Por: Emilio Sardi
Quienes quieren ampliar el “gobierno de los jueces” que tanto complacía al magistrado Ibáñez, el último presidente que nuestra honorable Corte Suprema de Justicia fue capaz de elegir, no cesan de insistir en que “las decisiones judiciales deben ser respetadas” y de insinuar su infalibilidad. Ni lo uno ni lo otro es así. Ni los jueces ni las cortes son infalibles, así sus fallos puedan ser finales, ni esas decisiones son siempre respetables.
Lo que los colombianos les debemos a las decisiones judiciales es obediencia. Y es claro que tanto las autoridades como los ciudadanos de bien las obedeceremos. Pero respeto, lo que se llama respeto, con todo lo que esta palabra implica, son las propias decisiones y quienes las emiten quienes deben ganárselo en virtud de su sabiduría y corrección.
En nuestro aparato judicial desempeñan su trabajo innumerables hombres y mujeres que no solamente merecen respeto sino también admiración por su capacidad, independencia y valor. Lamentablemente, no todos son así. Y pocos fallos se han emitido que sean menos dignos de respeto que el emitido contra el coronel Plazas.
En primer lugar, ese fallo viola flagrantemente los derechos humanos del Coronel, pues lo condena por una supuesta violación de una ley que no existía en 1985, lo cual está expresamente prohibido por el Artículo 9 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, de la cual Colombia es parte, y que obliga a todas nuestras autoridades, incluyendo a las judiciales. Por más importantes que ellas se consideren, no están por encima de las normas.
Además de algo tan grave como lo anterior, el fallo en sí es absolutamente deleznable. Veinticinco años después de los hechos, se acepta como clave el testimonio de un testigo fantasma, de quien hasta el nombre está en duda, pero que, de existir, es absolutamente claro que no pudo presenciar nada de lo que atestigua. Y se condena al Coronel sobre un montaje de conjeturas, con base en suposiciones fantasiosas y sin una prueba concreta en su contra.
Por talante y por educación no acepto y combato los abusos de autoridad. Pero no creo, como lo hacen los ciegos seguidores de quienes atacan permanentemente las actuaciones de nuestras Fuerzas Armadas, que toda actuación de la autoridad sea abusiva, y que quienes la ejercen son culpables de todo a menos que demuestren lo contrario. Como todo colombiano, el coronel Plazas tiene derecho a la presunción de inocencia y este derecho se le violó en todo el proceso.
Aunque es obvio que este fallo es parte de la guerra jurídica que se adelanta contra la moral de nuestras Fuerzas Armadas, tiene también otras consecuencias que son de gran interés para quienes, con acuciosidad y persistencia, han buscado que se castigue a algún miembro de la Fuerza Pública por las acciones, reales o imaginarias, que se dieron en la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 y el narcotráfico. Esas son las financieras. Con él se acercan a la posibilidad de obtener del Estado las multimillonarias compensaciones que por tanto tiempo les han eludido. Es aberrante que por unos pesos, así sean muchos miles de millones, se destruya la vida de un militar ejemplar que tanto ha servido a la patria.
Realmente se equivocan quienes exigen respeto para la condena de la Juez Tercera Especializada al coronel Plazas. Esa decisión será obedecida, pero no es digna de respeto. Es una vergüenza.

Abogado en ejercicio, especializado en Derecho de Sociedades, Comercial, Financiero y de Negocios Internacionales, con Postgrado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Analista Económico. Catedrático de las universidades Javeriana, Valle, Icesi y Pontificia Bolivariana. Columnista de El País desde 2005.
Empresario con experiencia en el sector público y en el privado. Ex alcalde de Cali, ex presidente de Ecopetrol y ex presidente de Carvajal S.A. De profesión economista y administrador con estudios universitarios en Colombia y en el exterior. Columnista de El País desde hace varios años.
Empresario editorial,ex parlamentario por el movimiento cívico 4 años, en la actualidad, columnista periódico El Tiempo, hace 23 años, columnista de El País y revista Aló hace 17 años, comentarista de televisión hace 21 años todos vigentes.Es autor de un libro sobre García Márquez, colaborador ocasional de revistas. Reside en Bogotá hace 45 años.
totalmente de acuerdo con su columna, es la mas clara y contundente que he leido en mucho tiempo. Felicitaciones!
Esta condena la calificaria de irrespetuosa y hasta de traicion a la patria.
Gracias por su columna, expresa lo que muchos sentimos. Sin apasionamientos y a pesar de haber perdido seres queridos en el Palacio de Justicia ese aciago día y de haber llorado por la infamia, no podemos cegarnos a dar cualquier justicia a justicia a cualquier precio. Eso sería tanto como que nuestra amada administración de justicia estuviera dando "falsos positivos". Ante todo, respeto al debido proceso, a los principios penales y a los derechos del procesado.
Por favor, suspendan la registración del escarabajo que escribe bajo el alias `justiciero`. Gracias.
Muy chévere su nota de hoy, estimado don Alberto José. Concuerdo totalmente con su manera de pensar. El nuevo Presidente Santos debe ponerle orden a la actual CSJ. La Juez Tercera debe ser destiuida por su injusta manera de desempeñar su labor.
Si los delitos de secuestro, tortura y asesinato son condenables en la guerrilla lo deben ser mucho más cuando son perpetrados por las fuerzas del orden, cuya misión es precisamente la de proteger los ciudadanos de las acciones de los violentos. Plazas es mas culpable y detestable que el mono Jojoy.
La verdad si debemos dudar de lo que hizo con la personas, pero dentro del derecho el delito no existia es asi de sencillo, por lo cual no se debe condenar a una persona por un delito que no existia, acabaria con los principios del derecho. Amigos este humilde joven solo quiere decirles que no son tan evidentes las pruebas, ¿un testimonio fantasma? ¿que es eso?
Las pruebas contra Plazas son más que evidentes y suficientes para condenarlo. El que no merece respeto es el autor de esa columna que pretende difamar de la muy Honorable Corte que ha enviado a la Picota a mas de 80 congresistas URIBISTAS por parapolitica.
no se le responde como es debido a esa ofensa al columnista porque nadie debe rebajarse a su nivel, pero si le recuerdo sus origenes, usted nacio en medio de una piara y su progenitora como digna matriarca de manada lo deposito al nacer sobre una zona nauseabunda en las cercanias de Caracas que es de donde escribe realmente y de alli se alimento de excrementos y desperdicios hasta que su padre adoptivo lo alisto en la milicias bolivarianas y de alli con un poco de capacitacion escribe en un grupo llamado guerrilla comunicacional. ¿me equivoco en algo, Mr. Bacon?