Los alcaldes de las grandes ciudades colombianas están desbordados, ya no saben qué decir y menos qué hacer, frente al aumento de la criminalidad y la violencia en sus ciudades. Eluden su responsabilidad con la seguridad ciudadana y remiten las soluciones al Gobierno central, incluso sugiriendo la opción de militarizar zonas de las ciudades. No perciben, en mi consideración, que el problema se relaciona con la fragmentación y desinstitucionalización del tejido social, asà como con la privatización de los intereses públicos, producto de la importancia creciente de las mafias, de diverso origen, en la vida de las ciudades. Mafias que buscan el enriquecimiento, en ámbitos económicos y polÃticos, por medio de la coacción, la fuerza y la violencia, sin importar la vida ni la integridad de las personas. En el fondo, la conexión con el narcotráfico es cierta, aunque prosperan también otros escenarios de criminalidad, como el robo organizado, la coacción sobre el comercio, la vinculación con contrataciones y prestación de servicios públicos. Últimamente se ha presentado una oleada criminal, probablemente relacionada con la desmovilización fallida de distintos grupos armados. Todo esto prospera, entre otras razones, porque el crimen es negocio en medio de una sociedad con gran impunidad, en la que abundan también las acciones ilegales de funcionarios del Estado y de sus cuerpos de seguridad. En la ciudad, tienen ‘seguridad’ grupos muy reducidos de la población que la pagan a través de compañÃas privadas, en sus viviendas o negocios. También grupos de una elite de funcionarios que obtienen seguridad especial del Estado por su investidura. Pero el ciudadano común y corriente, ante todo el de los sectores populares, está altamente desprotegido y es presa del temor en su barrio y vivienda.
Esta situación urbana general tiene particularidades en cada ciudad. En MedellÃn, más de cien organizaciones pandilleras se distribuyen territorios de barrios y viven del delito, especialmente pero no únicamente de la droga, organizados jerárquicamente por capos de las oficinas de ‘Envigado’. En Cali, donde la violencia homicida ha sido, de años atrás, más acentuada, no se presentan organizaciones mafiosas tan claramente delimitadas y jerarquizadas como en MedellÃn, pero hay formas organizadas detrás de los robos, paseos millonarios y extorsiones, como sucede también en Bogotá. Impacta, el nivel de información, tecnologÃa armada y preparación con que cuentan. Conocen su oficio delictivo, como ningún pobre por sà mismo podrÃa hacerlo.
Se debe pensar en soluciones de corto, mediano y largo plazo que involucren medidas diversas ante un fenómeno de tal envergadura. En el fondo, se debe consolidar una gran polÃtica urbana contra la criminalidad y la violencia que sea compartida por la ciudadanÃa y liderada por el Alcalde. En el corto plazo, es fundamental el papel de la PolicÃa. Tal vez se requiera más policÃas, pero, ante todo, es necesario repensar la forma como se ‘vigila’ la ciudad y se protege la ciudadanÃa. En la ciudad hay violencia y criminalidad, pero la urbe no es un campo de guerra, como supuso en el pasado el actual Alcalde, con su concepción de los ‘distritos de paz’. Hay que reforzar la vigilancia policial que, con unidades asentadas o móviles localizadas en espacios de riesgo, muestre sin ambigüedades el rostro institucional de quien vigila al ciudadano y con qué propósito lo hace, siempre en los marcos de la ley.

Abogado en ejercicio, especializado en Derecho de Sociedades, Comercial, Financiero y de Negocios Internacionales, con Postgrado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Analista Económico. Catedrático de las universidades Javeriana, Valle, Icesi y Pontificia Bolivariana. Columnista de El PaÃs desde 2005.
Empresario con experiencia en el sector público y en el privado. Ex alcalde de Cali, ex presidente de Ecopetrol y ex presidente de Carvajal S.A. De profesión economista y administrador con estudios universitarios en Colombia y en el exterior. Columnista de El PaÃs desde hace varios años.
Empresario editorial,ex parlamentario por el movimiento cÃvico 4 años, en la actualidad, columnista periódico El Tiempo, hace 23 años, columnista de El PaÃs y revista Aló hace 17 años, comentarista de televisión hace 21 años todos vigentes.Es autor de un libro sobre GarcÃa Márquez, colaborador ocasional de revistas. Reside en Bogotá hace 45 años.
Ja! Cuando leà URBES creà que decÃa URIBES.
¿De cuál "violencia y criminalidad" habla este artÃculo si hasta el seis de agosto pasado se nos informaba que la "seguridad democrática" de Uribe habia sido todo un éxito y que la nueva Colombia, el pais del Sagrado Corazón de Jesús, gobernado por MesÃas, Santos y Angelinos, es un auténtico paraÃso de seguridad? ¿Y porqué la delincuencia común en Venezuela es culpa del presidente pero en Colombia es solo "un fenómeno social"? ¿Será que los periodistas colombianos usan gafas de aumento para lo exterior y gafas oscuras para lo interior?
En Venezuela señor Justicerdo, la violencia "presuntamente" procede de las los esbirros comunistas llamados milicias, FBLN, Cicp y PM, por la sencilla razon que en 2.009 se registraron mas de 19.000 asesinatos en las zonas urbanas,y curiosamente mas del 70% de estos muertos eran de la oposicion, o como les llaman los PSUVistas, Escualidos, si señor y es mas curioso que el 98% de estos asesinatos estan sin resolver y sin pruebas ni interes por resolverlos, o sea total impunidad, esa es la gran diferencia de la violencia Venecubana y la Colombiana y con unas cifras tan parecidas y cercanas entre los asesinatos de lado y lado es claro que usan la "limpieza ideologica" como medio de eliminar a la oposicion, Venecuba un pais sin conflicto interno, sin guerrillas, y siendo el paraiso comunista que dicen ser porque maneja unas cifras de muertos casi identicos con Colombia. ¿es usted idiota o se hace? para no saber esto tiene que serlo. un saludo.
Buena Columna. Yo le podrÃa una i adicional al tÃtulo de tu columna. Cada quien verá donde la pone.
HACE FALTA POLICIAS SIN UNIFORME Y MUCHAS INFILTRACIONES EN LAS BANDAS, APARTE DE GENERARE INCENTIVAR LA CULTURA DE LA COLABORACION CIUDADANA, GRUPOS DE RESPUESTA RAPIDA ANTE CUALQUIER HECHO DELICTIVO. ASI ENTRE TODOS DERROTAREMOS A LA DELINCUENCIA.
NO SE PUEDE TENER UN POLICIA POR CIUDADANO.
eso de incrementar la fuerza publica para bajar el crimen, no es solucion,ayer decia el Editorial: de las muertes que no son por mafias, ni por narcotrafico, solo de personas "violentas", ahora hablamos de otra clase de muertes: "CRIMEN ORGANIZADO", ESO ES OTRO MAL QUE TENEMOS,el primero puede tener origen en el consumo de licor, el de las mafias si se necesita dos cosas: mas vigilancia de la policia y no ser apaticos para denunciar.