Bill Cosby, de la comedia al drama

Agosto 02, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Bill Cosby, de la comedia al drama

La imagen de Bill Cosby se ha visto afectada por las acusaciones de violaciones y abusos sexuales por parte de varias mujeres en las últimas semanas.

El famoso comediante Bill Cosby enfrenta el juicio social por las acusaciones de al menos 35 mujeres que dicen haber sido drogadas y violadas por él. ¿Cómo logró ocultarlo más de cuatro décadas? Lado oscuro de una estrella.

Mientras Bill Cosby hacía reír a miles de espectadores de sus programas en los canales de televisión de Estados Unidos y alrededor del mundo, al menos 35 mujeres lloraban y no precisamente de risa.  Ellas  sobrevivían al dolor de haber sido casi un juguete sexual en la vida de este cómico  que pasó de la comedia a la tragedia cuando se le reabrió  un escándalo  ante  múltiples abusos sexuales.

Cosby gozaba de su fama y sus víctimas guardaban silencio, hasta que un colega suyo, el  comediante Hannibal Buress, hizo un “mal chiste” (o bueno): en su ‘stand up comedy’, en octubre de 2014,  lo calificó de “violador”, en un show en Philadelphia, justamente donde William Henry Cosby Jr. nació hace 78 años. Todo quedó en las risas del auditorio hasta que alguien  subió el video de esa broma y lo puso   a circular en las redes sociales. 

Entonces, actrices, modelos y hasta meseras rompieron sus silencios de décadas y comenzaron a confesar su rabia contenida por los vejámenes sexuales a los que habían sido sometidas en los años 70 y 80 por el que era en ese momento toda una figura del espectáculo.

La primera en hablar fue la actriz Barbara Bowman.   The Washington Post publicó el 13 de noviembre  de 2014 un artículo en el que  confesó que  era una adolescente  (17 años, menor de edad)  cuando Cosby  abusó  de ella en 1985.

Pero ya Cosby había  logrado conjurar una demanda por agresión sexual que una exempleada de la Universidad de Temple, Andrea Constand,   interpuso en su contra en 2005, mediante  un acuerdo firmado un año después. Bowman fue testigo voluntaria  en el juicio.

Según El País de España, la agencia Associated Press  desempolvó el expediente y reveló que el mismo comediante  reconocía  en el interrogatorio, que daba a sus víctimas fármacos  y dinero. The New York Times fue más allá y publicó una declaración de Cosby que permaneció oculta durante diez años, en la que aceptó que les daba el sedante Quaalude a “desconocidas” con la intención de tener sexo con ellas, mediante siete recetas distintas. El Quaalude es un tranquilizante que salió al mercado farmacéutico en 1965, pero su uso fue desviado para  desinhibir, relajar y facilitar el sexo. Fue  prohibido en 1982.  

La revelación de Bowman alentó a   la  periodista Joan Tarshis a  narrar  al  portal ‘Hollywood Elsewhere’ cómo el cómico la drogó y violó en 1969, cuando ella tenía 19 años. Al parecer, el comediante que desde el colegio mostró sus dotes para bromear y su tendencia a payasear en clase,  no solo seducía a sus espectadores con sus bromas, sino a jovencitas aprovechándose de su fama e invitándolas  a los estudios donde grababa los capítulos de ‘The Cosby Show’. Tras varias invitaciones, detrás de telones, Bill  le  preparó a Tarshis un coctel que le hizo perder la consciencia. “La siguiente cosa que recuerdo es que se aproximaba a su sofá mientras se desnudaba”, recordó la mujer, hoy de unos 65 años.

Desde entonces, un harem de mujeres  han venido sumando su   historia de violaciones  a manos de este fabricante de risas. Y esas historias que no eran ningún chiste, sino toda una paradoja para quien se había hecho famoso justamente por interpretar a  Cliff Huxtable, el paternal jefe de hogar  de una familia afroamericana de clase media con cinco hijos en la serie ‘The Cosby Show’ (1984 - 1992).

Y más para un humorista que se forjó con esfuerzo vendiendo frutas y vegetales para ir al colegio, limpiando zapatos y surtiendo estanterías en un supermercado para ayudar a su familia. Y que en 60 años de carrera jamás  se le oyó decir una palabra soez o de grueso calibre para despertar las carcajadas del público. No, él  era todo un caballero en escena.

En  2005, fueron 13. Y con el escándalo de 2014,   suman 46 las que se declararon víctimas del otro Cosby que había detrás de cámaras. Cifra que borró  los cinco Grammy y los tres Emmy, entre muchos otros premios que ganó en su carrera. 

El psicólogo y sexólogo Luis Alberto Montejo tipifica el caso de Bill Cosby como un trastorno de personalidad psicopático o sociopático, combinado con un trastorno obsesivo compulsivo. “La obsesión es el pensamiento recurrente de lo que quiere hacer y la impulsividad es la que lo lleva a realizar ese pensamiento, así viole todas las normas”, explica.

El agravante es que ese trastorno no tiene cura, dice Montejo. “Por eso los violadores salen a violar y los delincuentes a delinquir una y otra vez, porque esa persona ya no cambia, sigue reincidiendo en esas conductas”.

Sin embargo, el comediante quiso hacer caso omiso del bochorno y osó presentarse  en Melbourne, Australia. 2000 personas lo aplaudieron por 90 minutos y solo una portó un cartel que decía: “La violación no es una broma”.

Aparte de su abogado, justamente su esposa, Camille Cosby, fue la única mujer que lo defendió.  “Conocí a mi esposo en 1963 y nos casamos en 1964. El hombre que conocí, del que me enamoré, y a quien continúo amando, es el hombre a quien todos conocieron a través de su trabajo”, dijo a la revista People en Español en enero de 2015, tras dos meses de silencio. 

¿Cómo pudo mantener oculto a su esposa, con quien lleva 50 años casado y tiene cinco hijos,  tantas infidelidades ocasionales?  Montejo, quien es  terapeuta de pareja, insiste en que es fácil tender un manto de silencio sobre esos hechos. “Conozco cantidad de pacientes cuya esposa sabe que su marido es un violador y se queda callada por conveniencia, por motivos económicos, por lo que sea”.

Generalmente, dice el profesional, el perfil de estos individuos es de una capacidad intelectual muy alta, además de la fama y el poder que manejaba alguien como Bill Cosby, les ayuda a mantener oculto su lado oscuro.

Esta ola de acusaciones, ante  la que Cosby guardó mutismo total, desencadenó otra de sanción social. Primero el Show con  el famoso entrevistador David Letterman le canceló una invitación prevista para noviembre pasado. El espacio  ‘The Queen Latifah Show’, del 30 de octubre también se omitió, aunque se manejó como “un aplazamiento solicitado por Cosby”.

El artista que en su juventud hasta prestó servicio en la marina de los Estados Unidos, después de haber sido aprendiz de zapatero, intentó retomar su gira con un show en Denver, Colorado, en enero pasado. Pero cien manifestantes lo abuchearon y  antes de su actuación en el Buell Theatre, una mujer dio una rueda  de prensa en un hotel acusándolo  de haberla atacado sexualmente en 1986.

Un grupo de indignados  solicitó al  portal de la Casa Blanca que  se le retire la Medalla Presidencial de la Libertad. Si la petición alcanza cien mil firmas este  7 de agosto, el Gobierno  debe atenderla.

La líder feminista María Teresa Arizabaleta de García, comenta que “me parece justo que le quiten todos los honores y no merece el respeto de la sociedad, sino  castigarlo, porque ha cometido varios delitos: el de la violación, que es el más grave, varios con menores de edad, el de intimidación para lograr mantener calladas a sus víctimas; el del uso de sustancias ilegales para hacerles perder el sentido... No sé qué hay detrás para lograr que todas se tragaran todos  esos sapos durante tanto tiempo”.

Algo que no se compadece con un hombre que renunció a la Marina de su país para terminar sus estudios secundarios y graduarse en Educación Física en Universidad de Temple (Filadelfia) en 1961, como becario gracias a sus dotes como jugador de fútbol americano.

 En opinión de María Teresa, Cosby debería estar en la cárcel y en su caso no debería aplicar el que haya pasado tanto tiempo para que las víctimas denuncien. Por el contrario, “se configura allí el delito de intimidación  fuerte. Y  la  violación debería de ser un delito de lesa humanidad, el cual no prescribe jamás, porque acaba con la vida de las mujeres”.

Víctor Manuel García, periodista del espectáculo, resalta que no por ser artista se debe dejar de dar crédito a las opiniones que sobre  esa persona se dan, porque muchas de esas voces a veces son verdad.  Ni mucho menos lo eximen de que las autoridades lo investiguen porque todo el mundo tiene su lado bueno, pero también su lado malo.

 Lado bueno como haber probado suerte como comediante en bares, hasta llegar a la televisión con tal éxito que hasta volvió a Temple para recibir un máster en Artes (1972) y luego un doctorado en Educación en Universidad de Massachusetts (1977). Su tesis de Ph.D. fue sobre uno de sus programas más vistos, ‘Fat Albert and The Cosby Kids’, aplicado a la enseñanza en los colegios.

 García, director del portal de entretenimiento VicPaparazzi, enfatizó que en  cuanto se habla negativamente de un artista, hay que poner cuidado y en este caso, ni las autoridades investigaron ni los periodistas de la prensa rosa  le hicieron el debido seguimiento  al caso.

“A los periodistas les falló el olfato periodístico, porque había dos opciones:  que fuera mentira lo que se decía de él o que fuera verdad, como tristemente se vino a saber ya muy tarde”, comenta. 

Eso “hubiese  chiviado a toda la prensa de Hollywood, que registra hasta los suspiros  de los famosos, pero no investigó lo que era un secreto a voces”.

El actor admitió  que “solo fue una de las muchas personas que en los años 70 usó el Quaalude para mantener relaciones sexuales consensuadas”, y agregó  que muchas de las que ahora se declaran víctimas, aceptaron tener sexo con él.

Pero el presidente Barack Obama, pareció responderle: “Si le das a una mujer o a un hombre una droga sin que tenga conocimiento de ello, y luego tienes una relación sexual con esa persona sin su consentimiento, eso es una violación”.

 

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