Alexis Lozano, de Guayacán a la Chirimía de Primera

Agosto 05, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Isabel Peláez | Reportera de El País
Alexis Lozano, de Guayacán a la Chirimía de Primera

"No soy mojigato, soy muy expresivo, cuando me enojo cambia mi rostro y hasta mi tono de voz y ya no cambio, ya pasé los 50 años así”: Alexis Lozano, director, productor y arreglista musical chocoano.

Más allá de crear la Orquesta Guayacán, ha sido un investigador de la música del Pacífico y un enamorado del bolero y del jazz. Habló con El País sobre Niche, salsa choque, y su vida privada.

La gente, dice Alexis Lozano, lo identifica como el músico que ha hecho grande la salsa en Colombia, el que junto a Jairo Varela creó el Grupo Niche, “la primera organización salsera de respeto en el país”, y el artífice de Guayacán, “la más grande del país, hecha por el papá de los pollitos”, dice refiriéndose a él, sin el más mínimo asomo de modestia. 

“No lo digo por jactancioso, no soy pretencioso, como muchos creen”, aclara: “pretencioso es el que quiere posar de algo que no es. Muchos me dicen ‘negro pretencioso’, lo de negro se los compro, pero lo de pretencioso no; yo soy arrogante, porque estoy convencido de mis frutos musicales, es mi orgullo, lo que  le brindo al mundo, para gloria de Dios”.

¿Qué es lo que no saben de usted? 

La gente se ha bailado mi música desde que salí del Chocó, a mis 20 años, con el sabor del borojó, y no sabe que he hecho grandes éxitos como ‘La prueba de amor’, ‘La quita maridos’, ‘La arrechera’, ‘El porteñito’, ‘Ábreme la puerta Teresa’,  ‘La máquina de mi abuela’. Me encasillaron en la salsa.  Cali y el mundo no me identifican como el gran creador, el productor, orquestador, el músico polifacético.

No se ha reconocido que soy el músico que más ha aportado en estos 40 años a la música del Pacífico. No saben que  ‘La vamo’ a tumbᒠes producción y creación orquestal mía; la canción la hizo Octavio Panesso, pero yo la concebí en grande.  Lo que sé de música no me lo gané  en un bazar, desde niño lo aprendí escuchando a los mejores músicos de mi tierra, a los de clarinete, a los de los vientos, las chirimías,  la música típica y  la música cubana que nos llegaba.

¿Lo de bolerista tampoco se sabe?

Tampoco, porque es la bohemia del Chocó. Lo traigo inyectado de la calle,  todo ese legado, del folclor, de la música cubana, del bolero, del son, ¡Ajá!, y del mismo jazz de Nueva Orleans que se oía mucho en Chocó. Esto lo aprendí de oído.

Pero se graduó como músico...

Sí, en la Escuela de Música de la Catedral de Quibdó me gradúo como   músico con el padre Isaac Rodríguez, mi maestro. Me voy a Bogotá  y después de dos años en el Conservatorio Nacional de Bogotá, deserto porque  no están los programas que busco y me convierto en autodidacta de la orquestación a un nivel  comercial. Mando  a traer libros de Estados Unidos y me pongo a  investigar   cómo suena la música de Hollywood, del mundo Marlboro (tararea: ‘paraba, pa paraba’). Yo quería aprender esa música, no lo  que hizo Beethoven,  que ya  estaba hecho, sino la que da dinero, la que el mundo baila.  Aprendo de los ingenieros de grabación, me hago el pendejo y veo  qué micrófono le ponen al violín, al trombón, pregunto de todo.  He sido un  ladrón de base, como en el béisbol. 

¿Cómo quedó su relación con el maestro Jairo Varela?

(Antes de responder, canta: “Cómo fue, no sé decirte cómo fue”...) 

 En 1978 yo estaba  en Bogotá  y  veo que vienen dos negros caminando, y como los negros  allí,  en ese tiempo, éramos poquitos, por esa cosa de  la hermandad me acerco y veo  a Ostual Serna, guitarrista de Quibdó, gran amigo. Y  me dice: “Alexis, te presento a Jairo Varela,   es compositor de canciones y  quiere hacer un grupo”. Y le dice a Jairo: “Te presento  a Alexis, músico de Quibdó,  toca todos los instrumentos, es  arreglista, orquestador y  está listo para la pendejada”.  Nos metimos a un café  de mala muerte en la Séptima, a celebrar que  teníamos sueños. Jairo me dice “Ya tengo  el nombre: Grupo Niche” y comenzamos a diseñar el éxito.   Nuestros sueños   se compenetraron.   Fui arreglista, orquestador, director, productor, trombonista hasta las primeras cuatro producciones. 

¿Por qué se fue del Grupo Niche?

No es como la gente cree, sí  hubo divergencias ideológicas,  pero no nos separamos por peleas,  siempre hubo fraternidad. A Jairo sí le dieron celos cuando me retiré, porque sabía mi potencial,    no quería que me fuera,  quería imponerme sus  ideas, y  le dije: “Tú  eres   compositor de canciones, yo soy músico,  tú eres el toro, yo  el domador”.

¿Se parecían en el  carácter?

Tú tienes derecho a ignorar las cosas, a confundir, pero no a ofender. Cuando empezamos, como el Grupo Niche  no generaba dinero, hicimos  un grupo de guitarreo, una timba, que  tiene conga, bongó, guitarra, piano,  trompeta, trombón, timbales, para hacer sones, boleros cubanos y música chocoana, (cantaba ‘El Brujo’).  Llegábamos a  tocar y me decían: ‘Venga negro, tómese un trago. ¿Y qué le pasa a ese paisano suyo, que tiene la cara como si hubiera comido un limón?’. Así era Jairo,  introvertido, yo espontáneo. Él más  tolerante, yo más explosivo. Nos unía ser  visionarios, ambiciosos, tenaces, nada nos doblegaba, si el tiempo era bueno o  malo nos importaba un carajo, teníamos sueños grandes y los   luchábamos.

¿Se llevó algo de Niche a Guayacán?

[[nid:563152;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/08/alexis-lozano-2.jpg;left;{Foto: Aymer Álvarez | Archivo de El País}]]Cuando me abro de Niche, siendo creador de la banda sonora, de las orquestaciones, de los arreglos,  codueño, fundador, director y productor, como un hombre de principios, de dignidad, escrupuloso,  no toqué ninguna música de  Niche, como lo hacen ahora  esos parásitos, que   cualquiera que pasa por Guayacán, que  fue mandadero mío, que llevaba los cafés, dice: ‘Soy ex Guayacán’ y  lo ves tocando o cantando ‘Oiga, mire, vea’. No me pego de nada ajeno. Nunca  Jairo pudo decir que  me aproveché de la marca. 

¿Qué piensa de los actuales grupos de salsa?

No puedo hacer inventario en casa ajena. Te puedo hablar de Guayacán,  una orquesta que camina con el tiempo y no envejece. ‘Carro de fuego’ o ‘Mujer de carne y hueso’ no se parecen a ‘Oiga, mire, vea’.  A la música le ponemos el ‘tumbao’ que la gente está bailando. Cuando  suena ‘Vete’ en una discoteca, se llena la pista, y las peladitas creen que es lo último en guaracha, y cuando eso se grabó no habían nacido. La música es como la vajilla, hay una desechable, que suena tres meses y nadie la recuerda, yo la sé hacer, pero no me interesa, y otra perdurable, como la loza fina, para gente con más educación musical.

¿La salsa chocke tiene futuro?

Me gusta porque es generada por la gente del Pacífico, muchachos empíricos en la música, lo que es bueno porque se van por la parte creativa y emocional, aunque falta la técnica y el conocimiento. Pero para eso nací yo. Que me aprovechen las nuevas generaciones, a Jairo ya se lo llevaron, pero aquí lo que hay es candela.

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