

“Ahora que  mi hija tiene 30 años le confesé que no tuve el arrojo  para charlar con ella de esos temas y que mientras escribía ese libro,  me imaginaba que estaba hablándole. Ella nunca   mostró interés en quererse operar, pero yo tenía ese temor y le ponía ejemplos en el libro de por qué no hacerlo”, dice el libretista, quien presenta la segunda parte de su historia en la serie ‘Sin tetas sí hay paraíso’, transmitida por Caracol TV, en alianza con Telemundo. 

Su libro, asegura el escritor nacido en  Girardot, Cundinamarca,  “lo pedían en los colegios,  lo leyeron millones de niños, lo que me dejó satisfecho. Sabía  que entablaba un diálogo con cada adolescente que lo leía”.

¿Por qué hacer una segunda parte de ‘Sin tetas no hay paraíso’?

El primer libro lo escribí en 2002 y en 2006 salió la serie. Debí esperar   varios años para que la niña de  doña Hilda y Albeiro creciera. En ‘Sin senos  sí hay paraíso’ quería mostrar una segunda generación de niñas distinta y  una protagonista  consciente de los errores que cometió su hermana y  dispuesta a sobreponerse a  las amenazas de su entorno, que son las mismas de antes porque  a pesar de que desaparecieron muchos carteles, hay otros. 

¿Qué efecto cree que generó en la juventud ‘Sin tetas no hay paraíso’ en el campo de la cirugía estética?

Cuando publicamos el libro  ‘Sin tetas no hay paraíso’, discutimos con  la editorial si hacíamos 500 o 1000 libros y vendimos un millón. Puse en el libro mi email y miles y miles de niñas de México, España y  Colombia me contaron que desistieron de operarse sus senos.  La  serie y el libro estigmatizaron tanto a la mujer con prótesis grandes, que ahora prefieren senos pequeños, armónicos. Los médicos dicen que ya no piden prótesis 36 o 38.

¿Hay proyectos suyos que  hayan censurado en televisión?

Sí claro, cuando  a uno le aprueban un proyecto ya han pasado tres que no han interesado a los canales, y justamente son esos donde no hay violencia. Tengo 50 proyectos registrados, pero me quieren encasillar en esto. Por eso mi afán de terminar ‘El último príncipe azul’ y decirles que si quieren algo para televisión es eso.  

Algunos ignoran que usted libró con Enrique Parejo González, en el Concejo de Bogotá, una lucha contra los ‘narcos’ y  lo acusan  de hacerles apología  en sus series. ¿Qué les dice?

La gente cree que porque uno hace una novela de narcotraficantes, les hace apología. No he visto  una  serie mía ni de mis colegas en las que el narco se salga con la suya,  evada la justicia humana o divina, en la que no quede extraditado, en la cárcel o muerto. En ninguna serie termina en un yate con cinco mujeres y bebiendo.

Que Marlon Moreno interpretara al ‘Capo’, ¿qué le aportó al rol?

Hay historias que el actor ayuda a engrandecer y  Marlon le metió una pasión que pocos actores dan  a sus personajes. Charlo por Whatsapp con  gente de todo el mundo, hasta de Afganistán, que adoran ‘El Capo’ y me piden  la cuarta parte, que  está en camino. No he sentido una devoción tan grande por una historia mía, ni  por ‘Sin tetas’,  después de ‘Yo soy Betty la fea’.

Los protagonistas de sus historias: ‘El Capo’, Catalina, ‘Los Caínes’, los de ‘Pandillas’,  marcaron a sus actores. ¿A usted cuál lo ha marcado más?

‘El Capo’ porque encontré un personaje con el cual cantarle la tabla a la clase política corrupta: Pedro Pablo León Jaramillo. En una escena él le dice al ministro: “¿Quién es más culpable de que yo sea narcotraficante? ¿Usted que me robó el dinero de la educación o yo que era apenas un niño que mamaba la teta de mi madre? ¿Quién rompió esa inocencia? La injusticia social.

Usted protagonizó muchas protestas estudiantiles. ¿Cuál cree que es la gran falla en la educación del país?

Que en pruebas internacionales Colombia ocupe los últimos lugares, que en un informe reciente ninguna de las universidades del país esté entre las 500 mejores del mundo, habla de la pésima calidad educativa. Hay   regiones donde los niños  transitan por muchos kilómetros  en bicicleta, en burro o a pie para llegar a la escuela. Que de cien personas que se gradúan de bachilleres, 14 tengan acceso a la universidad, es  mucho desperdicio de talento. Pero  sobra dinero  para pagarles a congresistas sumas   41 veces más grandes que   el salario mínimo,  para la ‘mermelada’ y  repartir   cuotas de libre destinación a  congresistas que, en su mayoría,   llenan sus cuentas  para comprarle   votos a la gente, para  asegurar sus proyectos legislativos. Un 10 % del presupuesto se va hacia la corrupción.

No fue un estudiante fácil, ¿verdad?

Me eduqué en colegios públicos. La primaria la hice en Girardot y cuando escribía ‘Pandillas, guerra y paz’, me invitaron a mi escuela para dar una charla sobre el tema. Les dije a los jóvenes que  el Estado sí  tiene un poco de culpa en que  no tengamos oportunidades, pero no debemos buscar un estado paternalista que cargue con nuestras culpas, sino  poner de nuestra parte y no ir por el mal camino. Cuando murió mi padre yo tenía 10 años y mi madre nos llevó a Bogotá; entré a un colegio público,   me expulsaron en quinto de bachillerato y  terminé en nocturno, con pésima educación. Estudié  en la Universidad de la Sabana Comunicación Social  hasta séptimo semestre y decliné por falta de recursos. Me puse a escribir por mi cuenta y a hacer investigaciones.

¿Verdad que una profesora de literatura lo animó a la escritura?

Sí, en el colegio, en tercero de bachillerato, Lucía Murcia hacía  concursos de cuento y de relatos y  gané algunos. Nos hacía entender la literatura de manera fácil, no esa tortura  que  les meten a los niños, de obligarlos  a leer La Iliada, La Odisea, El Quijote,  tan difíciles de entender a corta edad y de allí su rechazo a la literatura. Ella nos ponía  a leer libros   entretenidos y a veces nos dejaba escoger. Me hizo tomarle cariño  a la literatura y atreverme a escribir.  

Escribió su primera novela a los 13 años y 20 años después la llevó a la TV,  ‘El Precio del Silencio’. ¿Cómo fue?

Fue un  cuento que la profesora nos puso a hacer de  8 a 15 páginas, pero yo llegué a la  50 sin darle un final. Me  dijo que yo lo que estaba escribiendo era una  novela, que la terminara, que podía tener de 100 cuartillas de máquina en adelante. Me salió muy larga y mal escrita, ‘El precio del silencio’,   pero   ya mostraba una imaginación, conformación de personajes, manejo de tiempos. La técnica  la aprendería en el camino.

¿Cómo llegó a la televisión?

De la mano  con la literatura. Me fue encantando el periodismo,  soñaba hacer investigaciones. En la universidad escribí ensayos sobre las pandillas de Simón Bolívar, y al retirarme  me encontré al abogado a  cargo del caso de la muerte de  Doris Adriana Niño, quien me dejó ver el expediente y me enamoré de la historia.  Escribí ‘El Cacique y la Reina’  y se interesaron en pasarla por TV.  No  había quién se le midiera a leer 66.000 folios para hacer la  adaptación. Presenté  la historia en formato de periodismo, recreando lo que yo pensaba, que  la habían asesinado, y lo que decía la abogada, que Diomedes   la había dejado en un taxi y no había sabido nada más.

¿Hacia dónde va la TV?

Está pasando  por una crisis dura y   definitiva. Los televidentes se están yendo a otras plataformas, especialmente Internet. Hacer un capítulo de ‘El Capo’ hace cinco años costaba US$ 250.000, hoy es impensable hacer una serie por ese precio. Se cobra por la cantidad de puntos de rating.  

‘Sin tetas sí hay paraíso’ la financia Telemundo, pero las nuevas novelas de RCN y Caracol serán austeras. Estuve la semana pasada en RTI, donde hacían cinco novelas al año, y  están liquidando la empresa. Les compré unas cámaras con las que grababan  Animalandia y voy a exhibirlas en Girardot, como de museo.  Y vienen más cierres. La TV la están sosteniendo los adultos que no tienen Internet ni el hábito de entrar a Youtube, pero cuando estas señoras que ven las novelas no existan, no habrá a quién entretener. Los chicos de hoy no quieren esclavitud con los horarios, quieren ver lo que les da la gana y no lo que les manden. Es imparable.

Hay quienes creen que Pedro Pablo León Jaramillo, ‘El Capo’ es Pablo Escobar. Su creador, Gustavo Bolívar,  lo  desmiente:  “Concebí ‘El Capo’ con la sagacidad de Pablo Escobar para escaparse,  la inteligencia de los Rodríguez Orejuela para esconder el dinero y pasar ante la  sociedad como si no tuvieran vínculos con el narcotráfico. Fue un híbrido”.

Antes, Bolívar había escrito ‘El candidato’ y  trabajó con el exministro de justicia Enrique Parejo, a quien gente de la mafia había abaleado y salió ileso. Tras entrevistarlo, Gustavo le envió un proyecto de cómo llegar a la presidencia y lo llamó a ser su asistente como candidato  para el Concejo de Bogotá y luego, a la presidencia. Trabajé casi ocho años con este hombre  que luchó de frente  contra el narcotráfico. Yo recibía, por teléfono, las amenazas  que le hacía Pablo Escobar, con las peores palabras. Y él, incólume, un valiente’”.

“Parejo renuncia a la Embajada de Suiza para  venir al país a   hacer oposición al gobierno de Gaviria, que omitió una denuncia  sobre narcocasetes. A los días, la Asamblea Constituyente aprueba el artículo en el  que prohíben la extradición y  se entrega   Escobar”, eso le  inspiró a Bolívar su libro ‘El candidato’, “de  cómo ganar una elección sin recurrir a dineros del narcotráfico”. 

Gustavo perteneció a Juventudes Galanistas: “Estuve en Soacha el día que asesinaron a Galán, quedé con el dolor de ver cómo en este país mataban a la gente buena y  el malo  ganaba”.  Advierte que  “mientras este país no sea educado, es tiempo perdido hacer política, tendría que volverme corrupto y  no  voy  a hacer concesiones morales”.  Prefiere hacer campaña contra los corruptos   en sus  redes sociales  o con su fundación Manos Limpias. 

Admite que ‘Pandillas, guerra y paz’, su exitosa serie,  fue una tarea de la universidad, que  cuando hizo los capítulos sobre la muerte de  Doris Adriana Niño en Unidad Investigativa le pidieron más historias con ese formato: “Este es  el único   país donde   han asesinado a  seis candidatos presidenciales: Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa,  Carlos Pizarro,  Galán,  Álvaro Gómez. Dije que  quería contar eso y me dejaron. Hice  miniseries del asesinato de Galán y del de exministro  Rodrigo Lara. En Soacha  un concejal me confesó que lo amenazaron para que dijera que la Plaza donde mataron a Galán estaba llena de policías,  que había gente rara, como un embolador que llegó a su  sede del Partido Liberal,  se ganó la confianza de todos y se esfumó horas antes de que mataran al candidato, hay  cosas  que  hace tres años concluyó la Fiscalía, da risa ver cómo amañan las cosas”.

Ahora está dedicado a sus libros ‘El final del paraíso’, tercera parte de ‘Sin tetas’ y ‘El último príncipe azul’: “Un personaje  casi sin defectos, que  me habla desde hace tiempo  en mis redes, con el hashtag #VersosDeMediaNoche,  quiero que esta sea mi obra cumbre, así no   venda tanto como ‘Sin tetas’”.

Se ríe cuando se le pregunta si se podría hacer un biopic sobre él. “Un amigo que escribe conmigo dice que le gustaría contar muchas anécdotas mías,  le digo que no lo haga cuando yo esté vivo,  me daría mucha pena”, dice Gustavo Bolívar. 

Confiesa  que ha tenido “dos matrimonios fracasados”: “Mis tres hijos los tuve con dos esposas distintas. Y con mi novia  estoy  en planes de casarme, pero en el último mes  he  tenido  muchísimo miedo de volver a fracasar,   creo que  el culpable he sido yo, me meto mucho en el trabajo, es algo que quiero cambiar”.  

Pero tiene una razón comprensible:  “Cuando está la novela al aire, el día que yo no haga 50 páginas se detiene la grabación, estamos hablando de US$100.000  por un día, que están en el contrato y que, de no cumplir, me los cobran a mí. Ni los hijos ni la esposa  lo sacan a uno de esos encierros largos. Corro, escribo, es muy esclavizante. Muchos dicen ‘este se enriqueció con eso’, no saben las  miles de  horas que ha tenido uno que estar encerrado,    privado de  cosas”. Ahora cuenta con “la suerte” de tener por novia a su asistente de libretos: “Resulta  ameno, estamos encerrados juntos. Puede que por ahí funcione”.  

Considera que el tamaño de los senos no importa, pero sí el del cerebro. Es muy tímido para enamorar envolviéndolas en segundos, como   lo hace ‘El último príncipe azul’. “De él tengo esa parte de   escribirles carticas, poemitas”. 

Cuenta que su personaje del príncipe comenzó a cobrar vida en sus redes sociales. “Yo nunca había hecho poesía, pero con esas frases que empezaron a brotar de él, incursioné en los poemas, sin ser poeta, en abril de 2015. Cuando llevaba una semana dije ‘Voy  a   escribir un poema todas las noches’”. 

Luego dijo: voy a escribir  200. “Me impuse el reto de escribirlos durante un año. Me encerraba en un baño, donde fuera y en el país  que estuviera. Van 418, pero ya son más esporádicos,   me estaba  volviendo loco, estaba preso de la poesía. Rompí las cadenas,  no tengo la presión del tiempo”.  

La inspiración también le da para escribir canciones. Hizo el tema de ‘El precio del silencio’ y  en ‘Pandillas, guerra y paz’ escribió canciones para que el personaje de Juliana  las interpretara. En ‘Sin tetas sí hay paraíso’ creó diez, una para cada personaje. Así es Gustavo Bolívar, creativo. Lo amen o lo odien, no dejará de escribir.

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