Alejandra Azcárate logró seducir al monstruo de Viña del Mar

Alejandra Azcárate logró seducir al monstruo de Viña del Mar

Febrero 27, 2018 - 12:28 a.m. Por:
Isabel Peláez - redactora de El País
Alejandra Azcarate

Alejandra Azcarate

Archivo El País

“Viña del Mar me dejó dos gaviotas —de plata y de oro— que ahora no sé dónde poner”, dice Alejandra Azcárate con la voz más ronca que de costumbre, lo que evidencia el esfuerzo de 40 minutos de ‘stand up comedy’ y otros más de llanto... de felicidad.

En efecto, la comediante estalló en lágrimas el pasado sábado, al recibir una ovación de pie del ‘Monstruo’, el público de la Quinta Vergara, que años atrás abucheó a su antecesora, la última mujer comediante que se había presentado en el reconocido escenario chileno.

¿Fue intencional dedicar la rutina al feminismo?
Jamás dediqué mi rutina al feminismo. No soy seguidora de ninguna corriente extremista. Hice mi monólogo desde la óptica femenina, lo cual es muy distinto.

¿Pero no pensó que enfocarse en las mujeres era un arma de doble filo?
Cualquier tema sobre esa dimensión de escenario es una apuesta arriesgada. Siempre lo supe y lo asumí con coraje porque creí en el texto que escribí.

¿Cómo fue la experiencia de presentarse luego de la exitosa intervención de Carlos Vives?
Carlos dejó la vara muy alta. Después de una fiesta como la que creó durante hora y media, recibir un público eufórico era muy difícil. Salir de una rumba a un monólogo implicaba un cambio muy abrupto.

Lo gratificante es que Vives y yo conectamos con los espectadores a través de dos lenguajes distintos y dejamos muy en alto el nombre de Colombia en ambos géneros artísticos.

¿Cuál fue el momento más difícil que vivió en esos 40 minutos de presentación de su monólogo?
Los siete primeros minutos fueron muy duros. Cada segundo que corría lo sentía eterno porque estaba mirando al monstruo a los ojos de forma desafiante pero absolutamente sometida a su voluntad. Alcancé a decir mentalmente: “Dios, entrégamelos”.

Al minuto 8, ¿qué significó ver al ‘Monstruo’ al fin entregado a usted?
Fue la muerte de mi bien oculta inseguridad y el triunfo de mi coraje.

¿Realmente considera que el título de ‘Monstruo’ le va bien a ese público?
El seudónimo es perfecto. Es un público exigente, duro, retador, no permite error, avasallador e implacable. Pero hoy entiendo que es el reflejo de la vida misma. De uno depende cómo la enfrente.

¿Cómo hizo para romper el hielo?
Lancé una premisa del texto al minuto ocho, calculo yo, y se dio la magia. Oí las primeras risas y ahí supe que podría doblegarlos.

A partir de ese momento me sentí como volando sobre el escenario, todo fue acertado, los espectadores pasaron de ser mis enemigos a mis cómplices y me regalaron la noche más importante de mi carrera.

¿Qué sintió al recibir la ovación de pie del público?
Una emoción profunda. Sentí que descansé, me liberé al decir la frase final del guion porque la angustia ya no me dejaba respirar. Haber oído el rugido de ese público, haber visto a treinta mil personas aplaudiendo y moviendo los brazos pidiendo las gaviotas es algo que jamás voy a olvidar.

¿Ser la primera mujer comediante extranjera que se presenta en Viña después de 20 años, qué significó?
Era un honor que me pudo salir caro. De ese escenario han bajado a Luis Miguel, a Sandro. Habérmele medido a enfrentar esa plaza con dos únicas fichas que son mi texto y mi actuación, fue un acto de gran valentía.

¿Se imaginó llorando en Viña?
Por lo menos de alegría no.

¿Que la última comediante que pasó por Viña, en 1998, fuera devorada por el ‘Monstruo’, le dio temor?
Por supuesto. Hace 20 años el festival no contrataba una artista extranjera en la categoría de monólogo teatral, precisamente porque a la actriz española Sara Sanders la bajaron abucheada a los ocho minutos. Las apuestas de la prensa eran que yo sería la siguiente.

¿En algún momento, se sintió como una absoluta “nadie”?
Totalmente. Era la más absoluta desconocida del festival y por ende el plato fuerte para ser devorada sin la menor piedad por parte de los espectadores.

¿Quiénes de su familia la acompañaron en Viña?
Solo mi prima Daniela Naranjo, que vive en India, y quería vivir la experiencia de Viña. Estuve con los ocho integrantes de mi equipo de trabajo que sufrieron a mi lado segundo a segundo. Hablé por teléfono con mis papás y mi hermano que está en México, antes de salir.

Mi esposo me dio la camándula con la que murió su mamá en la mano, así que me puse de rodillas en el camerino a rezar, prendí una vela y lo llamé solo hasta que terminé porque estaba más angustiado que yo.

¿Pero usted ya se había presentado antes en Chile, no es así?
Sí. Me presenté en Santiago en julio del año pasado en el teatro Normandie con aforo agotado, y a raíz de eso los productores del Festival supieron de mí.

Mi guion fue analizado por el comité y lo eligieron entre 51 monólogos de habla hispana. Me llena de orgullo, que algo escrito de mi puño y letra me haya abierto esta puerta tan grande es indescriptible, a título profesional.

¿Qué pasó con el vestido y con su garganta, antes de salir?
Cuando uno está en ese nivel de angustia todo genera un efecto dominó. Antes de salir me falló la cremallera del vestido, no subía hasta donde debía, me enronquecí, no podía respirar con fluidez, me temblaba el cuerpo entero, las mejillas y el corazón latían a mil.

¿Volvería a Viña?
Seguro, a presentarme jamás. Ese voltaje es demente. Salí en hombros y prefiero conservar ese recuerdo.

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