El problema de movilidad que genera el exceso de motos en las ciudades es el resultado de políticas públicas mal concebidas que impiden planificar y ordenar el tránsito, así como de la incapacidad para ejercer la autoridad con la firmeza que se requiere. Pero también es consecuencia de decisiones tomadas por el Estado, que ha promovido y permitido, sin restricciones, el ingreso de estos vehículos.
De ahí que se reciban con reserva las recientes declaraciones del ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, durante un foro en Bogotá. Según el funcionario, “si la ciudad no se planifica, las motos invadirán las calles y eso hará que se presente -en tres años- una crisis en materia de transporte público colectivo”. Sus palabras extrañan porque si hoy la capital de la República tiene tres millones de motos, cuando su capacidad máxima es para millón y medio, es porque el Ministerio a su cargo promovió y permitió su proliferación al incentivar las importaciones, la producción nacional que llega a las 500.000 unidades anuales, y la venta sin controles.
En lo que sí tiene razón el Ministro es en que las motos son el enemigo en potencia del transporte masivo y del espacio público. Se trata de un sistema paralelo que le sale muy costoso al Estado. Cali es un buen ejemplo. En la ciudad circulan 340.000 motos, de las cuales están registradas 81.000. En una operación sencilla, eso quiere decir que hay más de 300.000 potenciales usuarios del sistema de transporte masivo de la ciudad, el MÍO, que se pierden cada día. Lo cual, si se multiplica por cuatro trayectos que en promedio hace una persona a diario, significa 1,2 millones de tiquetes que se dejan de vender.
Por eso, los municipios deben definir qué clase de transporte quieren: si un sistema masivo o uno individual. Y a partir de esa decisión deben planificar su desarrollo vial y urbano, así como sus políticas de movilidad. Al no hacerlo, sucede lo que les está pasando a Bogotá o a Cali, donde las motos y el transporte individual son los grandes competidores de los sistemas de transporte masivo. O donde el espacio público se invade porque la infraestructura vial no se planificó pensando en que además de los buses articulados o alimentadores, las calles debían recibir cientos de miles de vehículos como las motocicletas. Es lo que sucede en Cali, a una cuadra de la Plaza de Cayzedo, donde los automotores circulan por los andenes supuestamente reservados a los peatones.
Nada cambiará, sin embargo, mientras el Estado fije políticas de transporte interesado más en promover el comercio y cobrar impuestos, sin pensar en la conveniencia de las ciudades. El caos permanecerá mientras continúe la laxitud con que se realizan trámites como la obtención del pase, que hoy se regala al comprar las motos, sin necesidad de pasar por el obligatorio curso en una escuela de conducción. La movilidad seguirá afectada mientras circulen miles de motos sin que haya una autoridad competente que les enseñe y les haga respetar las normas de tránsito.
Y la sentencia premonitoria del actual Ministro de Transporte, de la cual debe hacerse igualmente responsable, se cumplirá no sólo para Bogotá y para Cali, sino en otras ciudades con sistemas de transporte masivo y para cualquiera donde el caos desborde la capacidad de sus vías y de sus autoridades.

El único oficio que Diego Martínez ha desempeñado y desempeñará es el de periodista. Reportero desde 1984 y columnista desde 1995, fue fundador del programa radial Oye Cali, colaborador de El País de Madrid y miembro del jurado del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Lideró el equipo que obtuvo ese galardón en el 2008, en la categoría mejor cubrimiento de una noticia. En el 2011, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar al periodista del año.
Profesional en Filosofía y letras en la U de los Andes. Periodista durante 25 años. Fue sido directora de noticias del Noticiero Nacional, Canal RCN y de las revista Cambio, Cromos y El Espectador. Ha ganado tres Premios de periodismo Simón Bolívar y el Premio Alfonso Bonilla Aragon. Escribe para El País desde el año 2005 con la cual ganó en el año 2008 el Premio Rodrigo Lloreda Caicedo a la mejor columna.
Historiador y crítico de arte. Profesor de la Unviersidad Europea de Madrid y corresponsal de la revista ArtNexus en España. Es columnista del diario El Pais de Cali desde 1994.
Movilidad es el conjunto de facilidades que la autoridad debe brindar a la poblacion para que acuda a sus trabajos,venda sus productos, vaya a sus lugares de estudio, diversión, o a recibir atencion medica etc. luego debe priorizar a la gente productiva de menores recursos y a quienes con sus canastos no son de buen recibo en los sistemas de transporte masivo, pero debe respetar el derecho a la libre movilizacion de quienes no pueden comprar carro, no quieren usar el bus, o eligen tener un medio de transporte propio disponible 7 dias/24 horas, factor de prosperidad reconocido en las economias de posguerra, por ello tratado con preferencias en los paises del primer mundo
EL COLMO que sigan con articulos tan PESIMOS como este, soy conductor de carro y tengo moto por hobbie, y la verdad veo grotesco y sin bases para decir tantisimas burradas juntas, no puedo creer como alguien tan ignorante de la vida pueda estar ocupando un trabajo como en el que esta este "señor", y si le pagan por hacer articulos para solo denigrar algo que se le dificulta entender, me sentiria mal por su señora madre por que en cualquier momento la venderian por cualquier peso.
Lo peor es que gran cantidad de motociclistas, choferes de busetas y de taxis andan mas drogados que hincha de barras bravas!.
QUE EDITORIAL MAS PALURDO... SUPONGA USTED QUE TODOS LOS QUE TIENEN MOTO LA CAMBIAN POR UN CARRO... OBVIO QUE SE EMPEORARIA EL TRAFICO PORQUE LA MOTO OCUPA MENOS ESPACIO Y ES MAS RAPIDA. USTED HABLA CON ODIO A LAS MOTOS PORQUE ANDA EN CARRO, PERO LAS MOTOS SON MAS EFICIENTES HACEN QUE EL TRAFICO SEA MEJOR QUE EL TENER CARRO. LA SOLUCION SON MAS VIAS, MAS AMPLIAS O QUE NADIE TENGA DERECHO A ANDAR EN CARRO O MOTO Y QUE SOLO EXISTA EL MIO... ADEMAS ES HORA DE INICIAR EL METRO DE CALI.
¿Acaso no tiene derecho una persona de escasos recursos a encontrar alternativas de transporte que alivien un poco su situación económica y le den un poco de dignidad, de esperanza, de sentirse dueño de algo? La invasión de las motos no es más que una revolución contra los abusos.
y lo peor de todo con éstos aparatos, es la gran cantidad de accidentes que se suceden cada día, con la responsabilidad de sus conductores.