ENTRETENIMIENTO

¿Cayó usted en la trampa del sexting?

Marzo 22, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Enviar mensajes de texto, fotos o videos con contenido sexual a través de un teléfono celular, una costumbre peligrosa. Casos.

Sexting, contracción de los términos en inglés ‘sex’ y ‘texting’, hace referencia a la práctica de fotografiarse o grabarse  en actitud provocativa para enviar las imágenes o videos  a alguien de confianza.

Esta práctica, considerada por muchos adultos como una forma pertida de mantener una relación de pareja activa sexualmente, se ha popularizado entre los jóvenes,  gracias a las redes sociales y a aplicaciones de mensajería efímera (Snapchat), que prometen que un mensaje se autodestruye pasado cierto tiempo, lo que ofrece una “garantía” de mandar imágenes subidas de tono de forma privada.

Pero el sexting en los  jóvenes  puede causar graves daños psicológicos, pues  en la mayoría de los casos estos desconocen el destino final de sus fotografías íntimas. 

¿La razón? Siempre existe la posibilidad de que el contenido sexual del mensaje sea visto por personas que estén fuera de la relación sentimental. Otra posibilidad aterradora: usted envía una foto donde aparece desnudo pensando que pronto se va a borrar de la red vía Snapchat, pero qué tal si quien la recibe le toma una foto a la foto y la difunde. 

Nunca habrá completo control sobre una foto íntima una vez enviada, lo que puede dar lugar a extorsiones o  a bulliyng entre los compañeros de clase o en redes sociales.  

En Colombia, 22 de cada 100 estudiantes de quinto a noveno grado han aceptado haber sido víctimas de intimidación y  21 de cada 100 reconocen haber intimidado a otros, según estudios del Ministerio de Tecnología y Comunicaciones de Colombia. Cerca del 10 % de jóvenes de entre 10 y 16 años han recibido fotos cargadas de erotismo. Las intercambian por fanfarronería, por seducir o porque sus parejas se lo piden para generar morbo y excitación. 

El problema viene cuando el que las recibe decide difundirlas entre amigos o colgarlas en internet, tal vez a causa de  una ruptura dolorosa o por despecho.

Pero esto puede generar consecuencias legales. Quienes  difunden las imágenes privadas de otros pueden ser acusados de producción y distribución de pornografía infantil. 

Los padres deben hacer hincapié en la necesidad de ser cuidadosos con la información que se comparte por estas vías (datos personales, fotos, etc).

Es necesario advertirles a los hijos que no se debe hablar con extraños por medio de chats, buscadores de pareja, conversaciones teléfonicas, Facebook, Twitter, Instagram y otras redes sociales. El contacto con extraños da pie para que los adolescentes sean engañados o manipulados. Se les debe inculcar el respeto por su cuerpo e intimidad y que nadie tiene derecho a obligarlos a hacer lo  que no quieren.

 

 

Hable con su hijo sobre las desventajas y los riesgos de publicar fotografías de carácter sensual o sexual en sus redes sociales y las consecuencias e implicaciones que esto puede tener. Déjele claro que usted no aprueba ese tipo de material.

Adviértale que jamás debe pedir ni publicar fotografías de cuerpos desnudos  ni enviarlas a ningún contacto (ni amigos, ni amigas) por mucha confianza que tengan. Y antes de subir cualquier contenido, sus hijos deberán pedirle su aprobación.

Incúlquele la  conveniencia de observar el respeto a la intimidad propia y de los demás, tanto en sus conversaciones como en su comportamiento sexual, y que no deben  aceptar propuestas de filmación de juegos, contactos íntimos o sexo.

Cuénteles que cuando se enciende una cámara web, cada usuario puede capturar la imagen del otro sin que este lo sepa. Una webcam debe ser utilizada sólo por conocidos en la vida real. Y enséñeles a no hablar con extraños  en la red.

Conozca a los amigos y amigas de sus hijos en la vida real. Converse con ellos ocasionalmente y plantéeles eventualmente estos temas para conocer lo que saben y piensan. Acepte como amigo a su hijo en las redes sociales.

Enséñeles a sus hijos que todos tenemos derecho a la privacidad. Que si reciben fotografías de sexting que comprometan la intimidad de alguien,  no las reenvíen. Advierta:  no deben publicar ni etiquetar fotos de otros sin su consentimiento.

Mantenga las claves de su cuenta de correo electrónico o de Facebook. Y adviértales a sus hijos  que si tienen más de una cuenta para intercambiar material inapropiado y eludir esta medida, se exponen a las consecuencias descritas anteriormente.

Acuda a las tarjetas prepago de conexión a Internet para limitar el tiempo de uso y facilitarles el servicio a sus hijos cuando haya un adulto responsable en la casa. Promueva una relación de confianza y dedíquele tiempo al diálogo.

“Es un juego tonto,  pero me hacía sentir bien, importante, y en mi grupo me veían con respeto, con admiración por lo que lograba”, dice Camila, de 13 años que llegó a tener 3.828 contactos cuando se estima que el usuario promedio de Facebook no tiene más de 140 amigos reales. En la última foto que publicó y que obtuvo 400 likes, se le veía mirando a la cámara, con las manos por debajo de los senos, levantándoselos y con la boca simulando un beso, al estilo Marilyn Monroe.  Era del grupo de las más populares de su clase,  muy bonita y lucía mayor a su edad. Se pasaba a toda hora conectada a su iPhone. Y  se encerraba en su habitación para dedicarse por horas al Facebook.   “Entre las más populares competimos. Debes cambiar constantemente la foto del perfil y ver cuántos likes recoges. Si el número es inferior al de la semana anterior, debes superarlos y si no logras subir y estás por más de dos semanas abajo, eres una looser (perdedora)”. Camila llegó a consulta siquiátrica por síndrome ansioso-depresivo, remitida por el colegio al que fue tras  haber sido expulsada del anterior por comportamientos inmorales. “Hubo tipos, algunos viejos, otros jóvenes, que me escribían diciéndome que les mandara fotos desnuda. No caí. El problema empezó cuando a Érika se le ocurrió ponerme un comentario en una foto: ‘Eres una perra‘ y luego más amigas siguieron: ‘Eres una zorra’. Ese  día, Andrés (16 años) puso en su muro de Face el video de un día en que estuvimos besándonos. Yo no sabía que nos habían filmado y me etiquetó en Facebook. Se veía que  me besaba los pechos pero nada más. Mi novio Daniel vio el video  y me terminó. Mis supuestos amigos me acabaron en el Facebook y en la vida real. Cuando  me llega un mensaje al celular, aún me sudan las manos y  recuerdo cuando me decían ‘Qué cuentas perrita’”, cuenta Camila, quien sufrió lo que la sexóloga Laura Berman llama revengeporn, pornografía de venganza o ciberviolación, por  la gravedad que implica para las víctimas y sus familias la difusión del sexting privado.

 

Ciberacoso o acoso cibernético. Es una manera de amenazar, avergonzar, intimidar y criticar a una persona a través de mensajes de texto, correo electrónico o redes sociales. Va desde el seguir enviando emails a alguien que ha expresado que no quiere estar en contacto  con el remitente, hasta  incluir amenazas, connotaciones sexuales, insultos y burlas, entre otras.

Del inglés sextortion. Extorsión por sexo en la que quien  compartió  una imagen de sí misma desnuda (sexting), es chantajeada por otro al que le llega esa imagen en el contexto de una relación amorosa  o porque el chantajista la consiguió por email o webcam.  Y este le exige a la víctima sexo o pornografía a cambio de no revelar su secreto.

Un  adulto establece contacto con un menor por  Internet, haciéndose pasar por alguien de la misma edad. Lo seduce  con palabras de afecto y luego enviándole material  pornográfico, hasta lograr que el menor se desnude y envíe fotos. Y lo chantajea  para que acepte tener un encuentro real a fin de consumar el abuso sexual físico.

Un pez gato o bagre, en Internet, es una persona que crea perfiles personales falsos en redes sociales,  pretende ser alguien diferente exteriormente,  con fotos de otras personas e información biográfica falsa. Busca engañar a una o varias personas inocentes para que se enamoren de él.

El término es la unión de phone teléfono y snubing: desairar. Es desdeñar a alguien en la vida real, en un entorno íntimo o social,  por prestarle atención al teléfono celular, pendiente más  de los mensajes de texto,  jugando, actualizando el estado en las redes, sin importar los demás. Cuando desplazamos a las personas de carne y hueso por prestarle atención al teléfono nos convertimos en phubbers.

Ellas buscan aceptación masculina. La sexóloga norteamericana  Arlene Krieger, dice que las chicas adolescentes están más dispuestas a coquetear y practicar sexting que  los chicos, porque “sienten que mandando mensajes de texto con fotografías eróticas suyas, son más aceptadas y populares entre ellos”.

Según Krieger,  actualmente más parejas se están divorciando y más niños se están quedando solos en casa, lo cual ha hecho que ellos mismos se eduquen en un mundo donde la red tiene un papel fundamental en su vida diaria. Ella comenta que los padres debieran hablar del sexting y de sus peligros con sus hijos antes de que cumplan  los diez años y que deben supervisar lo que hacen sus hijos al llegar a la adolescencia. “Esta muy mal que niños de 12 años, que no entienden las consecuencias de sus acciones, estén practicando sexting”, dice. 

En Ohio, Estados Unidos,   se conoció hace más de cinco años el caso de  una joven de 18 años llamada Jesse Logan, quien se suicidó  después de que fotografías eróticas suyas fuesen expuestas en su colegio.  Ella había practicado sexting con su novio y  cuando terminaron su relación él envió las fotografías eróticas de ella a sus compañeros.

Según una edición del Today Show,  un programa norteamericano de noticias de NBC, Logan trató de ignorar la humillación que sufrió, siguió asistiendo a clases y terminó la secundaria. No obstante, tras acudir al funeral de una joven que  se suicidió, hizo  lo mismo. El instituto donde estudiaba  Logan  no tomó medidas en contra de quienes difundieron las fotografías, ni sancionó a su ex novio.

Uno de los casos más conocidos de sexting, cyberbullying y sextorsión fue el de Amanda Todd, una canadiense que durante dos años vivió la tortura de estos ataques y terminó suicidándose a los 15 años, dos días después de haber publicado en Internet un video en el que contaba el sufrimiento que experimentó. 

El sexting puede llevar a quienes lo practican, especialmente a las adolescentes, a pasar por situaciones graves como las descritas, pero también encierra otras amenazas. Se considera que los adolescentes que participan del sexting tienen 17 veces más riesgo de tener actividad sexual en la vida real, sin protección, y por ende están más expuestos a las infecciones de transmisión sexual y a embarazos no deseados, esto según un estudio realizado por la Academia Americana de Pediatría realizado  entre 1839 estudiantes de entre 12 y 18 años, la mayoría de ellos latinoamericanos. Y ello se explica porque la imagen de sexting  produce un potente estímulo sexual, que insta a concretar el encuentro íntimo personalmente, más pronto que tarde.

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