Andrés Otálora rechazó París por amor a Cali

Octubre 11, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Paola Guevara, editora de vé
Andrés Otálora rechazó París por amor a Cali

Con el muy de moda “copete Alf”, en sus años de colegio, Andrés Otálora en compañía de sus padres Carlos Otálora y Diana Larrarte.

La decisión de irse para París fue la más difícil que ha tenido que tomar en su vida, pues implicaba cerrar sus tiendas en Colombia y dejar sin trabajo a sus empleados, costureras, patronadoras, asistentes, vendedoras y más. Aquí los detalles.

En el año 2004, cuando Andrés Otálora ya tenía un nombre bien ganado en el mercado de la moda en Colombia, recibió una propuesta difícil de rechazar. Lea aqui: la historia secreta del diseñador caleño Andrés Otálora. Un magnate francés, inversionista en Europa, Asia y Estados Unidos vio su trabajo y se empeñó en que fuera uno de los tres diseñadores de la marca francesa Jiki, comercializada desde Dubái y Moscú hasta Nueva York, Cannes y Londres.  Por año y medio Andrés diseñó y envió sus prendas desde Colombia, con tal éxito que le propusieron dejar de volar de un lado para el otro  y radicarse del todo en París, en el sector que deseara y con un equipo de profesionales a sus órdenes.  Lea también: Andrés Otálora revelo su test de moda. Ha sido la decisión más difícil que ha tenido que tomar en su vida, pues implicaba cerrar sus tiendas en Colombia y dejar sin trabajo a sus empleados, costureras, patronadoras, asistentes, vendedoras y más. Se encerró una semana en su casa y pensó, pensó, pensó. Y aunque desprenderse del sueño dorado de vivir en la Meca de la moda no fue sencillo, al final tomó  la determinación de quedarse en Cali y asumir el reto de construir en su propia ciudad  ese sueño que otros hicieron realidad en París.      Hoy ve los frutos de esa decisión: “Nuestro país ha cambiado mucho en estas últimas décadas. Antes las mujeres que podían compraban sus vestidos de noche en los Estados Unidos y no confiaban en los diseñadores nacionales. Hoy nos hemos ganado a pulso un terrero  y hemos aprendido gracias a ferias de moda como el Cali Exposhow a construir colecciones coherentes de principio a fin”, expresa Andrés con convencimiento.   Así lo describe  su amigo el diseñador Juan Carlos Leal: “Andrés es muy fiel en sus afectos y le gustan las relaciones duraderas en todo sentido, así que   sus empleados llevan mucho tiempo con él. Es muy alegre, jovial y  tiene siempre muy buen sentido del humor, aunque si algo le da rabia es el trabajo hecho sin ganas o con mediocridad”. Añade que de artista atormentado o depresivo  no tiene nada. Aunque sí tiene un gran debilidad:  la comida. “Es exquisito para comer, se le puede   preguntar por cualquier restaurante y lo conoce y sabe qué platos pedir”.  Su confidente, el periodista  Jorge Dusterdieck, asegura  que el mejor regalo que alguien podría hacerle es invitarlo a cenar. “Pero hay que dejar que él elija el restaurante, porque uno nunca sabe si tiene antojo de comida libanesa, italiana o vallecaucana”. Su defecto es la ansiedad, pero se relaja con música brasilera. Su rumba es la electrónica, aunque algo se defiende en la salsa. Otra de sus grandes pasiones es viajar.  “Es un gran compañero de viaje”, dice Dusterdieck, quien ya sabe lo que Andrés  busca: “Buenos restaurantes y rumba, aunque con el paso del tiempo se ha vuelto más casero y de vida tranquila. Antes organizaba unas fiestas legendarias, pero ahora cada vez más prefiere celebrar su cumpleaños con una pequeña cena entre amigos, pues le gusta cocinar y disfruta el rol de  anfitrión”. Una vez por semana lleva a su madre a cine y las citas con ella son sagradas. Igual devoción siente por su padre, Carlos Otálora, quien a sus 92 años aún se levanta temprano a hacer deporte y a las 8:00 a.m. ya está en su empresa listo para trabajar.   “Es un gran hijo. -Dice don Carlos- Es mi hijo predilecto. Lo admiro mucho porque es muy capaz  en su profesión y tiene mucho  talento para los negocios. Eso en parte  me lo heredó a mí. A su hermano menor, Juan Manuel, que es  especial, lo quiere mucho y siempre lo cuida y vela por él.  Yo le aconsejo a Andrés que tenga cuidado al hacer los negocios, que se informe  muy bien y, al invertir, que haga un estudio previo sobre lo que va a recibir. Pero él ya se defiende solo porque ha sabido  escuchar a tiempo los consejos de su padre”.

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