Insatisfechas por el alud de críticas que han recibido por sus abusos sin límites de los secuestrados en su poder, las Farc anuncian el aplazamiento indefinido de la devolución de seis de sus víctimas. Los argumentos del comunicado y las maniobras a su alrededor dan a entender que la campaña propagandística que utiliza a las víctimas como señuelo sigue en pleno desarrollo.
El pasado 27 de diciembre, las Farc informaron que los subintendentes de la Policía Nacional Jorge Trujillo Solarte y Jorge Humberto Romero Romero y el cabo primero de la misma institución José Libardo Forero Carrero serían entregados próximamente. Luego agregaron al cabo primero Luis Alfonso Beltrán Blanco, al sargento segundo César Augusto Lasso Monsalve, y al subintendente Carlos José Duarte. Todos llevan más de diez años en poder de sus victimarios, lo que da una idea de la tragedia que padecen ellos y sus familias.
Por increíble que parezca, su tragedia los convierte precisamente en los mejores instrumentos para publicitar el “espíritu humanitario” de sus secuestradores. Sabedores del interés nacional y mundial por devolverle la libertad a quienes han sido víctimas de la tortura, destruyéndoles su vida y la de sus familiares, los secuestradores aprovechan el interés para arremeter contra el Estado. Ahora alegan que el aplazamiento indefinido se debe a que la zona donde supuestamente se producirían las liberaciones “ha sido militarizada injustificadamente por el Gobierno de Colombia”.
Según el presidente Juan Manuel Santos, y de acuerdo con las experiencias anteriores, el Gobierno y quienes han actuado como facilitadores sólo conocen los lugares donde se realizan las devoluciones minutos antes de que se realicen. Lo que no impide que la Fuerza Pública cumpla sus funciones de vigilancia y protección en todo el territorio nacional. ¿Acaso alguno de los integrantes de las Farc ha delatado el sitio donde se produciría la liberación? Es la pregunta que despierta la actitud inexplicable y afrentosa de los secuestradores, quienes recuerdan el fusilamiento que le propinaron a cuatro de sus víctimas el 26 de noviembre de 2011.
Y mientras tanto, es común ver cómo crecen los esfuerzos propagandísticos para aprovechar el momento. En tanto algunos de los que se ofrecen para actuar en el proceso piden que haya cese el fuego para hablar de paz, otros les piden a los empresarios su concurso económico para lograr la liberación, como si antes el Estado no hubiera asumido los costos. Y no falta quien, como la exsenadora Piedad Córdoba, use esa situación para lanzar su candidatura a la Presidencia de la República. Oportunismo es la palabra que define con exactitud tales procederes.
Ojalá sea descartada con prontitud la interrupción de las liberaciones anunciadas por las Farc. Eso es lo que reclaman la comunidad mundial y los colombianos, como demostración de voluntad de paz. Que no se les olvide a los cabecillas que la liberación pronta de los once policías y soldados secuestrados es requisito fundamental e irrenunciable para poder pensar en el diálogo que solicita alias ‘Timochenko’.

Abogado en ejercicio, especializado en Derecho de Sociedades, Comercial, Financiero y de Negocios Internacionales, con Postgrado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Analista Económico. Catedrático de las universidades Javeriana, Valle, Icesi y Pontificia Bolivariana. Columnista de El País desde 2005.
Empresario con experiencia en el sector público y en el privado. Ex alcalde de Cali, ex presidente de Ecopetrol y ex presidente de Carvajal S.A. De profesión economista y administrador con estudios universitarios en Colombia y en el exterior. Columnista de El País desde hace varios años.
Empresario editorial,ex parlamentario por el movimiento cívico 4 años, en la actualidad, columnista periódico El Tiempo, hace 23 años, columnista de El País y revista Aló hace 17 años, comentarista de televisión hace 21 años todos vigentes.Es autor de un libro sobre García Márquez, colaborador ocasional de revistas. Reside en Bogotá hace 45 años.
Doy por sentado que este editorial fue escrito antes de los sucesos de ayer en Tumaco. Realmente el editorial que esperábamos era uno que se refiriera a esa dolorsa tragedia, mediante la cual se contradijo todo lo que pareciera que estaba a punto de ocurrir, en torno a una posible negociación de Paz. No se deben tirar al mar las llaves de una posible solución negociada, porque el mar está rojo de toda la sangre que se derramó ayer en Tumaco, y ebn medio de esa turbulencia sería mucho más difñicil la tarea de los buzos. Lo que amanecimos sintiendo hoy, además del dolor por las víctimas y sus familias, es que la opción de Paz se volvió a alejar......